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Cuando la decepción le deja margen a la esperanza: nace un nuevo Peñarol

Con el peso de la mochila del fracaso de la temporada 2020, Peñarol se aferra a la chance de ser Uruguay 2 mientras comienza a encontrar una nueva forma futbolística

Álvarez Martínez celebra el 2-0 ante Progreso que convirtió de tiro libre

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25 de marzo de 2021 a las 19:39

Decepcionado por la forma en que termina la temporada 2020, tercero en la tabla Anual, lejos del título y esperando por Rentistas para saber si puede ser Uruguay 2 en la fase de grupos de la Libertadores, Peñarol empieza a cerrar un Campeonato Uruguayo con el dolor del fracaso. Por el fracaso por tener el presupuesto más alto y acabar bien lejos de donde quería, y también pasa raya con la esperanza de lo que puede venir tras la crisis que recorre, si es que avanza con la misma convicción y, particularmente, con la tranquilidad para ejecutar los cambios que intenta profundizar ahora bajo el proyecto deportivo de Pablo Bengoechea.

El triunfo en la penúltima fecha ante Progreso para Peñarol le recompensa con una parte de lo que buscó en los últimos meses. En una semana, después de las semifinales, sabrá si va a la Libertadores o a la Sudamericana. En todo caso, si hubiese sido una temporada normal, estaba en zona de Copa Libertadores como Uruguay 3.

Más allá de la victoria de este jueves ante Progreso por 2-0, lo que conoció Peñarol en estos 14 partidos que jugó con Mauricio Larriera como entrenador, desde enero, es que tiene en sus manos la posibilidad de iniciar su reconstrucción deportiva. Esto no es poca cosa en los tiempos que vive el club.

Le ganó bien a Progreso en el Paladino, en un partido que estuvo pautado por la particularidad que no sabían si se jugaría, por las lluvias y el estado del campo. Hasta último momento tuvo al canchero trabajando para marcar las líneas.

Los árbitros esperan para conocer si pueden pintar las líneas para iniciar el partido

Derrotar a este Progreso, decimotercero en la tabla y sin aspiración de nada (no pelea copas ni por zafar del descenso), en cualquier otra circunstancia no sería un mérito. Sin embargo, en la realidad que vive, en tiempos de crisis y de buscar estabilidad, es algo que valoran como un logro. ¿Por qué? En el Paladino, Peñarol reafirmó conceptos y un estilo de juego. Orden, disciplina táctica y paciencia para hacer correr la pelota. Descubrir los espacios, avanzar en el terreno, que no le ayudó a como quiere Larriera, porque debió evitar los espacios fangosos. Volver para atrás y empezar de nuevo. Aprovechar las fortalezas individuales. Encontró circuitos por las bandas, esas que le devolvieron los mejores momentos de fútbol en este torneo. En un partido que exigía aprovechar bien las pelotas quietas, tuvo gran efectividad. Así llegaron los dos goles. Mostró que tiene en Álvarez Martínez un goleador de raza, que será difícil sostenerlo en Uruguay. También le queda en el debe que tiene que volver a potenciar a Darwin Torres. Y, lo más importante después de una temporada 2020 para el olvido, que empieza a cerrar un ciclo de un equipo pesado, de históricos jugadores y de figuras que empezaron a quedar obsoletas, para dar espacio a los cambios y a los jóvenes valores del club.

Eso es lo que debe rescatar Peñarol hoy. El proyecto futbolístico liderado por Cebolla Rodríguez, que en 2018 encontró el impulso del título del Uruguayo, llegó a su final. Ya no está Xisco, y en una semana tampoco Fabián Estoyanoff, Marcel Novick ni Cebolla. Quedará Gargano desde el mediocampo guiando a este equipo que procura reafirmarse en esa reconstrucción, con la frescura y el empuje de sus jóvenes valores, el modelo de Larriera y la espalda de Bengoechea.

Por eso no es menor el lugar al que está llegando Peñarol, que hoy tiene una gran ventaja respecto a otros clubes, incluido Nacional, pero dependerá de Ruglio si lo aprovecha, y de Bengoechea si se mantiene firme en el rumbo. Cuando en un mes comience la temporada 2021 y si mantiene la gestión de Larriera, el técnico llevará tres meses de trabajo. No es poca cosa para un técnico aurinegro que en la última década salvo excepciones, siempre empezó en cada temporada de cero.

Peñarol venció a Progreso

Se va una temporada 2020 especial. Los tiempos de fútbol en época de covid-19 le quitaron privilegios a los grandes, y Peñarol también se empieza a acostumbrar a eso. Lo dejaron sin el peso de la tribuna, un elemento que en circunstancias especiales era combustible extra para levantar al equipo. Peñarol tuvo que ir a todas las canchas, sin excepciones, y ya dejaron de ser los grandes. Ahora forman parte de un escenario más parejo. Los clubes chicos y con procesos sólidos muestras otras fortalezas. Las SAD blindan los proyectos y tienen paciencia.

El fútbol uruguayo cambio, y Peñarol no.

En este nuevo mundo del fútbol del siglo XXI, en el que Peñarol está atrasado en infraestructura, que se vio desbordado por una lucha intestina que le pasó factura, bajo el paraguas de Bengoechea, tiene todo para resurgir con su cantera y con su camiseta. El tiempo dirá si este triunfo en el Paladino, si el trabajo de Larriera, definitivamente reafirman ese rumbo, o vuelve a ser el Peñarol de siempre, y seguirá acumulando fracasos como en la temporada 2020.

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