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El Pompa Borges en la actualidad en la ciudad de Lille, en Francia

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Creció sin hogar fijo, se hizo amigo de Dios, pinta cuadros, escucha a Mozart y fue un crack: la vida del Pompa Borges

Su vida fue una continua montaña rusa en la que vivió años intensos entre la gloria y el desdén, pero hoy se reencontró a sí mismo y es muy feliz; hace 29 años que vive en Francia

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28 de agosto de 2021 a las 05:00

Tiene un aura muy especial. A sus 52 años se lo nota con una paz interior muy grande, esa que buscó durante un buen tiempo, la que trabajó, y hoy lo celebra en familia.

¿Quién no recuerda aquel talento desparramado en las canchas uruguayas con la camiseta de Danubio? El Pompa Borges es una institución dentro de esa misma institución. Querido, respetado, elogiado, pero por sobre todas las cosas, recordado con mucho cariño por el hincha.

Vivió años intensos en una especie de montaña rusa. De la gloria al desdén. De la cima de la montaña, a varios metros bajo tierra. Como le ha sucedido y le sucede a muchos seres humanos. Pero el Pompa, ese mismo que vive desde hace 29 años en Lille, Francia, es el embajador de la resiliencia.

De ser un niño y crecer sin un hogar fijo, de perder a su mamá a los 11 años y romper una ventana para tener dónde dormir, a levantarse con el tiempo en base a lujos que mostraba en la canchita de tierra del Potencia, el club que iba a ver para admirar a su ídolo Ruben Sosa.

Danubio fue su casa. Pero su casa literal, porque vivió dentro de la sede cuando no tenía dónde ir. Y allí fue campeón en todas las divisionales inferiores y, por supuesto, de aquel Uruguayo 1988 inolvidable con jugadores espectaculares como Eber Moas, Ruben Pereira o el Polillita Da Silva, solo por citar algunos.

Edgar Borges tiene toda una historia dentro y fuera del fútbol

“En algún momento que me encontré solo en la calle, perdido, en la cancha del Potencia había una especie de cantinita que vendían panchos y tortas fritas las madres de los gurises. Me encontré ahí y no tenía dónde vivir; rompí una ventana y me quedé a dormir ahí con 12 años. Levanté los ojos al cielo y dije: ‘Dios mío, ayúdame’. Tengo una relación con Dios como si fuera un amigo. Entonces a veces prendo una vela en el restorán en el que trabajo; tengo ese estilo de relación con Dios”, contó Edgar Borges a Referí.

Tanto talento tenía ya de chico que el club Potencia de baby fútbol, al ver que su familia no tenía dónde vivir, le dio a su padre un terreno para edificar su casa.

Nació en Minas de Corrales, Rivera, a casi 500 km de Montevideo y se vino con muy pocos años con sus padres a instalarse en Piedras Blancas. Pero su papá era muy nómade, su mamá de Tacuarembó y entonces, todos en familia iban y venían.

Edgar "Pompa" Borges con la camiseta de Danubio hacía maravillas con la pelota

“Nos instalamos en la casa de mi tía Morocha, mágica que siempre está en mi corazoncito. Tenía cinco años y uno de mis hermanos, Tirre, jugaba en el Potencia con los hermanos de Ruben Sosa. Yo todavía usaba chupete. Me llevó, perdimos como 14-0 y yo estaba refeliz. Ahí empezó todo. Comencé a jugar y Ruben tenía tres años más que yo; empezó a ser mi ídolo. En una de las tantas idas y vueltas con papá, Potencia le dijo que le daban un terreno para construir su casa. No querían que yo me fuera porque veían mis condiciones. Mi papá estaba complicado económicamente y así construimos la casa”, dice.

Pero las idas y vueltas de la vida comenzaron. “Después, perdí a mi mamá a mis 11 años, mi papá se perdió un poco con él mismo, y quedé medio en la calle. Fui a vivir a la casa de unos amigos, conocí a la familia de Antonio Griecco, que tenía una tienda y había ayudado muchísimo a Ruben (Sosa) y me empezó a ayudar a mí sin ningún interés. Con el tiempo lo elegí como padrino y me bautizó el Padre Popelka: ‘Ave María Pompa Borges, hacé tres goles, estás bautizado’, me dijo”, cuenta mientras se ríe.

Griecco habló para llevarlo a Nacional, pero tenía que esperar tres meses y fue a Danubio. El técnico de las inferiores era Roberto “Mudo” Álvarez. Le dijo que había ido por un par de días porque se iba a los tricolores, porque le daban un lugar para vivir. Pero el técnico danubiano le dijo que no. “Te quedás acá”, le contestó, y le consiguió para poder vivir en la concentración danubiana, conocida históricamente por El Caño. Tenía 14 años y el entrenador de la primera del club era el Maestro Óscar Tabárez.

Danubio 1987 con Seré en el arco; ya se preparaba el equipo que un año después sería campeón del Competencia y del Uruguayo, y el Pompa aparece abajo primero desde la izquierda

Edgar se manejaba solo pese a los 14 años. Había conseguido techo para dormir y Danubio también le brindó desayuno, almuerzo y cena en su sede. Se iba caminando a entrenar al Parque Forno para ahorrar, pero la comida y el techo, no faltaban. “Después empezó a venir el Polillita (Da Silva) a comer porque los viejos no estaban bien económicamente, y Ruben Pereira y el Gallina Da Luz, vinieron a vivir conmigo”.

Los Griecco le compraron el uniforme para que fuera al liceo y a la escuela industrial, le pagaban los boletos para que fuera en ómnibus a las prácticas y a estudiar.

“Iba porque mi padrino me decía que tenía que ir. En la escuela industrial, empecé la carrera de electricista, pero era un desastre, prendía fuego cuando conectaba los cables, se cortaba la luz”, recuerda a las risas.

En Danubio también le consiguieron trabajo, más allá del fútbol. En la directiva estaba Carpentier Salhón y trabajó en su funeraria. Hacía los trámites cuando había un deceso, tenía que ir a los hospitales y a los cementerios para que firmaran. “A veces iba con el cadáver atrás en la camioneta. Era complicado. Tenía miedo de ir solo al cementerio. Entraba y salía corriendo del cementerio porque era un gurí”, recuerda.

Y añade de aquellos tiempos en los que vivía solo en El Caño: “Empecé a escribir en las paredes, ‘yo soy el mejor y voy a llegar’ y dormía con mi pelota. Cuando iba al entrenamiento, yo era el mejor. Y así empecé”.

¿Por qué le dicen Pompa? “Porque cuando jugaba en el Potencia, vino el tío de un compañero y se había tomado unas copitas y empezó a llamarme Pompa, porque decía que era rápido como las pompas de jabón.

El partido decisivo en el que Danubio ganó el Torneo Competencia en el Méndez Piana; Dalto viene adelante y el Pompa Borges lo sigue en la izquierda de la foto

En juveniles lo hizo debutar el Mudo Álvarez, quien después fue técnico de la selección sub 14 en Argentina. “Fui el goleador de Uruguay. Jugaba uno de los hermanos de Maradona, (Fernando) Redondo. Fue justo antes de jugar en la famosa Quinta con Polillita, Eber Moas que ganamos todo y de esa Quinta famosa surgió el Danubio de 1988”.

Fue el primero de ese grupo en debutar en Primera en 1986 con Ángel Traverso como DT. Luego, en 1987 llegó Luis Cubilla y en 1988 explotó con Ildo Maneiro.

“Roberto Álvarez hizo un trabajo increíble con nosotros, Cubilla también y cuando vino Maneiro, lo bueno que hizo fue saber quiénes eran los buenos y se lograron cosas muy lindas e importantes”, explica.

Pero el Pompa tiene muy claro cómo era ese equipo: “Estábamos hechos para ganar. Moas es mi mejor amigo hasta hoy, fuimos campeones de la Sexta, luego en Quinta, Cuarta, Tercera y nos acostumbramos a ganar. En los entrenamientos nos peleábamos para saber quién iba a ser el mejor. Todos queríamos ayudar a nuestras familias”.

Cubilla los hacía correr “desde el Clínicas hasta el aeropuerto por los canteros y nos peleábamos para ver quién llegaba primero. Esa era nuestra mentalidad”.

Con Maneiro, terminaban los entrenamientos “y queríamos seguir corriendo. Teníamos hambre de gloria”.

Y agrega: “Me ponías un oso enfrente mío y lo mataba, porque sabía que era la posibilidad que tenía de triunfar, no había otra”.

El año 1988 fue para encuadrar ganando primero el Torneo Competencia hasta alcanzar el tan ansiado Uruguayo, el primero que obtuvo Danubio.

El equipo de Danubio campeón del Torneo Competencia y del Campeonato Uruguayo 1988 con el Pompa Borges como gran figura

“Veníamos medio flojos y jugamos contra Wanderers, con Celso Otero, Rebollo, Sanguinetti. Volví de una lesión y les ganamos 6-0 y ahí empezó de nuevo. Yo era una parte muy importante de la máquina que era Danubio. Si uno no andaba bien, tenías a otro, era una máquina”, cuenta.

Edgar sabe muy bien lo que fue su carrera, pero tampoco quiere vivir de recuerdos: “Mi pasado me ayudó a ser lo que soy ahora, no quiero vivir de mi pasado”.

Para el recuerdo quedó aquella tarde en la que se le cayeron unos dientes nuevos que le habían hecho, justo cuando estaba para definir un gol.

El equipo de Danubio que viajó por primera vez a Europa a una gira; fue en 1989 y ganó, entre otros trofeos, el Ciudad de Granada; el Pompa aparece a la derecha de la foto con una copa

“Jugábamos en el Charrúa contra Huracán Buceo. Íbamos perdiendo 1-0, hice una pared con Polillita y me dejó frente a frente con el golero (Mario) Picún para definir. Por esos días, me habían hecho unos dientes nuevos y cuando me la dio, se me cayeron los dientes. Tenía un gancho con tres o cuatro dientes, cuando me encontré frente a frente con Picún, dejé la pelota y salí a buscar los dientes. Ruben Pereira fue el único que se dio cuenta: ‘Negro hijo de puta, ¿qué hiciste?’, me gritó. Yo no le di bola, volví para atrás, los encontré y me los puse llenos de pasto. Me querían matar, porque no hice el gol. Eso también pasa por lo que hablábamos hace un rato de la inocencia”, dice sonriendo.

Ese año se puso tres objetivos: “Hacer todo para comprar una casa -y solo la pude alquilar-, casarme y tener un perro. Estas dos últimas cosas, las cumplí”.

Un hombre filosófico

La vida lo fue fortaleciendo intelectualmente y es un ávido lector. Aunque la lectura comenzó mucho tiempo atrás.

“Me he vuelto un hombre filosófico; me interesa estar en paz y ser feliz. Y la felicidad está en el momento presente, esa es la felicidad”, dice.

Y agrega: “Me encanta leer, no te imaginás lo que he leído en mi vida. Un día Ruben Pereira me dijo: ‘Negro, sos como un huevo de pascua, negro por afuera y lleno de pavadas por adentro’. Leí libros de psicología, estoy en la búsqueda total del bienestar conmigo mismo, mi psicólogo es mi amigo”.

Uno de los libros que más le gustó fue El Alquimista de Paulo Coelho. Pero también recuerda El Monje que vendió su Ferrari o El Poder del Momento Presente, de Eckhart Tolle.

Claro que para leer El Alquimista hay una historia detrás. Quizás una historia que le cambió la vida.

Nacional jugando el enero de 1992 la definición de la Liguilla de 1991 con el Pompa Borges titular en el clásico ante Peñarol

“Fui a comer a un restorán en Francia y estaba muy mal, pero muy mal, no le encontraba sentido a la vida. Fue uno de los momentos en los que tenía ideas negras, en los que pensaba ‘¿de qué sirve mi pasado, que logré esto y aquello?’. Me encontraba perdido. Quería calmar esa vocecita interior que te tortura, esa era la búsqueda”. Y continúa relatando aquella vivencia: “Estaba solo en una mesa y no había más lugar. Llegó una señora y me preguntó si podía compartir la mesa. Le dije que sí, y empezamos a hablar de la vida, le empecé a contar quién era. Y me dijo: ‘Tu vida me hace pensar a la del alquimista’. ‘¿Quién es?, le pregunté. Me contó y en una servilleta me escribió en el nombre del libro. Salí de ahí, lo compré y me encantó. Y a partir de ahí empecé a buscar y encontré muchas cosas. Desde allí, me gusta la alquimia”.

Dice que Coelho “hizo una obra de arte con ese libro. Había una magia en todo eso de 1988, en la búsqueda de necesidades, y hoy con 52 años puedo decir que había magia, había arte, pero, sobre todo, había muchísima inocencia e inconsciencia”.

Daniel Sánchez, Edgar Borges y Eber Moas en la selección del resto del mundo que enfrentó a Argentina

Y vuelve a hablar de Danubio 1988. “Salimos campeones contra Progreso y cuando terminó el partido me hicieron una entrevista y me preguntaron a quién le dedicaba el título y dije que me lo dedicaba a mí por todos los esfuerzos que hice. Un par de semanas después encontré al papá de Carlitos Aguilera y me dijo: ‘Escuché tu nota, me encantó lo que dijiste’. Es que logré lo que yo quería, mi vida cambió. El mejor era yo y mis compañeros siempre lo supieron (se ríe). Teníamos un equipo de puta madre, nos conocíamos de memoria. Todo era simple”.

Aquí se puede ver el resumen del partido en el que Danubio fue campeón uruguayo 1988:

Al año siguiente jugaron la Copa Libertadores en la que llegaron a semifinales y perdieron con Nacional de Medellín.

“Estaba Pablo Escobar como dueño de ese club, jamás hubiésemos podido ganar ese partido. Perdimos 6-0 como podíamos haber perdido 3-2. Fuimos como si fuésemos a jugar contra Progreso en el Paladino. Para mí era lo mismo. Hoy cuando descubrís en Netflix lo que hacía este tipo, no podés creer que enfrentaste a ese club. Higuita era el mejor amigo de Escobar, (Leonel) Álvarez iba a jugar partidos con él en la cárcel, yo era el 10 de Danubio y él me marcaba. Yo le decía: ‘Cuando termine el partido, te mato’, y el loco se cagaba de risa. Yo lo puteaba todo y ni me contestaba. Ni cuenta me daba de con quién estaba hablando”.

El Pompa Borges fue titular en la Copa América de Chile 1991 en la que Uruguay concurrió con un equipo del medio local

Recuerda que al árbitro argentino Juan Bava “le quisieron dar plata antes del partido y no aceptó. Nunca había visto tanto milico en mi vida. Fue como el 11 de setiembre en Estados Unidos”.

Antes habían superado a Cobreloa en Calama, un equipo que nunca había perdido de local. “Fuimos como para jugar ante Wanderers, no sabíamos que nunca habían perdido. Nos enteramos después. Esa era nuestra inconsciencia”.

Su pase a Nacional

El Pompa tuvo un cambio brusco en su vida deportiva cuando se dio el pase para Nacional. “Todos los días veía la tele que iba para Nacional durante dos meses. Cuando fui, era muy inocente. ¡Había otros tigres ahí! Duró muy poco tiempo. Sí me doy cuenta de que estuvimos primeros en todo el campeonato, y fuimos campeones uruguayos después que me vine a Lille”.

Cuando fue a firmar contrato, se presentó en la sede vestido de smoking y moñita. Todo tiene una explicación.

“Muchos se rieron de mí, el primero fue el Chango Pintos Saldaña. Fue un tema que se habló muchísimo. Ese smoking lo había usado solamente en mi casamiento y para mí ir a Nacional era una gran concretización. Habíamos sido campeones con Danubio y pasar a Nacional fue un gran paso. Había leído un libro de Vasconcelos, ‘Mi planta de naranja lima’ y hay un personaje que se llama Zezé. Fue uno de los primeros libros que leí, y me marcó muchísimo. Me sentí enormemente identificado con Zezé, quien se vuelve un gran escribano, regala juguetes a los niños y se transforma en una persona importante. Me marcó muchísimo y Zezé tenía un moñito. Quería que fuera un momento espectacular y era lo mejor que tenía”, explica.

El Pompa Borges en la actualidad en la ciudad de Lille, en Francia

Para Edgar, Nacional fue muy especial “porque en Danubio era el niño mimado, podía hacer lo que quería y cuando llegué a Nacional fue otra cosa, otra vida social. En Danubio jugaba yo y yo, y en Nacional tenía competencia. Con jugadores iguales o que tenían el mismo cartel que yo. Entraban los celos y la envidia y yo, muy ignorante e inconsciente, no me daba cuenta de todas estas cosas”.

Y añade: “Me cambió muchísimo ir a Nacional. Y de ahí a Europa eso se aumentó por 10 todavía. Me gustó muchísimo jugar en Nacional, pero era otro mundo, cambió todo. Estaban Yubert Lemos, Miranda, Dely Valdés, Venancio Ramos. La felicidad era haber llegado”.

Lille de Francia pagó US$ 1 millón y al mes se fueron el técnico y el presidente, entonces le dijeron no lo querían en el club. “Ignorante como era, yo decía ‘estos son más ignorantes que yo’ y no era así”.

Y traza un parangón entre Uruguay y Francia en aquel tiempo. “Cuando tenía 18 años, me encantaba una muchachita en Montevideo. Conseguí el número, hablé con ella y la invité a cenar. Yo ya era conocido. Entramos a un restorán, la gente empezó a aplaudir y la gurisa se puso colorada y nunca más quiso salir conmigo. Además, cuando yo iba a la playa, me sentaba en un rinconcito, no podía hacer nada. En Francia nadie me conocía y eso me gustó y empecé a vivir una vida como un adolescente y sin problemas económicos. Por eso el Pompa dejó al fútbol no fue el fútbol que dejó al Pompa. Tenía 23 o 24 años”.

“Cuando llegué a Francia, se fueron apagando las lucecitas del indio, ese indio que escribía en las paredes que quería ser el mejor”.

El Pompa Borges defendiendo la camiseta de Lille en la temporada 1992-93

En esa época con Lille enfrentó entre otros a Olympique Marsella que ganó la Liga de Campeones con el arquero Barthez, Desailly, Amoros, Didier Deschamps y el alemán Rudy Völler, entre otros. En Paris-Saint Germain jugaban Ginola y (Julio César) Dely Valdés, campeón de la UEFA. “Recuerdo que nos vimos con Dely en París”.

De Lille firmó en Beauvais de Segunda división y jugó seis meses y después se quedó jugando un año al tenis. “Me cambió la vida, iba a entrenar con short de tenis y medias de tenis”.

“Tenía como culpa y por eso fui a Chile (a Rangers), fui un desastre, no jugaba, se me apagó la luz de todo lo que yo había tenido en las inferiores de Danubio, lo guerrero que era, era como sacarle la llave al auto a alguien y esconderle la llave. No arranca más. No había nada que me entusiasmara”, cuenta.

Y explica: “El futbol es una guerra total de todos los días. Cuando se termina eso, se acabó”.

La decepción con Tabárez

El Maestro Tabárez en su primer período en la selección uruguaya, lo citó. Pero no terminó como el Pompa esperaba.

“Con el Maestro Tabárez fue raro. Cuando fui a vivir a El Caño de Danubio, él era el técnico de la Primera y yo tenía 14 años. Siempre hubo una relación y yo era el gurisito mimado. Me citó a la selección y fue la más grande decepción que tuve en el fútbol porque en la Copa del Mundo de Italia 1990, llevaba 22 jugadores y yo era el 23, y lo supe tres o cuatro días antes de viajar a Italia. Ese fue un sentimiento de amargura en el fútbol, me pegó muy fuerte. No me la voy a olvidar más”.

El Maestro Tabárez en su primer pasaje por la selección junto a Gregorio Pérez y Esteban Gesto

Luego de esa decepción, se fue Tabárez y llegó Luis Cubilla. Lo llamó para la selección y disputó la Copa América de 1991 con jugadores del medio local.

“Con Cubilla fue otra cosa porque me conocía de Danubio. Cuando me llamó, ya habíamos logrado las hazañas con Danubio, y me dio una oportunidad; yo estaba en Nacional, pero yo no estaba bien ya, por muchas cosas que habían pasado, y también en mi vida personal, pero tenía toda su confianza, aunque no anduve bien. Igual el orgullo de jugar con esa camiseta celeste no me lo quita nadie. Haber vestido esa camiseta es uno de los más grandes orgullos que tengo. Quiere decir que no fui tan malo en lo que hice”.

El artista que escucha a Mozart

Edgar vive en Lille, bien al norte de Francia, muy cerquita de Bélgica.

Trabaja en las relaciones públicas de un restorán ya que conoce a mucha gente y también es muy reconocido. A su vez, sigue trabajando con el tema del fútbol, con representantes franceses y uruguayos que están bien cotizados y colocando futbolistas, e incluso con Danubio.

Pero también tiene otra faceta en su personalidad para los pocos ratos libres.

“Hubo un momento en que pinté muchísimo en un apartamento y la gente pensaba que yo era un artista. Es más, hay gente que me conoce del barrio y no sabe que fui jugador de fútbol, que sigue creyendo en que soy un artista porque pintaba con las ventanas abiertas. Fue una terapia, como la otra que es que me encanta escribir. Fue la mejor manera de ayudarme a encontrar mi camino. No sé si las obras eran lindas o feas, no las hice para vender. Había dibujado un gran sol en medio de mi apartamento que reflejaba lo que quería ser, lo que sentía. Hubo gente que quiso comprarme varias obras y hasta exponerlas simplemente por el hecho de haber sido jugador de fútbol, pero las regalé todas. Hay una sola que la tengo en casa porque fue parte de mi terapia”, dice.

Edgar "Pompa" Borges en su trabajo en Lille en la actualidad

Mientras aparece el artista y admite que de mañana siempre se pone a escribir, también le gusta escuchar buena música de fondo. “Planifico mi vida espiritual, lo que quiero y lo que no quiero más. Siempre escucho a Mozart, o Vivaldi o Bach, me encanta tenerlos de fondo, y no me distraen, están en armonía con mi alma. Es una música que me calma, que me conecta la energía”.

Escribió un libro en francés -aún no editado- en el que cuenta “en profundidad” algunas cosas que tienen que ver con su vida. “Habla de un niño y está su búsqueda, lo que soy hoy en día. Es más un libro de búsqueda, de un niño y un hombre que han buscado el equilibrio consigo mismos. Es un libro de autoayuda. Cuento todos los detalles de mi vida, pero para transmitir un mensaje”.

Hoy tiene tres hijos, Romina, de 30 años, quien vive en Estados Unidos, Charly, de 22 y Luna que tiene seis.

“Me marca que hace 30 años que me fui de Uruguay y me siguen llamando para hacerme notas. Estoy sorprendido de lo que fui como jugador y que me sigan llamando. No soy Suárez, Cavani, Ruben Sosa, Recoba o Forlán, jugadores que marcaron a la gente. Me sorprende mucho”, explica. 

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