Aquí estamos”, dijo Héctor Amodio Pérez y, por primera vez en 40 años, dio la cara y habló frente a un periodista que, durante unas seis horas, le preguntó acerca de las peripecias de una vida de ribetes cinematográficos.
Amodio Pérez fue uno de los fundadores del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) Tupamaros. Integró la segunda dirección junto a Raúl Sendic y a Eleuterio Fernández Huidobro. Lideró la columna 15, señalada como la de las acciones armadas más resonantes y de precisión milimétrica, como la fuga de la cárcel de mujeres. Rozando el culto a la personalidad, las tupamaras colgaron de una pared un corazón con su imagen en el centro.
Abundan los testimonios que reconocen que fue el único que pudo hacerle sombra al mismísimo Sendic. Cayó preso varias veces y participó en las dos fugas que protagonizaron los tupamaros en mayo de 1970 y febrero de 1972. Cuando fue detenido por tercera vez, en mayo de 1972, su estrella comenzó a languidecer. Fue señalado como “el” traidor que contribuyó a la derrota militar del MLN, aunque con el paso del tiempo sus acusadores fueron ajustando la dimensión de su defección. A fuerza de acusaciones y de ausencia, Amodio se convirtió en una leyenda negra.
En abril de este año llegó a la redacción de El Observador la información de que algunos medios (luego se sabría que eran El País, La Diaria, Brecha y La República) habían recibido cartas de quien decía ser Amodio. El Observador anunció la existencia de estas cartas y algunos de estos medios reconocieron su existencia. Todos argumentaron que no habían podido confirmar la identidad del autor. No obstante, El País publicó algunos tramos de las misivas. La República anunciaría luego que aunque confirmara la identidad del autor no publicaría nada porque se trataba de un “traidor”. Brecha señaló que seguía intentando contactar a Amodio porque su versión necesitaba ser “contrastada” con otras.Una semana después publicó siete páginas con testimonios sobre la traición de Amodio. Nunca publicó las cartas.
Algunos historiadores y escritores afines al MLN, que escribieron parte de la historia oficial de la organización, relativizaron la importancia de esta sorpresiva aparición. Voces más independientes opinaron que el testimonio –aun cargado de las mismas contradicciones, falsedades y medias verdades que abundan en esa historia oficial– obligaría a ajustar algunos textos. Algo así le pasó al francés Alain Labrousse, que en su libro sobre el MLN dice que Amodio Pérez entregó la cárcel del pueblo. y luego el tupamaro Julio Marenales, después de repetir 40 años esta versión, reconoció que quien dio ese dato fue Adolfo Wassen.
Mientras, la historiadora y extupamara Clara Aldrighi dice en un libro que la traición de Amodio fue “un aporte invalorable” para la derrota del MLN, aunque la evidencia indica que la organización ya estaba en ruinas y en estos días el presidente José Mujica relativizó el peso de la delación.
Con las aguas del pasado agitadas por esta inesperada aparición de quien decía ser Amodio, el 10 de mayo El Observador decidió publicar en su web 15 preguntas dirigidas al presunto exguerrillero. Unas horas después una voz con acento español que decía ser Amodio llamó a la redacción, anunció que enviaría las cartas que en un principio no había mandado al diario y que iba a responder esas 15 preguntas; vía mail envió una foto suya actual que en Uruguay no aventó las dudas. Una fuente militar le había dicho a El País que Amodio había muerto hacía dos años.
El Observador logró que Amodio aceptase una entrevista, la que tuvo lugar en las afueras de Madrid, durante varios días, y que se transcribe en parte en este suplemento (esta noche, a la hora 21, la entrevista se verá en el programa En la mira, de VTV).
Amodio cuenta su historia, por decirlo de alguna manera, en formato clásico tupamaro: sembrando dudas aquí y allá y sin matices ni término medio, sobre todo cuando niega absolutamente haber delatado a alguien.
En Madrid, Amodio contó a El Observador que cuando vio que nadie publicaba sus cartas, se sentó en el ordenador y empezó a redactar una misiva dirigida a El País, a Brecha y a La Diaria en la que les proponía un encuentro en la capital española, medidas de seguridad mediante. Cuando terminó de escribir la carta, contó el exguerrillero, vio en internet las 15 preguntas que El Observador había publicado en su página web: “En ese momento volví a la carta que iba a enviar a los otros medios, la borré y decidí que la nota se la daría solo a El Observador. Y aquí estamos”.