11 de enero de 2012 21:54 hs

El día, el cuerpo y el hambre se mueven en ritmos rutinarios, pero cuando se está de vacaciones los tiempos tienden a alterarse. Y superpuesto a todo esto, se encuentra el mercado, que juega su papel de organizador comercial, casi inevitable, de lo que uno come.

De esa mezcla surge lo que en Punta del Este se denomina after beach. Desde las cinco hasta las ocho de la tarde, aproximadamente, hay algunos restoranes que desarrollan un menú particular que se adapta a las necesidades de un consumidor que está volviendo de la playa. Las cuatro es la hora del cierre de la cocina del almuerzo estándar y una hora después –luego de la limpieza de las cocinas y del cambio del aceite– larga una nueva grilla focalizada tanto en los que almorzaron temprano como en los que todavía no lo han hecho.

Entonces, la vieja y querida merienda de los niños o el más sofisticado after office de los padres se reúnen en propuestas particulares que van desde una línea de cafés con tortas dulces, pasando por wraps y hamburguesas de cordero, tragos tradicionales modificados y hasta pizzas y sushi.

El Observador tomó tres lugares geográficamente diferentes a lo largo de la costa e investigó de qué va esta particular tendencia gastronómica.

De Giovanotti a Pavarotti Si ordenamos el mapa de oeste a este, el primer punto de la recorrida comienza en Il Baretto, un restorán equidistante tanto de la explanada del puerto como del faro, en la llamada “Punta Punta”. La temática claramente italiana está en la decoración y en la música, y es posible escuchar a muchos representantes de ese país en distintos géneros, del pop al rap, pasando por la música clásica. El espacio destinado a after beach es un precioso jardín anexo al restorán, decorado con sombrillas de tela cruda y sillones de madera, con comodísimos almohadones mullidos. El pasto bajo las palmeras es una buena opción para sentarse y tomar sombra. Allí se puede degustar la línea de cafés de la marca italiana Lavazza, uno de los mejores del mundo. Cappuccinos, dobles, espressos, cortados, etcétera. Para acompañar el café, en Il Baretto se pueden degustar tortas dulces y postres tradicionales.

A mediados de la Brava
A la altura de la 19 de la Brava, en el parador del hotel Acqua, se encuentra Mia Bistró & Sushi Bar, un restorán que desde hace varios años se destaca por la personalidad de las propuestas de la chef uru-mexicana Verónica Ruks.

Para el after beach, Mia Bistró abre un abanico de ofertas que va desde las originales “lamburguesas” (mitad cordero, mitad ternera, con aros de cebolla y queso cheddar), rabas a la cerveza, wraps de atún, vegetales o pollo.

Ruks define a quienes almuerzan en el after beach como “irresponsables, irreverentes e impuntuales”, pero eso significa todo un desafío para diseñar platos acordes a las personas y a sus circunstancias particulares. A la vez, Mia matiza su propuesta con tragos en su bar playero, donde se preparan, aparte de los clásicos, dos joyas: la caipiroshka con arándanos y la saikiriña (sake, lima y azúcar).

Rincón en Punta de Piedras
Pasando Manantiales, una pequeña punta rocosa –donde se forman exquisitas playitas– le da nombre a una zona residencial que ahora tiene un punto gastronómico. El lugar se llama La Jaula y es un pequeño restorán al costado de la ruta 10 que propone una carta que combina comida japonesa y pizza.

Para el after beach, La Jaula presenta una tabla de pizzas para acompañar con cerveza Miller, la auspiciante de la casa. Las muzarelas de siempre, las fugazzetas, las napolitanas ayudan a hacer ese pisito entre un almuerzo temprano y una cena un poco tardía por la playa. Los rolls de sushi están a la orden en todo momento, así como una carta liviana con ensaladas y sándwiches.

El deck de madera que da hacia la carretera le brinda a La Jaula un particular toque rutero, que se acompaña con la una hermosa camioneta Ford blanca con el logotipo del restorán.

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