El Observador | Daniel Supervielle

Por  Daniel Supervielle

Periodista, analista, director de comunicación estratégica y política de CERES
16 de diciembre de 2023 5:00 hs

Diciembre es un mes tan vertiginoso que parece que el tiempo se estira y se encoge como un acordeón. No sé si es en todo el planeta, pero aquí, en la linda Montevideo, todo el mundo se despierta con una urgencia inexplicable, como si fuera la última oportunidad para hacer todo lo que no hicimos durante el año.

Desde La Bajada en la rambla del Club de Golf hasta el campeonato uruguayo, parece que todos los eventos deportivos y sociales se han programado para diciembre y hay que estar en todos. Es como si hubiera una competencia para ver quién puede hacer más cosas en un solo mes. Incluso algunos se atreven a lanzar su candidatura a presidente de la República, o lanzar el programa de gobierno de un partido político como si el espíritu decembrino los hubiera poseído.

Pero eso no es todo, ¡ni mucho menos! También tenemos que despedir a nuestros compañeros de trabajo, aunque los veamos todos los días de lunes a viernes. Alquilar una casita en la costa, o planificar el camping en Santa Teresa, pasar a ver aquel pariente enfermo que no visitamos en todo el año, comprar los regalos para la Noche Buena, y además de todo pretender estar lúcido y sano para hacer las últimas presentaciones, dar el último examen o dar la última entrega en facultad. Ni que hablar si andamos con tendencia a inclinar el codo.

Luego viene la odisea de comprar regalos para la Noche Buena. Y no, no podés simplemente comprar cualquier cosa, ¡tienen que ser regalos pensados y significativos! 

Si hay hijos en edad escolar, la locura se multiplica. Hay que asistir a las notas, a las despedidas del año y a las interminables fiestas donde siempre te piden que lleves "algo para comer o para beber”. Y, por supuesto, está esa llamada o visita que has estado evitando todo el año, pero que no puedes ignorar en diciembre. Que no puede llegar al 2024 sin hacerse.

Para peor diciembre es el mejor mes en Montevideo, las noches son cálidas y perfectas para sentarse en un bar en la vereda y quedarse hasta altas horas de la noche con amigos hablando de la vida y de los sueños.

 Como si eso no fuera suficiente, hay recitales, obras de teatro, museos con exposiciones interesantes, presentaciones de libros y eventos culturales y culinarios al aire libre. Miles de uruguayos que viven en el extranjero regresan al país para celebrar con sus familias, y es imposible no pasar a darles un abrazo o invitarlos a comer un asado.

Así que, en resumen, diciembre es una montaña rusa de actividad y emoción en Montevideo. Hay que aceptarlo y sobrevivir para contarlo. Incluso yo, que escribo esta columna con prisa un viernes por la tarde, me siento abrumado por el espíritu frenético de diciembre.

He estado ocupado despidiéndome de compañeros de trabajo durante las últimas doce noches, y para colmo, el jueves 14 presenté una muestra (*) de pinturas en el Museo Zorrilla de Punta Carretas. Todo en medio de esta vorágine de eventos y compromisos.

Por cierto, el Museo Zorrilla es un lugar lleno de historia y poesía, ubicado en una casa construida hace más de un siglo por Juan Zorrilla de San Martín. Allí, frente a la rambla, se encuentra una exhibición de arte inspirada en el origen del fútbol uruguayo y en las apasionadas hinchadas. Trabajé en la preparación de esta exhibición junto a un equipo fantástico liderado por la directora Cecilia Bertolini, y todo quedó listo en una noche de diciembre.

Aprovecho para contarles que es un museo lleno de historia, poesía y vida. De una de las familias más tradicionales del Uruguay: allí frente a la rambla, donde estaba la vieja pescadería La Virazón. De donde salía a pescar Pepe Corvina, o la leyenda del Pepe Corvina, ese personaje increíble al que le escribió Enrique Estrázulas.

Sí ahí, a media cuadra del legendario Bar Tabaré —donde cada tanto toca el periodista Nacho Álvarez— justo en la misma calle donde vive el expresidente colorado Julio María Sanguinetti. Eso si se entra por el fondo, también se puede entrar por la propia Rambla. Ahí también vivió su infancia la actriz China Zorrilla.

Hablando de sorpresas que nos trae diciembre, el jueves de noche al finalizar la apertura de la muestra me encontré con el mismísimo Marcelo Bielsa, el director técnico de la selección uruguaya. Solo mencionar su nombre me llena de respeto.

Fue como si el destino hubiera decidido que dos mundos, el del arte y el del fútbol, se cruzaran por casualidad en una esquina en una noche cálida de diciembre. No sé si Bielsa irá a ver la exhibición, pero al menos fue invitado antes de escabullirse por Punta Carretas.

En fin, esta columna escrita apresuradamente el viernes en la tarde es el resultado de un diciembre que parece una carrera de Fórmula Uno para los montevideanos. Si decepcioné a los lectores, les pido disculpas, pero culpen a diciembre.

No tengo nada que ver.

(*) “Los de Afuera son de Palo – Multitudes en Movimiento” queda expuesta en el Museo Zorrilla hasta el 2 de marzo de 2024. Ubicada en la calle José Luis Zorrilla de San Martín 96, en el barrio de Punta Carretas.

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