En días pasados, el McKinsey Global Institute, que es el brazo de investigación y economía de la consultora internacional McKinsey&Company, hizo público un informe interesantísimo sobre endeudamiento global.
Naturalmente, el informe es extensísimo, pero focalizaremos en dos aspectos que parecen los más relevantes. Uno es el endeudamiento global y el otro es China.
Veamos. Luego de la crisis financiera del año 2008 –que fue la mayor y más larga recesión desde la segunda guerra mundial– todo el mundo esperaba que el endeudamiento global se frenara. Y se “desapalancara” (deleverage), pero esto no ha sido así.
La deuda sigue creciendo en sus dos aspectos: en valor absoluto y en relación al Producto Interno Bruto (PIB) de los países. Esto produce nuevos riesgos a algunos países y actúa como un “techo” al crecimiento de la economía global.
Veamos algunos números. La deuda, desde 2007, creció por la friolera de 57 trillones de dólares y, en relación al PIB global, en 17 puntos porcentuales.
Las cifras merecen algunas consideraciones. Los países en desarrollo llevan la mitad de la nueva deuda, el sector financiero ha hecho los deberes y ha enfriado su ritmo de endeudamiento, pero la deuda de los gobiernos son las que hicieron “explotar” la cifra.
En relación a China, hay una luz de cuasi alarma porque su deuda total se ha cuadruplicado desde 2007 de 7 trillones de dólares a 28 trillones de dólares en julio de 2014, llegando a representar el 282% de su PIB. Esta deuda ya ha superado a la de EEUU en relación al PIB y más de la mitad de los créditos están dados sobre viviendas (esto ya lo vimos en otro lado, ¿no?).
Mi comentario: cuando más leo sobre finanzas, más me gustan las vacas.