9 de diciembre de 2015 5:00 hs

La crisis política en Brasil se agravó ayer con una dura carta del vicepresidente Michel Temer a la presidenta Dilma Rousseff, que lucha por sobrevivir a un impeachment y que deberá cambiar de estrategia para conseguir apoyo en el Parlamento.

La misiva fue publicada íntegramente en los principales diarios del país. En ella Temer, del partido PMDB (centro) aliado del gobierno y clave para conseguir los votos necesarios para que Rousseff evite ser destituida en el Congreso, dijo a la presidenta que durante su primer mandato fue "un vice decorativo" y la acusó de desconfiar de él.

Su despacho aclaró que el vice no propone una ruptura con el gobierno ni entre partidos pero "defiende la reunificación del país", según el portal G1 de Globo.

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Temer es clave, pues es quien debe asumir el poder si la mandataria es destituida por juicio político. El proceso contra Rousseff acaba de comenzar y podría tardar 180 días.

"Siempre tuve la certeza de la absoluta desconfianza de la señora y de su entorno en relación a mí y al PMDB. Desconfianza incompatible con lo que hicimos para mantener el apoyo personal y partidario a su gobierno", se quejó Temer, su vicemandatario desde 2011.

En la carta, Temer reprocha a Rousseff que fue ignorado en grandes decisiones políticas, y la acusa de querer dividir el PMDB y de filtrar informaciones incorrectas de una conversación privada entre los dos a la prensa, entre otros.

A última hora del lunes –horas antes de que circulara la carta- Rousseff había insistido en que confiaba en el vicepresidente. "Siempre fue extremadamente correcto conmigo. No tengo por qué desconfiar de él ni un milímetro", afirmó Rousseff en una rueda de prensa.

Es que hasta ese momento no había habido noticia alguna del hombre, que no se había manifestado ni a favor ni en contra de la mandataria y por lo tanto generaba todo tipo de conjeturas.

La alianza que sustenta el gobierno de Rousseff está encabezada por el gobernante Partido de los Trabajadores y el PMDB. Pero este partido alberga corrientes opositoras al gobierno. De hecho el jefe de Diputados, Eduardo Cunha, fue quien dio vía libre a la solicitud de juicio político pero es del PMDB y tiene influencia sobre la bancada.

Uno de los hombres de más confianza de Temer, el ministro de Aviación Civil, Eliseu Padilha, renunció anteayer al cargo. Padilha es considerado un hábil negociador en el Congreso y se cree que operará a favor de la destitución de la mandataria.

Comenzó el proceso

Una comisión de diputados se instaló ayer para empezar a analizar el impeachment, luego de que el jefe de Diputados aplazara un día su inicio previsto para el lunes.

La presidenta creía hasta antes de la recepción de la carta de Temer tener votos suficientes para salvar su mandato, y pidió al Congreso que suspenda el receso estival que lo paralizaría desde el 23 de diciembre hasta febrero, para que los legisladores vuelvan al trabajo tras los feriados de fin de año.

Pero la carta que circuló ayer echa por tierra semejantes pretensiones y obliga al oficialismo a planear una nueva estrategia para evitar que la mandataria pierda apoyo en la comisión de Diputados, luego en el plenario de esa cámara y más tarde en el Senado. Además, complica la pretensión de Rousseff de no demorar más tiempo la aprobación del ajuste fiscal que está ya en marcha.

Rousseff, que cuenta con una popularidad de apenas 10%, es acusada por juristas que reclaman su impeachment de aprobar gastos por decreto sin autorización previa del Congreso, y de pedir préstamos a bancos estatales para tapar agujeros en el presupuesto.

Los partidarios del juicio político calculan que en plena recesión, pérdidas de empleo, inflación en aumento y escándalos de corrupción que no paran de ser investigados, la opinión pública posiblemente se volcará a las calles y terminará presionando a los legisladores a pronunciarse contra la mandataria.

Tras cuatro años de crecimiento débil y estancamiento, en 2015 la economía se desmoronó y terminó de destaparse una gigantesca red de corrupción en Petrobras que llevó a la cárcel a decenas de políticos allegados al gobierno, empresarios y banqueros. Las investigaciones, que no han implicado directamente a Rousseff, aún continúan.

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