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Claudio Bevilacqua

Economía y Empresas > historia de vida

De crear canales como El Gourmet, Cosmopolitan y Europa-Europa a producir dulce de leche en José Ignacio

El argentino Claudio Bevilacqua fue uno de los ejecutivos más influyentes de la televisión por cable en Latinoamérica. Hoy, emprende produciendo dulce de leche orgánico desde José Ignacio

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12 de julio de 2021 a las 16:59

Hace 20 años que el argentino Claudio Bevilacqua tiene una chacra en José Ignacio, pero hace solo dos que decidió instalarse de forma definitiva en Uruguay, empujado por la pandemia, que lo ayudó a darse cuenta del valor que tiene el lugar en cuanto a la calidad de vida.

Bevilacqua dice que siempre fue un viajero, no solo por ir y venir seguido entre Argentina y Uruguay, sino porque vivió siete años en Estados Unidos, donde estudió Lingüística en la Universidad de Columbia y porque viajó mucho por su trabajo en el rubro de los medios.

Era el año 1980, Bevilacqua había terminado la Secundaria y para seguir el mandato familiar de que había que trabajar, le comentó a sus compañeros de remo de la zona de Tigre que estaba buscando trabajo. Uno de ellos le dijo que una firma en el barrio Palermo Viejo en Buenos Aires estaba buscando gente, así que allí fue el joven a ofrecer su mano de obra. La empresa resultó ser lo que más adelante se transformaría en Cablevisión, del empresario argentino Eduardo Eurnekian.

En una época en la que la televisión por cable era desconocida en casi todo el mundo, Bevilacqua se encargaba de la programación del primer canal de cable de su país. “Argentina fue el tercer país del mundo en tener televisión por cable”, dice orgulloso, quien luego de siete años en la empresa, ocupó el cargo de gerente de Programación y Emisión, hasta que decidió irse a Estados Unidos.

Su jefe, Eurnekian, no quería que se fuera y durante los años que estuvo fuera siguió trabajando para él, haciendo traducciones de notas del Wall Street Journal y otros trabajos para medios. En 1996, de regreso a Argentina, asumió como gerente de Programación y luego como gerente General en la compañía Pramer SCA, una de las productoras y distribuidoras de señales más grandes de Latinoamérica. En 1998, la Corporación Liberty Media adquirió la compañía y nombró a Claudio Bevilacqua CEO de la empresa para sus negocios en América Latina.

La compra le daba a la empresa más capacidad para generar nuevos canales y contenido propio y Bevilacqua pudo desarrollar varios proyectos, entre ellos el famoso canal El Gourmet. “En Argentina me decían que iba a ser un canal para las viejas y jubiladas”, cuenta.

Otros canales que desarrolló a lo largo de su carrera fueron Europa-Europa, Canal à, Cosmopolitan Latin America, Cineplaneta, Formar, P+E Política y Economía, Río de la Plata TV, entre otros.

Producción del dulce de leche El Silente

Dulce de leche de postre

En 2003 dejó de trabajar en medios de comunicación y la creación de canales internacionales con una programación y mirada local es de lo que se siente más orgulloso. Desde su retiro se dedica a aprender y desarrollar su vocación por las artes plásticas y a la escritura. Sin embargo, en 2020 un proyecto de Gonzalo Araújo, un joven chef vecino de su chacra y el tambero Tomi Difrancescode llamó su atención y se unió como socio a El Silente, para producir el primer dulce de leche cien por ciento agroecológico de Uruguay.

“Lo que yo puede aportarle a El Silente es contactos alrededor del mundo. Por eso elegí este proyecto y no otro. Desde hace años me dedico a escribir, ahora voy a lanzar mi tercer libro, pero decidí que este va a ser el único proyecto en el que me involucro directamente porque me interesa la agroecología”, dice el ex CEO y compara la generación de un dulce de leche de características locales y agroecológicas con la creación de un canal de televisión con ideas y producción local, como los que solía hacer. “Quizá por eso me entusiasmo tanto este proyecto. Mi idea es lograr un producto natural del campo que pueda viajar a todo el mundo. Tiene algo que ver con los canales de televisión que de América Latina viajaron a otros lugares del mundo”.

Pero su participación va más allá de la parte comercial, ya que va a cambiar el suelo de su chacra para que las vacas que produzcan la leche de El Silente se alimenten de pasturas iguales a las que había en el país hace más de 150 años atrás, antes de que llegaran los ferrocarriles. “El ferrocarril hizo que los campos de Uruguay tuvieran que cambiar para poder adaptarse a las vías. Voy a hacer una muestra en mi chacra y ya tengo un modelo para seguir para que las vacas se alimenten de eso. La idea es crear quesos, huevos, verduras, pero todo que sea original a como era Uruguay antes de la era del ferrocarril”, explica y agrega: “El proyecto me interesa mucho y creo que es algo que puedo llegar a dejar para cuando no esté, más allá de los libros”.

El Silente es el único proyecto en el que está involucrado, el exejecutivo.

Empezar de cero

Más allá de por su carrera como pionero en la televisión por cable en Latinoamérica y el desarrollo de productos internacionales, la historia de vida de Bevilacqua es digna de una película.

El 14 de noviembre de 2009 sufrió un accidente automovilístico muy grave en Punta del Este que le modificó drásticamente su vida. “Quedé un mes en coma, pensaban que quedaba cuadripléjico. No reconocía a mi familia y tuve que aprender todo de cero: escribir mi nombre, el nombre de los colores, a multiplicar, a caminar”. Como licenciado en Lingüística y conocedor de ocho idiomas, cuando estaba en el sanatorio podía entender lo que le decían, pero no identificaba en qué lengua le hablaban ni cuando pasaban de una a otra.

“Empecé a tener otro enfoque, a darme cuenta de que estoy aquí por un motivo y que tengo que sacarme todas las cosas que he tenido como mandato. Ahora hago simplemente lo que me interesa o lo que creo que tengo que hacer. Una de ellas es escribir y la otra es este proyecto de El Silente, que es el único en el que estoy”.

Aprender lo básico le llevó ocho meses después del accidente y con el tiempo siguió aprendiendo. “Hace tres años fui a la universidad de Columbia, entré al edificio y paseé por todos los pisos, pero no recordaba nada. Recién cuando llegué a la planta baja (había empezado por el último piso) y entré en un aula muy grande se me conectó todo el árbol”, cuenta el exproductor y dice que hasta el día de hoy sigue incorporando conocimientos y recuerdos.

 

*Esta historia forma parte de la nota: Tres ejecutivos que pasaron de la oficina a la naturaleza

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