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7 de junio 2021 - 14:36hs

Por Fabián Cambiaso

“No vayamos a creer que el día en que se termine la pandemia y se pueda volver a una presencialidad plena, ese día se terminará el covid-19 para la educación uruguaya”. 

La advertencia la hacía el ministro de Educación y Cultura, Pablo da Silveira, en referencia a algo ya alertado desde distintos ámbitos: la suspensión de la presencialidad tuvo y tendrá consecuencias en los aprendizajes y en la equidad en el sistema de enseñanza. 

Si Uruguay tuviera la “suerte formidable” de que la epidemia de covid-19 terminara mañana mismo y todos los alumnos pudieran volver plenamente a clase, aún quedaría mucho trabajo por hacer, agregaba. 

Al anunciar el miércoles 2 el nuevo cronograma de retorno, el ministro habló de “pérdida de aprendizajes” y de un “aumento de las inequidades que ya existían”. Y quienes más lo sufrieron fueron los niños de los sectores más débiles de la población. A eso se suman las consecuencias emocionales que para los niños y adolescentes supuso el no asistir a escuelas y liceos, en una edad fundamental para el desarrollo de las habilidades sociales. 

En diálogo con El Observador, el exdirector de Educación Juan Pedro Mir aseguró que esta es una generación que será “marcada por la pandemia”, con chicos que recordarán toda su vida lo sucedido en estos, por ahora, menos de dos años. Es, recordó, la primera generación que vive una situación así “desde que Varela fundó el sistema educativo”. 

De todos modos, señaló, constituye una oportunidad para “repensar” la escuela desde otro ámbito. Mir, a través del colectivo Eduy 21, está trabajando en coordinación con colegas de más de 40 países, recopilando experiencias a nivel mundial sobre hacía dónde debe ir la educación pospandemia. 

La falta de presencialidad, explicó, les significó no solo dejar de aprender “el área de un cuadrado” sino que les faltó ese vínculo con la escuela o el liceo, que les permite “escapar” de la mirada permanente de su familia. 

Para Mir, el retorno a la presencialidad no puede traducirse en someter al niño nuevamente a cinco horas diarias de clase y, a través de una “aguja hipodérmica”, pretender que aprenda todo lo que no pudo aprender en estos meses. 

Por eso, cree necesario repensar todo el plan de estudios, jerarquizar los contenidos y darles voz a los mismos alumnos en la construcción de la nueva educación. Por ejemplo, a través de aprendizajes basados en proyectos y en sus propias inquietudes. 

Advirtió que al actual calendario escolar, en cantidad y distribución de días, data de la década de 1950. “Hay que repensar e ir hacia formas de aprendizaje multigrado, en una educación integral no basada solo en asignaturas, sino en una en la que los niños se sientan convocados a través de expresiones corporales o actividades como campamentos o salidas didácticas, que pueden ser curriculares”. 

Mir se imagina un modelo “híbrido” de educación, que deberá combinar lo presencial con lo virtual. Allí, dijo, la plataforma Crea y el Plan Ceibal son las claves para mantener el vínculo con el centro educativo. El desafío, apuntó, está en incorporarlas plenamente a las prácticas de enseñanza. 

El experto sostuvo que la falta de conectividad en determinados sectores puede pasar por un tema técnico, pero a veces es pedagógico. “Lo que estamos ofreciendo es algo que no pueden sostener en un contexto de no conectividad”. 

Considera que se requiere una profunda reforma institucional, sin la que los cambios serán muy difíciles de implementar. Además, cree que no debería haber mejor inversión para la sociedad que fortalecer la oferta urbana destinada a niños y jóvenes, a través de bibliotecas u otros lugares con producción cultural y educativa. “La escuela también se salva a través de esos espacios de encuentro —dijo—. No podemos seguir apelando a sentar al niño más horas en la clase, confiando en que va a recuperar lo que perdió”. 

"Enseñanza virtual de emergencia"

Las autoridades cuentan con estudios e investigaciones acerca de la enseñanza y el aprendizaje en línea. Los informes indican que solo son efectivas si los alumnos tienen un acceso consistente a computadoras e internet, con conectividad en sus hogares y disponibilidad de dispositivos, y si los docentes han recibido formación en este tipo de enseñanza. 

Así fue señalado en el Parlamento por Guillermo Fossatti, uno de los directores del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed), cuando ese organismo compareció a mediados de mayo ante la Comisión de Educación del Senado. Ante los legisladores, Fosatti sostuvo que hasta el momento hubo una “enseñanza virtual de emergencia”. 

Los mismos estudios, precisó, demostraron que la educación en el hogar funciona si los alumnos cuentan con recursos suficientes, apoyo intencional, un determinado nivel de uso de las plataformas virtuales y una atención personalizada. 

Fossatti presentó ante la comisión los datos del último informe Aristas, desarrollado el año pasado. La conclusión principal es que “los alumnos que aprenden poco son demasiados”. El 40% de los alumnos de tercer año de escuela no pudo superar el nivel mínimo de lectura. 

La cifra crece al 59% en el caso de los alumnos de centros ubicados en contextos socioeconómicos desfavorables, frente al 20% de los estudiantes de contexto muy favorable. Según el Ineed, son chicos que presentan dificultades para reconocer el sentido de palabras no cotidianas, ordenar la información textual, identificar las ideas y conceptos principales del texto, conectar ideas y piezas de información y captar lo que no está dicho de manera directa en el texto, para poder inferir lo que se trata de decir. Se trata de textos de extensión y complejidad acordes a la edad y el grado educativo del alumno. 

Al analizar sexto año de escuela, el 18% no pudo superar el umbral mínimo de comprensión. Allí vuelven a aparecer las inequidades: fue el 32% en contextos críticos, pero solo el 4,5% de los de contexto muy favorable. 

Otro tanto sucedió en matemática. El 47% de los alumnos de tercero de primaria no pudo superar el nivel mínimo requerido: el 68% si se habla de contextos desfavorables, y el 20% en los sectores mejor ubicados de la sociedad. 

En sexto año se repite el esquema. El 34% no pudo superar el nivel mínimo. Fueron la mitad de los alumnos de contexto crítico, contra el 15% de los de contexto favorable.

Pese a que se esperaban “peores resultados”, el Ineed advirtió que Uruguay presenta uno de los sistemas educativos más inequitativos de la región, con desvíos muy grandes entre los que aprenden más y los que aprenden menos. Parafraseando un viejo dicho popular, el director Javier Lasida sostuvo que este es el país en el que “hay más petisos que se ahogan”

El estudio fue realizado sobre niños escolarizados sin necesidades educativas especiales, tanto de escuelas públicas como privadas de todo el país. Los que sí presentaron necesidades educativas especiales, que no son elegibles para la prueba, pasaron del 3% al 12% del total en los últimos tres años. 

Si bien no se aportaron cifras consolidadas, el Ineed comprobó que los chicos pertenecientes a los dos quintiles socioeconómicos más bajos y que asisten a escuelas comunes tuvieron menos clases presenciales que sus similares de los dos quintiles superiores. Y si se habla de asistencia efectiva, la brecha perjudicó sustantivamente más a los más vulnerables. 

Es que según otro director del Ineed, Pablo Caggiani, la brecha de asistencia el año pasado es una cuestión a la que debe prestársele atención. “Cuanto más asisten, no importa el nivel socioeconómico, hay mejores niveles de logros”, explicó. 

Lasida apuntó que el principal desafío que enfrenta hoy el sistema educativo es determinar qué espera que aprendan sus niños. “No lo sabemos, porque la ANEP no lo ha definido”, dijo. Recordó que ese había sido un compromiso asumido por el presidente del Consejo Directivo Central (Codicen), Robert Silva, como parte de la proyectada revisión curricular. 

Definir un mínimo de aprendizaje, dijo, es una referencia fundamental para evaluar cuántos chicos llegan, a cuánto llegan y cuántos no llegan. 

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