15 de mayo 2014 - 17:47hs

Un abrazo apretado, un beso, una foto con el celular, un “tanto tiempo”, un “no me visitaste más”, un “feliz cumpleaños atrasado”, el recuerdo de un cordero compartido, las ganas de repetirlo, otro beso, otro abrazo, otra foto. Así llegó Luis Lacalle Pou al Club Social La Paz, en esa localidad de Canelones, el martes pasado de nochecita. En la vereda lo esperaban decenas de militantes blancos con banderas y pancartas. Adentro, unas 200 personas cuidaban celosamente sus asientos. El jingle que dice “Somos hoy, somos ahora” en versión cumbia casi aturdía y tres señoras, una con una pandereta, lo bailaban al frente del salón.

Se fue abriendo paso entre aplausos sin dejar de saludar a cada uno, recordando nombres, preguntando por familiares. Cuando la música se silenció, una de las bailadoras impuso su timbre agudo gritando “pre-si-dente” y provocando las risas de todos. “Una vez más, por favor, con esa voz tan característica que tenés”, le pidió él. Pero ella no se animó.

Primero hablaron varios dirigentes blancos, entre ellos Julio Lara, que llamó a hacer que las elecciones internas “sean obligatorias” y a ir a buscar a la gente a sus casas para llevarla a votar. Canelones es uno de los departamentos en los que las adhesiones a Lacalle Pou y a Jorge Larrañaga se dividen prácticamente en mitades, según han reconocido en ambos sectores.

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Cuando llegó el momento de su discurso, Lacalle Pou capitalizó todo el afecto de su bienvenida e hizo gala de la relación personal con varios de los presentes, fruto de tres períodos consecutivos como diputado por Canelones. Mencionó vecinos con los que recorrió el departamento y otros a los que asisitió por distintos problemas.

En un momento quiso citar una parte de sus agendas de gobierno –cuatro librillos que lleva a todos lados y que recomienda leer–, pero no las tenía a mano, y entonces miró a sus costados como pidiendo ayuda. El senador Luis Alberto Heber, que lo suele acompañar en sus salidas al interior, empezó a buscar en el estrado. Pero se adelantó un dirigente canario que se las acercó. Entonces Lacalle aprovechó para seguir haciendo caricias a los locatarios y elogiar su eficiencia: “¿Ven? Por eso tenía que salir un presidente de Canelones”.

Buena parte de su discurso lo dedicó a presentarse como un candidato “con trazabilidad”, “coherente”, al que “no se le cae una promesa” pero tiene “más de 800 propuestas”. “La gran mayoría de los canarios sabe que laburamos bien, que no mentimos”, alegó. Les dijo que “Dios mediante”, una vez concluido el gobierno que aspira encabezar, volverá “más tranquilo” y, entre otras cosas, comerá una buseca con un sargento a quien definió como “el mejor policía comunitario del país”.

“Todo lo que soy en la actividad política se lo debo a Canelones. No debemos olvidarnos nunca de dónde venimos”, concluyó el político que vive en La Tahona, un barrio privado ubicado en Ciudad de la Costa, a pocas cuadras de la ruta Interbalnearia.

El voto y la amistad

De La Paz se fue en su camioneta a la sede de la lista 400, en Progreso. El acto que lo esperaba allí era al aire libre y con menos gente. Algunas caras se repetían con las que lo habían escuchado 15 minutos antes. Estaban la señora de la voz aguda y la de la pandereta.

Otra vez se tomó su tiempo para saludar con afecto a uno por uno, pero esta vez se encontró con una sorpresa. Un hombre mayor notoriamente alcoholizado le preguntó si era Daniel Peña, un diputado blanco por Canelones pero que pertenece a Futuro Nacional, el sector de Larrañaga. Un tanto molesto, Lacalle le contestó que no, y el hombre le pidió disculpas. “Es que estoy mamado”, aclaró, a lo que el candidato respondió: “Sí, muy mamado tenés que estar”. Como el señor se mostró triste, unos segundos después Lacalle se volvió a dirigir a él para advertirle, ya sonriente: “Tan lejos no estuviste”.

El discurso en Progreso también recogió nombres y anécdotas. “Uno empieza a encontrarse con tanta gente que ha significado muchísimo en nuestra vida política. No tengo mucho nuevo para decirles. Ustedes me conocen bien, por suerte. Desde hace muchísimos años”, expresó. Y luego contó que un militante canario le advirtió, mucho tiempo antes de que él tomara la decisión, que debería ser candidato a presidente.

“Me pongo, no melancólico, pero uno agradece. Hace 15 años que soy mandadero de Canelones. Vamos a un lugar, nos encargan cosas y volvemos. Eso es ser diputado”, afirmó. Luego rememoró situaciones para ejemplificar lo dicho, como cuando en un barrio el agua no tenía suficiente presión, y él lo solucionó. “Si aspiramos a gobernar nuestro país, no podemos perder nunca la esencia de mandadero”. Aunque advirtió que no quiere “simplificar”, para Lacalle Pou “la tarea del presidente es esa”, planteada “exponencialmente”.

Ya con poca voz, afectado por una gripe, el candidato insistió: “Por suerte no tengo que decir quién soy. Sí que estamos contentos y que nos está yendo bien. Les pido un favor: además del voto, seguir siendo amigos”. La amistad, señaló, es “retar” y “bajar de la burbuja”. “El que te tiene afecto es el que te controla. Y si vinieron hasta acá, por algo es”, opinó. Al final de su oratoria le sobrevino una nueva avalancha de abrazos, besos y fotos, y el mismo grito agudo que lo acompañó desde La Paz.

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