20 de agosto de 2014 17:28 hs

El almanaque retrocede cuatro décadas en las marquesinas de Cinemateca Uruguaya. Si sucediera como en esas películas donde el tiempo pasa con hojas del almanaque volando, el volumen de ese retroceso le hubiera ahorrado al mundo unos 14.600 papeles. Esa es aproximadamente la cantidad de días que sucedieron, uno tras otro, desde 1974 hasta hoy.

La virtud de esta lista de películas que ahora proyecta Cinemateca es que mantiene su vigencia. Basta hacer la prueba y asomarse al pasado para demostrarlo.

El ciclo empezó el viernes pasado con Alicia ya no vive aquí, de Martin Scorsese. Después de filmar ¿Quién toca a mi puerta?, Calles peligrosas y Boxcar Bertha, Scorsese deja las calles de Nueva York y las historias de ladrones de la Depresión y centra la anécdota en una mujer, la espléndida Ellen Burstyn, que encarna a una viuda que debe luchar por su futuro en la ruta y en varios puebluchos del árido oeste, junto a su hijo adolescente. Para quienes creen que Scorsese es un director de mano dura que filma mafiosos y superproducciones con canciones de los Rolling Stones aquí está el testimonio, cuatro décadas atrás, que en los inicios de su producción el tipo se animaba a experimentos geniales como este.

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Luego la lista tuvo filmes como Una mujer bajo influencia, de John Cassavetes. Referido eternamente como el padre del cine independiente de Estados Unidos, Cassavetes echó mano a su círculo más íntimo de actores, que además de la cercanía poseía una calidad soberbia: su esposa, Gena Rowlands, y su amigo, Peter Falk. Así cuenta la historia de una mujer ama de casa esposa de un obrero de la construcción que, de a poco pero de manera perceptible, comienza a no poder manejar su vida y reacciona de forma que creen que se está volviendo loca. La actuación de Rowlands es tan magistral que solo su cara puede expresar ese sentimiento de desesperación, angustia y evasión que acorrala a esa mujer.

Por si todo esto fuera poco, ese año un director polaco, Roman Polanski, se había mudado a vivir a Hollywood y había sufrido una tragedia familiar cuando la banda de degenerados de Charles Manson irrumpió en su casa y asesinó a su esposa, la actriz Sharon Tate. Polanski quería volver a filmar y el actor Jack Nicholson lo acercó a los productores de Barrio chino, un policial situado en la Depresión en una Los Ángeles que lucha con sus problemas con el agua, una ciudad al borde del desierto, por un lado, y con un océano salado, por el otro. Nicholson es un detective privado que se involucra en un caso que parece sencillo y que la mirada helada de una rubia Faye Dunaway terminará de complicar.

El ciclo continúa hoy y le toca el turno a Primera plana, de Billy Wilder. En 1974, Wilder era un director veterano de 68 años cuya carrera estaba por terminarse después de haberse creado un estilo propio de maestro en diversos géneros, desde la comedia (La comezón del séptimo año, Una Eva y dos Adanes, Piso de soltero, entre otras), a dramas (Pacto de sangre, Días sin huella), románticas (Amor en la tarde y Sabrina) y maravillas como El ocaso de una vida.

En Primera plana Wilder opone a Jack Lemmon con Walter Matthau en una comedia ambientada en la década de 1930, con periodistas ansiosas de conseguir primicias a como dé lugar y condenados a muerte que escapan de la cárcel por métodos poco ortodoxos.

El año 1974 está lejos en el calendario y cada persona que lo haya vivido tendrá sus propios sentimientos. Desde el punto de vista del cine yanqui, esta es una buena muestra de qué estaban pensando y filmando algunos nombres fundamentales.

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