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Defensa de un estilo de vida: la visión de los "autoconvocados"

Muchos de los productores dijeron que el montevideano "no los entiende" y que el gobierno "no escucha"

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24 de enero de 2018 a las 05:00

El 1° de enero de 1989, Juan Montans y su esposa, Cecilia, abandonaron su vida en Montevideo para siempre, decididos a dedicarse al campo. Les atraía el contacto con la naturaleza y el vínculo afectivo con la tierra. Veintinueve años después, y a cargo de una empresa agropecuaria con cinco empleados, Montans se incorporó a varios de los grupos de Whatsapp de productores rurales que empezaban a idear distintas vías para expresar su molestia con la situación económica del país.

"Esto comenzó como un llamado a todos los productores rurales que no nos sentíamos representados. Nos vimos entusiasmados, fue creciendo y nos fuimos contagiando. Es un sector que parecía aletargado y no creíamos que fuera posible hacer esto", señaló a El Observador una vez terminado el acto oficial en Santa Bernardina, Durazno, donde miles de personas reclamaron mejoras de la competitividad y un freno al gasto estatal.

Las voces que corearon varias veces el nombre de Uruguay, primero bajo un sol intenso y luego bajo una lluvia fría que bañó al centro del país, fueron en su mayoría la de pequeños y medianos productores rurales, cansados de la gestión del gobierno frenteamplista y molestos con el desdén con el que creen que se mira al campo desde la izquierda capitalina.

"Yo no sé dormir en la ciudad. Si viajo a Montevideo me vuelvo de noche para dormir en campaña. Eso el de ciudad no lo entiende. Cualquier persona del campo que a cierta edad se ve obligado a mudarse a la ciudad está empezando a comprar el cajón", dijo Carlos, criador de caballos de Caraguatá.

Al igual que los Montans, Carlos y María también llegaron a Durazno desde Caraguatá, Tacuarembó, aunque en su caso viven en el campo desde el día que nacieron. "Soy quinta generación en mi tierra", contó Carlos, quien todos los días se levanta a las cinco de la mañana para darle de comer a sus cuarenta caballos de carrera.

María, su pareja, se mostró enojada con los "prejuicios" contra los gente de campo, usualmente tildados de "oligarcas" o de "manejar costosas camionetas 4x4". "Nosotros somos oligarcas de 39 hectáreas y cero empleados", ironizó.

Carlos, en tanto, señaló que "crisis hubo muchas" pero que en otras ocasiones, como durante la crisis del 2002, "había instancias de diálogo" con el gobierno. "Con los partidos tradicionales te podías putear tranquilo, pero estos no te escuchan", reprochó.

Montans, nacido en la capital, acotó que no entiende "por qué al de Montevideo le cuesta tanto entender" la vida del campo. "Me parece que lo que más molesta es el desconocimiento por parte del gobierno actual de la importancia que tiene la gente –no el productor rural ni el empresario- sino la gente que trabaja todos los días", acotó su esposa.

"Está bien que ayuden a la gente con políticas sociales, pero que también ayuden a la gente del interior", reclamó Juan Carlos Pereira, trabajador rural.

Esa molestia con el gobierno y su "desconocimiento" del medio rural también la expresó Juan Carlos Pereira, un empleado de una pequeña empresa rural que, con la camisa desabrochada y festejando las primeras gotas que caían sobre el predio, dijo que "la gente del interior se cansó de producir y pagar a una sociedad centralizada en Canelones y Montevideo".

Según dijo a El Observador, "el gobierno acuerda comprarle energía a UPM mientras le sube la tarifa de la luz a los tamberos". En la empresa donde trabaja desde 2011, cuenta, echaron a dos de los siete trabajadores para subsistir.

"¡Bien ahí!", gritó Pereyra cuando uno de los oradores señaló que la inclusión promovida por el Frente Amplio debía también "incluir a los del campo".

"Modo de vida"

Varios de los manifestantes consultados por El Observador señalaron lo mismo: que el campo "no es un negocio", sino "un modo de vida". Al respecto, Cecilia mencionó que "al productor le gusta estar en su casa trabajando, sin importar si llueve, hace calor, o es feriado".

En un mismo sentido, Carlos acotó que más que él vivir de sus caballos, él vive "para" ellos. "Muchos amigos me dicen que si hiciera otra cosa capaz manejaría un Mercedes, pero yo soy feliz así".

Cuatro días antes de trasladarse a Durazno, tuvo que pedir un préstamo por primera vez en su vida. Como alguien que se movió siempre por fuera de los bancos, lo ve como "una pésima señal", porque "llega fin de mes y no dan los números".

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