28 de diciembre 2012 - 19:21hs

BRUCE SPRINGSTEEN WRECKING BALL
La música tiene efectos en la salud física y está comprobado científicamente. Pero hay un segundo nivel de efecto de la música menos perceptible: el que provocan las canciones que acompañan. Ahí se ha lucido y se luce Bruce Springsteen, metiéndose de lleno en la Estados Unidos de Barack Obama sumergida en la crisis económica. Con un rock de base bien country, Springsteen vuelve a las rutas, al campo y a la profunda “América” para contar historias en un contexto deprimido en el que flota la injusticia. Las canciones de Springsteen son sólidas en el sonido y entrañables en la palabra y el ánimo del cantante al entonar. Detrás suyo, una banda que parece una especie de ejército lo acompaña en esta cruzada que parece buscar más que un levantamiento de conciencia, un eco en aquellas personas que necesitan un buen disco que los entienda. Ese es el mérito del Jefe, que automáticamente valida su vigencia entre los músicos más esenciales de los últimos 50 años. (Sebastián Auyanet)


FRANK OCEAN CHANNEL ORANGE
Ya con su primer disco –un mixtape con canciones originales y hits versionados– Frank Ocean prometía demasiado. Por eso la llegada de Channel Orange fue una de las noticias mejor recibidas. Y no fue sorpresa cuando muchísimas publicaciones lo eligieron como el disco del año.
Con este disco Ocean se transforma en narrador de historias donde la riqueza al punto del absurdo causa hastío, mientras que otros protagonistas se preocupan cómo van a llegar a fin de mes. Pero lo más interesante de Ocean como cantautor son aquellas canciones confesionales. Es ahí donde la escucha se transforma en una experiencia íntima.
Channel Orange es un disco con muchas facetas y sin puntos débiles. Este lanzamiento significó el regreso de un R&B moderno y que probablemente marque la pauta para los próximos años. Para demostrar esto sólo hace falta escuchar Pyramids, un oda de diez minutos donde una balada da lugar a intervalos electrónicos, para terminar en un melancólico solo. El amor en su ascenso y descenso. (Kristel Latecki)

Más noticias

ILLYA KURYAKI AND THE VALDERRAMAS CHANCES
Uno de los fenómenos más extraños del año musical: el regreso de una banda que casi 10 años después encuentra que su repertorio viejo es mucho más aceptable hoy que en ese entonces. Sea por depresión de la calidad de los nuevos referentes o por la falta de desarrollo de los géneros en los que ellos se mueven, lo cierto es que Illya Kuryaki And The Valderramas empezó con esa base su segunda etapa. Lo que sí era difícil de esperar era que Chances fuera mucho más allá de ser una excusa para legitimar el regreso. Una picantísima poción de funk, rock, sintetizadores y ánimo lúdico convierten al disco en un paquete bien contundente de música pop. También es la ratificación de Dante Spinetta como un guitarrista más que importante y de Emmanuel Horvilleur como un artesano del pop moderno a seguir teniendo en cuenta. (SA)

FIONA APPLE THE IDLER WHEEL...
Con The Idler Wheel, más que nunca Fiona Apple creó un manojo de canciones que vinieron desde muy adentro de ella. Deja tanto de sí en cada nota que canta –tan desgarradoramente– que a veces asusta.
Explorar a través de la música dentro de una psiquis perturbada no es fácil. Y salir impasible de este disco tan complicadamente hermoso, es imposible.
En sus palabras se siente el sentimiento y fuerza a que las sienta el propio escucha. La resginación hace que su voz tiemble, al mismo tiempo que su rabia golpea iracunda en cada sílaba. Y cuando de emociones se trata, no importa desafinar.
Apple demoró siete años en lanzar The Idler Wheel. Es un disco que nació, creció
y literalmente late en su ritmo. Ningún disco tiene tanta vida ni surca los intrincados rumbos de la mente como éste. (KL)

BOB DYLAN TEMPEST
Desde la inaugural, luminiosa y estilo western Duquesne Whistle, el nuevo disco de Dylan se anuncia como algo bueno. Genial es la sensación de comprobar que es -por lo menos- un trabajo a la altura de su espectacular Modern Times, de hace ya seis años. El resto es una espectacular pasada por todas las formas en que Dylan sabe acomodar su voz, ya convertida en un graznido cada vez más áspero. Con ella, Dylan se da el lujo de ser un cronista casi gracioso y, a la vez, convertirse en una voz enigmática, oscura, de algún modo inquietante. Tanto en las canciones en las que su espectacular backing band pisa el acelerador como en aquellas otras en las que hay espacio para baladas más mínimas, todo el disco respira una vibra de clásico (otro más) salido del puño y la boca del genial cantautor de Duluth. Temas como Pay in Blood vuelven a ser puntos altísimos desde la poética, mientras que otras canciones parecen tener a la palabra como lienzo, como excusa para una música con una interpretación detallista a la vez que básica y disfrutable. Esperemos que, como fue el caso de aquel Modern Times, estas canciones suenen en vivo en territorio uruguayo. (SA)

HOT CHIP IN OUR HEADS
Los niños mimados de la prensa inglesa confirmaron nuevamente que lideran dentro del género de la “electrónica inteligente”.
Hot Chip es dueña de un sonido que lejos de asentarse entre lo más simple del género apuestan a una instrumentación clásica de banda, basada en la percusión y los bajos, para ofrecer canciones que además de ser ineludiblemente bailables, realmente tienen algo para decir.
In our Heads continúa lo que vienen construyendo desde sus anteriores discos y mejora en cuánto a solidez y vigencia. Aquí modernidad colisiona con lo vintage, produciendo temas que bien podrían venir de la máquina del tiempo y ser adaptadas para el oído del siglo XXI.
Con ellos la electrónica suena tan madura como interesante. (KL)

KENDRICK LAMAR GOOD KID, M.A.A.D. CITY
Ya es uno de los grandes nuevos referentes dentro del género hip hop, destinado a operar como una especie de renovación y de entendimiento del género más contemporáneo, junto a otros exponentes como Childish Gambino o A.S.A.P. Rocky. Lo de Lamar se maneja en estructuras ambientales y no tan pulsantes como otros referentes del género (Kanye West es uno de los ejemplos). Mareante por momentos, el estilo de Lamar debe más a los referentes raperos de la costa Oeste (Snoop Dogg, Dr. Dre) que a los neoyorquinos, Lamar definió un disco además centrado en las crónicas de un entorno social en caos que añade un valor extra a un género que todavía intenta salir de los clichés de las posturas de gángster o de yuppie de sus figuras principales. (SA)

JACK WHITE BLUNDERBUSS
Si el año pasado el revival roquero estuvo a cargo de Foo Fighters y The Black Keys, este fue el turno de otro gran revivalista: Jack White.
Salido de la ruptura con The White Stripes, el cantante y guitarrista continuó su camino cambiando de gama cromática y explorando los caminos más interesantes del género.
En Blunderbuss la distorsión abunda como las referencias –líricas y sónicas– a su antigua banda. Pero lo que no le falta a White es versatilidad, y este disco se destaca por eso.
Sixteen Saltines tiene la urgencia del rock más moderno, mientras que el cover de I’m Shakin’ remite directamente al rock n’ roll de los 1950.
White hace lo que quiere. Mezcla el rock con baladas simples, donde se resiste a que el amor lo termine de lastimar. Y todo le sale perfectamente. (KL)

DJANGO DJANGO DJANGO DJANGO
En un principio, estos jóvenes escoceses parecían una especie de Franz Ferdinand sintetizados pero de similar ánimo. Luego uno se pudo dar cuenta de que la cosa va mucho más allá. Django Django, la banda moderna definitiva de 2012, usa sintetizadores, pega bien sus guitarras a ellos en riffs con ganchos bailables emocionantes pero también es un rejunte de gargantas armónicas que terminan de armar un cóctel sofisticado y casi sin fisuras. El peor problema de Django Django es que tiene todos los elementos para ser subestimada como banda para pretenciosos de la sofisticación, como una banda de hipsters. Que lo es, pero lo suyo va mucho más allá. Default, tercera canción de este disco homónimo, es la mejor puerta de entrada. (SA)

LANA DEL REY BORN TO DIE
Lana del Rey fue a la vez una revelación y un personaje infame a lo largo de este 2012. Se la ama o se la odia. A veces incluso ambas cosas a la vez.
Luego de editar dos excelentes canciones, se esperaba mucho de su disco. Tal vez demasiado.
Si al principio Born to Die fue una decepción, fue porque aún no se entendía por dónde venía ni hacia dónde iba. Fue un lanzamiento que su disquera apresuró para cobrar en su ascendiente fama, pero que tuvo apenas la oportunidad lustrar sus mejores joyas: esa mezcla entre languidez Lyncheana y el flow hiphopero de una chica blanca de clase acomodada.
Es un disco con muchas fallas y rellenos, sin embargo no pudimos dejar de hablar ni escuchar a Lana del Rey. (KL)

Cinco locales esenciales

LA TEJA PRIDE LAS PALABRAS Y LA TORMENTA
Las palabras y la tormenta encuentran en los viejos Ataris una inspiración sonora y con los 8-bits como base, Latejapride construye sus rimas que hablan del Montevideo de hoy, con sus problemas y sus ganas de fiesta.
Su hip hop nunca se quedó en las típicas bases de beats apabullantemente uniformes, y este disco se desprende totalmente de eso. Si se considera que la electrónica es la música del futuro, Las palabras y la tormenta se adelantó unos cuántos años. Esto, acompañado de su rapeo incisivo y sus flows bien uruguayos, hace que el disco se destaque en lo alto del género y rompa con los estereotipos de su versión local.
Si antes La Teja era su hábitat natural, ahora puede ser el globo entero. (KL)

ALBERTO WOLF Y LOS TERAPEUTAS MONSTRUO
La profundización de un camino musical de alguna manera nuevo es la primera gran conclusión de este nuevo disco de Mandrake y Los Terapeutas, que por primera vez editaron con el sello Bizarro. Monstruo es un disco conceptual lleno de historias y de personajes que son monstruos mucho más familiares y cotidianos de lo que en principio podría parecer. “Lo que yo quería era hablar un poco del monstruo que tenemos cada uno adentro y de cómo a veces somos nosotros los monstruos”, dice el compositor, que lo mismo habla de alguien enfermo o de las mentiras, esos monstruos a los que se acude a menudo. Una producción apoyada en un sonido de candombe sin tambores bien oculto y sutil y melodías que hacen volver. (SA)

SANTÉ LES AMIS SUDAMERICANA
A veces para ser moderno hay que volver a las raíces. Buscar entre las referencias en lugares y tiempos diferentes para crear algo novedoso y rupturista.
Aquí Santé Les Amis hizo algo así. Sudamericana, si bien no es un canto al continente, sí toma detalles, ritmos y sonidos para crear temas como Brasil, una infecciosa canción que lleva por rumbos electrónicos citas al país. En otras las referencias están atrás en el tiempo, y She Gets Me Excited suena como el hit más discotequero de los 1980.
Pero más allá de esto, lo que logró la banda es ese equilibrio entre ser una banda uruguaya y buscar un sonido que pueda ser entendido y celebrado en el norte, al mismo tiempo que hicieron uno de los mejores discos de la escena local. (KL)

DIEGO PRESA DIEGO PRESA
El invierno trajo el primer disco solista del cantante del colectivo Buceo Invisible. Diego Presa no deja de estar fuera de lo que es el sentido estético de la música del colectivo que lidera, pero aún así la poética parece incluso más reflexiva y personal. Quizá menos recargado, Presa es de alguna forma un “cronista de la penumbra”. Partiendo de la base de que ninguna obra de arte es deprimente, el disco sí es melancólico y sombrío. Por allí aparecen fotografías propias y de esa Montevideo de tardenoche y plafones a la que ha retratado en varias oportunidades. Puede hablar de los perros que se atraviesan en la calle o de dos indigentes durmiendo en la puerta de una discoteca. Un disco que entiende y conecta con la capital menos luminosa. (SA)

GARO ARAKELIAN UN MUNDO SIN GLORIA
Se podría decir que este primer disco del ex guitarrista de La Trampa es un disco político. Esta definición no debería entenderse en su acepción más social, sino que en este caso está aplicado a una producción que puede leerse como una toma de postura, aunque ese no haya sido el objetivo del compositor al momento de hacer las canciones. Arakelián, que había traído al formato de banda de rock muchas de las influencias de Dino y Darnauchans, vuelve a trabajar en una forma por lo menos cercana a ellas en un disco de historias que mira desde afuera, de alguna forma en un estilo que conecta con el Bruce Springsteen de discos como Nebraska, aunque ineludiblemente montevideano, vigente y necesario. (SA).

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