Lo que se temía se confirmó. La Policía detectó en Uruguay la presencia de narcotraficantes que antes operaban en las favelas de Brasil. El escenario planteado se considera “de potencial amenaza”, según fuentes del Ministerio del Interior consultadas por El Observador que, de todos modos, ven el proceso como “incipiente”. La realización del próximo Mundial de fútbol en 2014 en Brasil y los Juegos Olímpicos en Río, dos años después, llevaron a las autoridades a desplegar una política más agresiva para garantizar la seguridad de los eventos.
En febrero pasado, el diario El País informó que el ministro de Justicia de Brasil, José Eduardo Cardozo, advirtió al Ministerio del Interior por el desplazamiento de bandas narcos a territorio uruguayo. Los cientos de kilómetros de frontera seca facilitan la movilidad.
La primera alarma de la llegada de narcos de Brasil –que en aquel momento no tuvo repercusiones–se encendió hace dos años cuando se capturó en Ciudad de la Costa a un poderoso narcotraficante brasileño que estaba requerido en su país, en Paraguay y en Bolivia.
A los grupos brasileños se sumaron narcos que vienen huyendo de las políticas represivas más intensas que se aplican en Colombia y México. En esos países la DEA (la unidad antidrogas) de Estados Unidos brinda su apoyo contra el narcotráfico.
Muchos de los líderes de esas bandas, además de su protección personal, requieren lugares más seguros para lavar su dinero. Las autoridades antilavado de Uruguay son conscientes de esa situación y afirman que cuando un sector de la actividad económica es más controlado, por ejemplo el financiero, “los lavadores” se mueven a otros como el inmobiliario o las sociedades anónimas, sobre los cuales se ajustará la vigilancia.
El lunes pasado, en la presentación de la estrategia nacional contra el lavado de activos, Carlos Díaz, secretario ejecutivo de la Junta Antilavado, afirmó que el combate a ese delito es “una cuestión de soberanía”, ya que se transformó en una amenaza al poder del Estado y a su vez puede presentar inconvenientes para el normal flujo de inversiones productivas al país.
En esa conferencia, Diego Cánepa, prosecretario de la Presidencia, subrayó que la prevención del terrorismo es importante porque “es un crimen que socava la democracia”. Las autoridades buscan evitar que los narcos infiltren las estructuras de poder ya sean del aparato de seguridad, del poder político o judicial.
Las fuentes también señalaron que la Policía de Uruguay cuenta con buen armamento para enfrentar a los narcos.
En Uruguay se investiga si el aumento de los homicidios está vinculado a la llegada de narcos colombianos y brasileños.
Escuchas telefónicas
La Policía, el Ejército y la Armada cuentan con equipos sofisticados para realizar escuchas telefónicas que deben ser autorizadas por un juez. Su utilización se intensificó en los últimos seis años y se consideran fundamentales para la Brigada Antidrogas. El equipo para escuchar teléfonos celulares o interceptar mensajes de texto es parecido a una laptop con antenas, y tiene un radio de acción de 30 kilómetros. Su costo supera los US$ 300 mil. Las escuchas a un teléfono fijo las realiza ANTEL siempre previa autorización de un juez, según se explicó. Detectan la presencia de narcos que vienen de favelas de Brasil.
Paulo Seco
En el invierno de 2010, la Policía capturó a un poderoso narcotraficante brasileño, apodado Paulo Seco, quien ya estaba instalado en Uruguay manejando negocios de droga. Fue capturado en Ciudad de la Costa y procesado.
Armamento
La Policía uruguaya usa pistolas Glock que se consideran las mejores y son de alta potencia. Además la Guardia Republicana tiene fusiles kalashnicov, de Rusia, y M4 de asalto que son de fabricación estadounidense.