2 de julio 2013 - 12:18hs

Por propuestas concretas de trabajo o debido a la inquietud de desarrollarse profesionalmente en otro mercado, a lo largo de los años, muchos ejecutivos uruguayos se vieron tentados a continuar con sus carreras fuera del país. En varios casos, la crisis de 2002 potenció estas ansias de buscar mejores horizontes en el extranjero. Más recientemente, sin embargo, se ha comenzado a notar el fenómeno opuesto, y muchos de quienes se fueron, empezaron a retornar a Uruguay. Entre 2006 y 2011 fueron 27 mil los uruguayos que regresaron al país, de acuerdo al informe Inmigrantes internacionales y retornados en Uruguay (elaborado en base a los datos del Censo 2011, realizado por el Instituto Nacional de Estadística). De este total, alrededor de 9.000 lo hicieron en el período 2010-2011.

Expertos en recursos humanos coinciden en que, en los últimos años, se ha acentuado específicamente la vuelta de ejecutivos que, después de un pasaje por el extranjero, quieren asentarse nuevamente en Uruguay. Según el gerente de Servicios Profesionales de Manpower, Neker De la Llana, para un profesional que esté trabajando en un proceso de retorno es “fundamental comenzar a trabajar en actividades de networking local”. El experto también recomendó contactar a las principales consultoras en materia laboral, manifestar la intención de relocalizarse y trabajar sobre el resto de la red de contactos.

Por su parte, el gerente de Consultoría en recursos humanos de KPMG, Federico Kuzel, apuntó que muchos de los que deciden emprender el regreso pasan los 40 años de edad, “ sienten que quieren volcar su experiencia aquí y regresar para terminar en Uruguay su carrera”. Kuzel destacó del perfil de los “retornados”, que son, en general, personas que se toman seriamente el aspecto de planificación. “Empiezan a tantear, preguntan cómo está el mercado, si los podés entrevistar por Skype; algunos en sus vacaciones aprovechan para ver si los podemos entrevistar. No se vienen y después ven qué hacen”, indicó.

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Desde Manpower, De la Llana apuntó que, muchas veces, la formación en el extranjero “puede ser un elemento que aporte innovación” y mejores prácticas a un negocio local. Pero también alertó que hay empresas que valoran la existencia de una red de contactos a nivel local. “En esos casos, venir de afuera no necesariamente es una fortaleza”, manifestó.

Testimonio 1: Carlos Benavides, gerente de marketing en L’oréal Paris

A los 31 años, y cuando trabajaba para una empresa multinacional en Uruguay, Carlos Benavides se quedó sin trabajo. “Hubo una reestructura y quedé afuera”, recordó. Esta situación lo llevó a emigrar a Chile en 2001, en busca de un lugar con más posibilidades laborales que las que presentaba Uruguay en ese momento. Benavides aterrizó en tierras trasandinas sin tener una propuesta concreta y demoró unos cuatro meses en conseguir un nuevo empleo, posibilidad que tuvo en la compañía Beiersdorf (Nivea).

Si bien su idea inicial era estar en Chile solo por uno o dos años, terminó quedándose ocho. El ejecutivo dijo que si bien los primeros dos o tres años afuera sí se preocupó por mantener los contactos que había cosechado durante sus años previos en Uruguay, luego desistió para focalizarse 100% en su nuevo mercado. “Estar con una pata acá y otra allá no es buena recomendación”, sugirió. A pesar de estar conforme con cómo iba su desarrollo profesional, tomó la decisión de volver a Uruguay “por un tema de prioridades”. Luego de cierta edad, dijo, llegar a ser un “superejecutivo” pasó a segundo plano y empezó a priorizar el tiempo en familia o estar cerca de los amigos.

Un año antes de volver, desempolvó los contactos uruguayos que había archivado y comenzó a viajar asiduamente al país. “Hubo que empezar a golpear puertas otra vez, hablar con gente y mover esos contactos nuevamente, pero no fue difícil”, señaló. Considera que, una vez retornado, es clave no “imponer formas de trabajo” adquiridas afuera.

Testimonio 2: Pablo Etcheverry, gerente general de Directv Uruguay

Durante los siete años que estuvo fuera de Uruguay, Pablo Etcheverry soñó con volver a su país cada noche. En 2003, con 36 años y sin haber pensado jamás en mudarse al exterior, recibió una propuesta de la empresa donde trabajaba que no pudo rechazar. “Familiarmente decidimos aceptar la salida del país, pero no fue algo que estuviera buscando”, dijo.

Etcheverry, que se desempeñaba como country manager de Mars en Uruguay, y se mudó a EEUU, donde pasó a atender la cuenta de Walmart para Latinoamérica. Allí estuvo un año y medio, al cabo del cual se movió nuevamente, esta vez, con Chile como destino. Al año, la compañía de alimentos McCain lo empleó, también en Chile. Pero siempre estaba el proyecto de regresar: “Decidí volver a Uruguay antes de irme, siempre supe que iba a regresar”. La oportunidad se dio de la mano de una propuesta de DirecTV, empresa en la que empezó a ocupar la gerencia general en Uruguay a partir de marzo de 2010.

Según el ejecutivo, la situación económica en Uruguay –sensiblemente diferente a la que había dejado en 2003– no pesó en su decisión de volver. “Lo primero fue morirme de ganas de volver, y lo segundo fue volver a hacer algo bueno”, explicó. Etcheverry también señaló la necesidad de “ponerse al día”, luego de siete años de ausencia. “Cuando salís al exterior, tu red de contención desaparece. Se generan muchas más incertidumbres. Si eso me sirvió para ser un mejor ejecutivo, no lo sé”, reflexionó. Consultado acerca de si consideraría un nuevo traslado dijo que por ahora no se lo plantea.“Tengo mucho para hacer acá”, dijo.

Testimonio 3: Adolfo Sommer, gerente general de Despegar.com

Trasladarse parece estar en el ADN de Adolfo Sommer. Desde mediados de los 80, el ejecutivo ha dejado Uruguay –y, luego, retornado– en tres oportunidades. Las dos primeras veces, su destino fue Argentina, y la última recaló en Chile. “Las tres veces fueron exactamente por el mismo motivo: posibilidades de desarrollo”, contó Sommer, quien dijo que trata de incentivar a la gente para que tenga una experiencia afuera.

En 1985 se fue a Buenos Aires, y volvió en 1993. “En esos ocho años, ocupé cuatro posiciones diferentes y cuando volví a Uruguay todos los que trabajaban en la empresa seguían en la misma posición”, ilustró. Llegó a su último destino fuera de fronteras en 2006, para hacerse cargo de la gerencia general de DHL en Chile. Al igual que en las otras ocasiones, esta vez también siguió manteniendo sus vínculos laborales en Uruguay. “Está en mi naturaleza”, manifestó. Después de seis años fuera del país, Sommer tomó la decisión de volver. “Quería un cambio”, dijo.

Por casualidad, en la misma semana en que dejó su puesto en DHL, la empresa uruguaya Divino le ofreció la gerencia general, cargo que ocupó hasta llegar a la misma posición en Despegar.com, donde trabaja actualmente. Encontró a su regreso “un cambio positivo”. “Noté un cambio entre este regreso y cuando volví en 2002, en plena crisis, una situación muy complicada de país”, comparó.Para Sommer, salir al exterior brinda una experiencia imposible de obtener en Uruguay, y ayuda a desarrollarse como ejecutivo. “Es un diferencial que te suma”, sintetizó.

Testimonio 3: Alberto Brause, director de relaciones corporativas y desarrollo de negocios para UPM América Latina

“Antes de que fuera difícil emprender el regreso, decidimos volvernos”, aseguró Alberto Brause. En su caso, lo que gatilló su retorno a Uruguay fue que él y su mujer querían que sus dos hijos pequeños –nacidos en Estados Unidos, donde estaban viviendo– crecieran en su país. Su periplo arrancó de la mano de su pasión por el tenis, deporte que a los 18 años le hizo ganar una beca para estudiar en una universidad estadounidense.

Luego de terminar sus estudios se dedicó a jugar a nivel profesional un año y medio, hasta que volvió a Uruguay y entró a trabajar en Endeavor. A los tres años, le surgió la posibilidad de hacer un MBA, lo que lo hizo regresar a EEUU. Una vez finalizada la maestría, obtuvo un trabajo en la empresa Mars, donde estuvo otros cinco años.

Brause se mudó a EEUU junto a su esposa, quien también estaba cursando una maestría: “Nos fuimos con la sensación de que volveríamos”. En marzo de 2011, la pareja decidió que era momento de despedirse del american dream. De todas maneras, tenían claro que no iban a regresar sin una propuesta firme de trabajo, al menos, para uno de los dos. “Eso era mucho riesgo”, apuntó Brause.

En ese momento, apareció la posibilidad de sumarse a la joven operativa de UPM en Uruguay, y Brause arrancó el proceso de entrevistas vía Skype. El 9 de marzo de 2011 dejó Mars, y una semana después ya estaba ocupando su nueva oficina en UPM. “Fue medio locura, pero, mirando atrás, estoy muy conforme de haberlo hecho así”, comentó.

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