22 de junio de 2023 9:17 hs

El agua que OSE suministra al oeste y al eje central de Montevideo lleva diez días consecutivos por encima de los valores permitidos. Y eso que el Ministerio de Salud (MSP) ya había flexibilizado ese límite a más del doble del que regía históricamente. Ante este exceso por la vía de los hechos, y teniendo en cuenta la insistencia de la empresa pública de que se autorice una nueva suba de la concentración de sodio y cloruros, el MSP accedería, “pero a un camino intermedio”.

Para decirlo en números: el límite vigente es de 720 miligramos de cloruros y 440 de sodio por litro de agua que se bombea hacia los hogares de los montevideanos. Como escenario de mínima, OSE quiere que se eleve la autorización a 1500 miligramos de cloruros y 900 de sodio. El MSP ya rechazó esa petición. Pero, ante la necesidad de que el agua sea lo menos salada posible, para evitar agotar las reservas de agua dulce, la cartera aceptaría una cifra “a mitad de camino” entre el límite establecido hoy y la petición de OSE, explicaron fuentes sanitarias.

¿Cuál es el razonamiento de la cúpula ministerial? Existe poca evidencia internacional sobre cuál es el límite de sodio tolerable por un joven sano. Se sabe que en unos 90 países, entre ellos Uruguay, la normativa fija un máximo de 200 miligramos por litro y a partir de entonces el agua deja de ser potable. Pero en los países en que los gobiernos desaconsejaron el consumo humano, o al menos advirtieron que no podía asegurarse los efectos de beber agua del grifo, la justificación estaba dada por la presencia de microorganismos y no por exceso de sal (cloruro de sodio).

Entonces, el MSP pretende que el agua corriente sea lo menos salada posible para que la población joven y sana consuma —siempre y cuando la tolere a nivel de gusto— algo de agua de la canilla y algo embotellada. Mientras la población de riesgo se pliega al consumo exclusivo de agua mineral.

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En los hechos, y según las advertencias hechas por toxicólogos, al día de hoy el agua de OSE dejó de ser potable, es desaconsejada para la población de riesgo (sobre todo hipertensos, aquellos con problemas renales, adultos mayores y lactantes), y está al borde de dejar de ser apta para consumo humano entre los jóvenes sanos.

Eso no significa que se corte el suministro de agua, solo que la recomendación es —siempre y cuando se pueda— beber agua mineral (embotellada). El agua de la canilla, en cambio, seguiría teniendo su utilidad para bañarse, para la cisterna y otros usos por fuera del consumo.

A mitad de mayo, cuando la crisis hídrica recién acaparaba la agenda, solo el 10% de los montevideanos continuaba bebiendo agua de la canilla como lo hacía normalmente. Así lo reveló la encuesta que realizó entonces la consultora Opción.

Desde el MSP sospechan que ese porcentaje se redujo y reducirá todavía más. Se basan en que hubo un incremento de la compra de agua embotellada, en que los medios de comunicación realizaron nuevas advertencias sobre los efectos del exceso de sodio, en que hubo reparto de agua mineral del gobierno nacional y departamental, en las exoneraciones impositivas que aprobó el Parlamento, y en que la suba del sodio se está sintiendo en el gusto.

Por ahora, y por más de que se venga excediendo hace diez días el límite de concentración de sodio y cloruros, la normativa sigue incambiada y OSE negocia con el MSP. ¿Negocia? En la cartera relativizan el término diciendo que esto no es un mercado en que se intenta regatear un precio.

En medio de este ida y vuelta, Presidencia pidió a distintos organismos que se mantengan en silencio y que desde Torre Ejecutiva se centraría la vocería.

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