Los bonos soberanos emitidos en dólares bajo legislación extranjera de Egipto se desplomaron luego que la agencia Moody's rebajara la calificación crediticia del país, aumentando así la presión sobre el gobierno del presidente Abdel Fattah el-Sisi, que enfrenta serios problemas de liquidez mientras se acercan las elecciones generales pautadas para el 10 de diciembre próximo.
El jueves, Moody's rebajó los títulos públicos a la categoría “Caa1”, desde “B3”, lo que implica un retroceso de siete niveles, argumentando un empeoramiento en el acceso al crédito que podía poner al país el borde de una cesación de pagos, profundizando la crisis económica y disparando todavía más una inflación que ya se encuentras en niveles récord.
Con una deuda pública que los analistas califican como “aplastante”, la recategorización de los títulos públicos al nivel de “bonos basura” pone el gobierno en el dilema de devaluar la moneda nacional, alternativa por la que presiona el Fondo Monetario Internacional (FMI).
La presidenta del organismo, Kristalina Georgieva, sostuvo en la previa de la reunión conjunta del FMI y en Banco Mundial (BM) que comenzará el lunes en Marruecos, que las reservas internacionales del banco central del país seguirán "sangrando" a menos que el gobierno vuelva a devaluar la libra egipcia, la moneda nacional.
En el tono habitual que le imprime el organismos a sus mensaje, Georgieva matizó su declaración afirmando que hay “compromisos constructivos” entre el FMI y Egipto, al tiempo que aseguró que esperaba un “trabajo más sistemático” entre los equipos técnicos del FMI y el gobierno en las próximas semanas.
Se espera que los egipcios acudan a las urnas para elegir a su presidente del 10 al 12 de diciembre, y un puñado de políticos ya han anunciado sus candidaturas para postularse, aunque ninguno plantearía un desafío para el-Sisi, quien ha estado en el poder desde 2014, un año después de derrocar al primer presidente democráticamente elegido del país, Mohamed Morsi, de los Hermanos Musulmanes.
En lo inmediato, y como una forma de evitar la salida de divisas, el Arab African International Bank y el Arab International Bank, dos de las entidades más importantes del sistema financiero, suspendieron esta semana el uso de tarjetas de débito en libras egipcias fuera del país, decisión que fue confirmada por los propios bancos.
Diversas fuentes locales señalan que la suspensión responde a una medida reclamada por el gobierno debido a la escasez de divisas, que también impacta en otros bancos, y al hecho de que un número considerable de titulares venían utilizando sus tarjetas para realizar compras al por mayor, a menudo en los Emiratos Árabes Unidos, de oro, teléfonos móviles y otros productos para aprovechar el bajo tipo de cambio oficial.
Las transacciones con tarjeta de débito se cobran al tipo de cambio oficial de aproximadamente 31 libras por dólar, mientras que en el mercado negro un dólar se vende por aproximadamente 40 libras, en un contexto en el que gobierno ha mantenido sin cambios la paridad oficial desde marzo, a pesar de la creciente brecha.
El país es el segundo mayor deudor del organismo, luego de Argentina, y mientras procura privatizar 32 empresas públicas, entre ellas algunas bajo la órbita de las Fuerzas Armadas, intenta refinanciar un Crédito de Facilidades Extendidas (EFF) otorgado por el FMI originalmente en 2016 por US$ 13.000 millones y ampliado a US$ 23.000 hasta la actualidad.
En ese contexto, el primer ministro, Mostafa Madbouly, dijo que el país acelerará la venta de su participación en 32 empresas públicas con el objetivo inmediato de embolsar unos US$ 1.900 millones y procurar así aliviar la presión sobre la libra egipcia, reforzar las reservas del banco central y cumplir con una serie de reformas estructurales reclamadas por el FMI en el programa acordado.
Según el gobierno, la lista de activos incluye la venta de participaciones en la empresa estatal de comunicaciones Telecom Egypt; participaciones minoritarias en tres compañías del sector petrolero y petroquímico al fondo soberano ADQ de Abu Dabi por US$ 800 millones de dólares; US$ 700 millones en participaciones en una cartera de hoteles a ICON, el brazo hotelero del grupo inmobiliario egipcio Talaat Mostafa; y su participación en la empresa siderúrgica Ezz Dekheila por unos US$ 241 millones.
El último desembolso que recibió el país fue un crédito de emergencia por US$ 3.000 millones en diciembre del año pasado orientado, según el FMI, a "salvaguardar la estabilidad macroeconómica y la sostenibilidad de la deuda egipcia”, luego que el presidente al-Sisi amenazara con romper el acuerdo si continuaban las presiones devaluatorias por parte del FMI.
El país norafricano es, además, uno de los más endeudados de Medio Oriente. Su deuda representa 70,4% de su Producto Interno Bruto (PIB), lo que lo obligó a vender participaciones en sus firmas estatales a los países del Golfo Pérsico, incluido activos que el gobierno consideraba estratégicos y que están bajo la órbita de las Fuerzas Armadas, un factor político clave en la política del país.
Sólo en 2022, el medio local Enterprise, especializado en negocios, contabilizó 66 fusiones y adquisiciones de compañías egipcias en diversos sectores de la economía, dinámica liderada en casi su totalidad por los capitales provenientes de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Más del doble de las operaciones cerradas en 2021.
(Con información de agencias)