Terminadas las negociaciones que definieron los ajustes salariales que tendrán unos 660 mil trabajadores privados hasta mediados de 2025, el director Nacional de Trabajo, Federico Daverede, habló sobre los resultados obtenidos. A diferencia de rondas pasadas que estuvieron marcadas por las dudas sobre el cumplimiento de las estimaciones de inflación, esta vez la discusión que se coló en alguna de las mesas fue si podía darse la posibilidad de correctivos en menos en el caso que los ajustes de la pauta oficial quedaran largos. El jerarca también se refirió a temas como la reducción de la jornada laboral y a la necesidad de incorporar la productividad para poder avanzar en esa discusión. Además, se refirió a la idea en proceso de contar con un mecanismo de descuelgue salarial que esté protocolizado y dé garantías a trabajadores y empleadores. Lo que sigue es un resumen de la entrevista que Daverede concedió a El Observador.
¿Qué balance hace sobre los resultados de la Décima Ronda de Negociación Salarial que acaba de terminar en el sector privado?
La ronda ya está cerrada y fue de resultados positivos. Se terminó de consolidar el 100% de la recuperación salarial para los trabajadores que en el período puente –julio 2020-junio de 21– en plena pandemia cuando se hizo el acuerdo entre los sindicatos, los empresarios y el gobierno tuvieron pérdida. Lo más importante es que se cumple con la promesa de gobierno que se había hecho. Después el grado de satisfacción está por la alta cantidad de acuerdos que hubo. Si uno mira los números, cerca del 80% terminaron con un acuerdo entre las partes y el Poder Ejecutivo
¿Cuánto ayudó el hecho de que la inflación bajara cuando se estaba negociando? ¿Cómo influyó en el clima de la negociación?
Eso ayudó al clima de la negociación, indudablemente. No es lo mismo negociar con inflación entre 4% y 5%, que con inflación en torno a 8%, 9%. Nos pasó una cosa rara. La inflación baja nos provocó una discusión que no la teníamos en el radar, que era que se podían dar correctivos en negativo. Ahí se generó una discusión que después las partes la zanjaron de distintas maneras. También ayudó el contexto de recuperación del empleo, de baja tasa de desempleo. Es decir, hay una cantidad de factores que ayudaron a que haya una gran cantidad de acuerdos. Además, en esta ronda estuvo el tema que puso el PIT-CNT y su presidente Marcelo Abdala, que fue la reducción de la jornada de trabajo. Son temas que se han discutido arduamente. Han prosperado algunas fórmulas muy incipientes en algunos sectores.
Inés Guimaraens
¿Uruguay está maduro para dar esa discusión de manera más amplia?
La discusión hay que darla, el sistema de negociación colectiva está preparado. Lo que creo que faltan son elementos. No se puede pensar en una reducción de la jornada laboral si no hablamos de productividad. Muchas veces cuando nos pusimos a indagar y a conversar con las partes en las mesas de negociación, nos encontramos con dificultades en lo más básico que es en la propia definición de productividad. Eso fue lo que llevó al Ministerio de Trabajo a instancias del ministro Pablo Mieres a crear un ámbito entre sector empleador, sector trabajador y el ministerio, para empezar a dar los primeros lineamientos o pincelazos de qué es la productividad y hacia dónde tenemos que ir. Y eso generó que se instalara una mesa con ese propósito en el ámbito superior tripartito. Las partes están en el proceso de nombrar representantes para instalar esa mesa técnica y también política obviamente, pero con el fin de avanzar en la productividad. Seguramente sobre finales de febrero se convoque a esa comisión y con los insumos que ya las partes dejaron en la primera exposición que hicieron a finales de diciembre se empezará a trabajar.
¿Qué fin tiene eso?
El fin es que para la próxima ronda de consejo de salarios –mediados de 2025– al gobierno que le toque tenga por lo menos algún insumo sobre productividad para ir manejando. A eso hay que sumar indicadores que pueden estar asociados o no a la productividad, pero necesitamos indicadores que nos permitan avanzar por lo menos en cómo está la situación en cada sector. Después hay otra gran discusión. ¿La productividad se entiende por sector o se entiende por empresa? Esa es una discusión que hay. Ya hay una dicotomía entre lo que piensan las cámaras y lo que piensa el sector trabajador. El trabajador dice que es por sector de actividad y el empleador que tiene que ser por empresa. Con todos estos elementos el país estará en condiciones óptimas para empezar a generar una discusión de la reducción de la jornada de trabajo. Ahora, discutir la reducción de la jornada de trabajo lisa y llana creo que no va a ser viable o no va a prosperar en la implementación práctica. Ahí encuentro el mayor escollo.
Cuando asumió la actual administración se habló de generar un protocolo para facilitar los descuelgues salariales. ¿Se avanzó en algo concreto?
Hemos esbozado algunos protocolos, pero no hemos llegado a estandarizarlos porque ese requiere no solo acuerdo tripartito, sino ámbitos tripartitos técnicos para analizar la documentación que se presenta. Esa es una de las mayores preocupaciones que tenemos. Los descuelgues implican que una vez acordado algo en los consejos de salarios, si hay alguna empresa que no pueda cumplir con esos ajustes salariales pida el descuelgue para no llevarlos adelante. Hay que tener mucho cuidado, porque en el momento que se presenta tiene que haber un análisis técnico. Ahí es donde los pasos empiezan a ser más lentos en pos de la garantías que tienen que tener todos, las empresas que se quieren descolgar y los trabajadores que obviamente van a sufrir de ese descuelgue. Ahora estamos con algunos pasos que son más metódicos y más lentos, pero sí para avanzar. Si se va a llegar a concretar para este período de gobierno no lo sé.
Inés Guimaraens
¿Cuál es el objetivo de tener un protocolo de descuelgues?
Hoy tenemos un mecanismo que no está claro para las partes. El descuelgue no es una cosa que esté a texto expreso en la ley de Negociación Colectiva, sino que es una cosa que es más interpretativa y que se ha dado en la práctica. Lo que nos pasa es que no estaba estandarizado, no estaba claro cómo hacerlo, ante quién presentarlo, cuál era la metodología, cuál era la información que se necesitaba, quién analizaba la información y quién resolvía el caso. Entonces, nos encontramos con algunos problemas de instrumentación importante. Los descuelgues son potestad del grupo madre del sector de actividad. Así como resuelve el ajuste salarial resuelve el descuelgue. Entonces ahí tenemos el primer problema. Se presentaba un descuelgue y no se conformaba el Consejo de Salarios porque una de las partes no iba, y entonces por ende tampoco teníamos descuelgue., Son cosas que hay que solucionar, pero se solucionan con rigurosidad técnica más que política. Hay que avanzar hacia eso.
"Lo mejor y lo más puro siempre es la negociación por empresa"
Un punto que cuestionan los empresarios es que en la negociación salarial se suele meter en la misma bolsa a una empresa que tiene 5 empleados y a otra que tiene 50 empleados ¿Qué posición tiene al respecto?
Ese es uno de los problemas que tienen los consejos de salarios. Como consecuencia de eso se dan los descuelgues porque hay empresas que no pueden afrontar esos ajustes. La pregunta es: ¿negociación por rama de actividad o negociación por empresas? Nosotros consideramos que siempre lo mejor es la negociación por empresa. ¿Por qué es lo mejor? Y porque es la que refleja la propia realidad. Si yo negocio por sector de actividad puedo tener un sector en donde tengo una cantidad de empresas que tienen realidades económicas distintas. Lo mismo sucede con el tema territorial. Es decir, yo estoy laudando un ajuste salarial o unos beneficios, por ejemplo, para un supermercado que está instalado en pleno 18 de Julio, y lo mismo para el que de repente está instalado en el litoral donde hay una crisis con Argentina (en referencia a la brecha cambiaria). Esos son los problemas que tienen los consejos de salarios y que hay que ponerle mucho pienso para ver cómo lo solucionamos. Lo mejor y lo más puro termina siendo para nosotros siempre la negociación por empresa más que por rama. El sistema uruguayo está este armado en una relación por rama de actividad.
¿En esta administración todavía hay tiempo para poner el ojo en eso?
Justamente, lo que estamos haciendo con el caso de productividad y con otras cosas es tratar de generar insumos para la próxima ronda que va a estar fuera de este gobierno. Tampoco sirve cargarlo al próximo gobierno, sea del color que sea, con decisiones imperativas, porque acá en el Ministerio de Trabajo el tripartismo es lo más noble. Entonces estas cosas requieren de mucho consenso, hay que ir trabajándolas para generar insumos. Eso sí, con una mira, de llegar a los próximos consejos de salarios ya con algunas cosas que nos puedan ayudar a mejorar el sistema en beneficio todos, porque cuando uno hace un ajuste salarial por sector de actividad y las empresas chicas no lo pueden solventar la consecuencia recae sobre el empleo. Recaer sobre el empleo implica que hay personas que se quedan sin trabajo o personas que van al seguro de paro, y el daño termina siendo mucho mayor para los trabajadores. Hay que pensar en el trabajador, hay que pensar en el empleo, hay que pensar en las empresas y hay que empezar el sistema en general. Ese es el formato, no podemos dejar a nadie afuera de la preocupación.
Otro punto importante son las categorías laborales. En algunos casos las definiciones son antiguas y parecen desfasadas con las tareas reales. ¿Qué panorama se tiene hoy?
El armado y desarme de las categorías laborales y su ámbito de aplicación corresponde exclusivamente a cada una de las mesas de los consejos de salarios. En 2021 y 2023 el foco estuvo en otras cosas que tenían prioridad como la recuperación salarial y los puestos de empleo. También se coló por la ventana el tema de la reducción de la jornada de trabajo. Quedó poco espacio para discutir el tema de las categorías y quizás allí haya un debe. Lo que sí tratamos de hacer desde el ministerio fue tratar de aggiornar algunas mesas porque veíamos que estaban disociadas con la realidad, sobre todo en algunos lugares donde había mucha incorporación de tecnología. Lamentablemente avanzamos poco y creo que ese sigue siendo un gran debe, revisar en general la conformación de todos los grupos madre. Es un trabajo arduo, meticuloso, que también tiene su parte política y también tiene su parte técnica. El gobierno que viene debería desde el inicio, si es que no le toca otra pandemia, sentarse a rever meticulosamente una revisión general del mundo de los consejos de salarios.
Inés Guimaraens
¿Cómo evalúa la conflictividad laboral registrada el año pasado y qué espera para este año que además es año electoral?
Me gusta distinguir dos tipos de conflictividad; la conflictividad típica que se desprende de la relación directa entre sindicato y empresa por temas estrictamente laborales, y la conflictividad atípica que no surge de la relación directa entre trabajador y empresa, sino que reivindica otros cuestiones más de índole social como fue, por ejemplo, la reivindicación por la Ley de Urgente Consideración o la reforma de la Seguridad Social, que por lo general tenían al PIT-CNT a la cabeza. Teniendo en cuenta que el año pasado estábamos ante la ley de Reforma de Seguridad Social, ante la última Rendición de Cuentas donde se podían hacer adjudicaciones presupuestales y ante la ronda de consejos de salarios, me permito decir que la conflictividad típica estuvo dentro de los parámetros que nosotros esperábamos, incluso un poco por debajo de lo que preveíamos. Lo que empujó la conflictividad fue la conflictividad atípica. Este año no creemos que la conflictividad típica se dispare. Si prevemos que pueda haber un empuje de la conflictividad atípica. De hecho está en veremos si se llega o no a las firmas por el plebiscito (seguridad social). Tenemos todo un año donde seguramente se haga campaña por parte de la central de trabajadores.
¿Qué posición tiene sobre el plebiscito que impulsa el PIT-CNT para subir el pago mínimo de pasividades, bajar la edad jubilatoria y eliminar el ahorro individual?
No estoy de acuerdo con ese plebiscito. El mundo va dirigido al aumento de la edad de retiro. De hecho en Uruguay el promedio de retiro ya estaba cerca de los 65 años. Lo que se hizo fue formalizarlo porque hay una expectativa de vida mucho más estirada en el tiempo de lo que teníamos antes. El proyecto de reforma de seguridad social (aprobado en 2023) está meticulosamente estudiado desde el punto de vista demográfico, de la sustentabilidad y desde el punto de vista de la proyección económica. Creo que derogar el régimen mixto sería un gravísimo error por cuanto el Estado debería pasar a hacerse cargo de todas las jubilaciones, con lo cual lo que se inyecta de Rentas Generales al BPS para sostener el sistema jubilatorio indudablemente va a ser mucho mayor. Ese dinero que va a parar ahí en realidad es dinero que se puede utilizar para otra cosa, por eso creo que el régimen mixto es bueno y tiene que convivir. Uruguay tiene que tener un enfoque mucho más fuerte hacia la pobreza infantil que es donde hoy tenemos un grave problema. Ahí es donde tenemos que meter fuertemente los recursos.