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Dardo Pérez

Fútbol > LA HISTORIA DE DARDO PÉREZ

El consejo de Espárrago, la chorizada para festejar la Libertadores y porqué no entró ante Nottingham Forest: la historia de Dardo Pérez

Arrancó en Nacional a los 12 años y fue campeón de América y del Mundo en 1980

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25 de septiembre de 2021 a las 05:02

Hubo una vez en 1984 que el ataque de Nacional formó con Dardo Pérez por derecha, Carlos Aguilera de 9 y Jorge Villazán por izquierda. Luis Garisto era el entrenador y un día le dijo a Pérez que esa delantera lo emocionaba en las prácticas, pero le agregó: "Te podés imaginar Dardo que si yo juego todos los partidos con los tres enanos, me echan de Nacional", recordó Dardo Pérez a Referí. Faltaba altura, pero sobraba calidad. Pérez fue ascendido a Primera división en 1980 cuando aún no había cumplido 18 años. Participó de aquella campaña inolvidable para los bolsos, logrando el Campeonato Uruguayo, la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental. Marcó dos goles fundamentales en la serie semifinal frente a O'Higgins de Chile y Olimpia de Paraguay, y fue titular en la primera final contra Internacional, el día del éxodo del pueblo tricolor a Porto Alegre.

De cómo llegó a Nacional con 12 años, del consejo que le dio Víctor Espárrago la noche anterior al debut como titular frente a O´Higgins, de lo que pensaron cuando salieron a la cancha del Beira Rio el 30 de julio de 1980 y se toparon con una tribuna entera de hinchas tricolores, de la chorizada en el barrio para festejar la Copa, charló Dardo Pérez con Referí. También de su etapa en Progreso, porque fue integrante del equipo gaucho que ganó el Campeonato Uruguayo en 1989, del descenso con El Tanque Sisley que le puso fin a su carrera de futbolista con apenas 31 años y dio inicio a la de entrenador. Desde hace ocho años dirige a la categoría sub 15 de Nacional, por lo que todos los juveniles que integraron últimamente el plantel principal de Nacional, fueron entrenados por él.

Dardo Pérez, el primero de la izquierda en la fila de abajo, junto al Patito Aguilera



Dardo Pérez nació en 1961 en el barrio Jardines del Hipódromo, a una cuadra y media del estadio de Danubio. Jugó al baby fútbol en el club Primavera, cercano a su casa. Concurrió a practicar a Danubio cuando el técnico era Héctor "Chino" Salva, el mismo que lo llevó a Nacional con 12 años. Aunque tenía edad de baby fútbol, se integró a la Sexta división. En aquella época no había Séptima, por lo que daba dos años de ventaja.

Supo sustituir la falta de estatura con otras virtudes. "Hay puestos en el fútbol que se pueden suplir con rapidez, habilidad. Siempre me gustó que el defensa que me marcaba fuera bien grande, porque la velocidad, el enganche y acomodar el cuerpo para la gente grande es más difícil. A veces me tocaban laterales de mi altura que tenían velocidad, dinámica y fuerza, y pasarlos era mucho más difícil. Pero si el defensor mide 1,80 o 1,90, a veces no es que sea lento, porque hay gente de esa altura que es rápida y potente, pero la velocidad de movimiento del cuerpo a los chiquitos se nos hace más fácil", manifestó.

Nacional, Cannes y ascenso 

Jugó de enganche, a veces de centrodelantero, hasta que se acomodó de puntero en los dos extremos. “Poca gente sabe que soy zurdo porque me vio muchas veces jugar por derecha y en muchos equipos jugué en ambos lados, no solamente acá, también en el exterior. A mi me obligaron a manejar los dos perfiles porque cuando me tocó jugar con 18 años en Primera división, estaban nada menos que Alberto Bica y Cascarilla Morales y muchas veces tuve que suplantar a uno u otro. En Progreso en el 89 también alternaba porque estaban Jhony Miqueiro y Próspero Silva y cuando fui a jugar a Lanús jugué por los dos lados porque por izquierda estaba el uruguayo Villagrán que era figura e ídolo. Casi siempre tuve que jugar con pierna cambiada y ahí uno tiene que aprender obligado”.

Dirigiendo a la categoría sub 15 tricolor

Cuando llegó a Nacional, comienzos de la década de 1970, aparecía en Primera la generación juvenil de Miguel Ignomiriello: Carrasco, Muniz, Pagola, Revetria. “Yo tenía 13 o 14 años y los miraba entrenar. Nacional siempre trabajó bien en juveniles, siempre les dio importancia y puso a gente muy capaz. Recuerdo que tuve al Chongo Escalada, al profe Radamés Ventura, que eran palabras mayores en juveniles. Debido a mi edad compartí con varias generaciones”.

En 1979 integró la selección que ganó invicta el Torneo de Cannes, el único ganado en Europa por juveniles celestes. Solo Pérez pertenecía a Nacional de aquel plantel que dirigían Raúl Bentancur y Esteban Gesto y que integraban, entre otros, el Tano Gutiérrez, Bogado, Seré, Bernate, Vogrincic, Berrueta, López Báez, el Pollo Da Silva, Ernesto Vargas, Chifle Barrios, Confalonieri, Pollo Techera… “¡Mirá todos los jugadores que había en esa juvenil y todos llegaron, muchos jugaron internacionalmente!” se emociona.

Cuando regresó a Montevideo, fue ascendido a Primera por Juan Martín Mugica y Esteban Gesto. “Se estaban haciendo cargo del equipo y me dan la oportunidad de entrenar con el plantel de Primera división. Yo no había cumplido aún 18 años y pensé que iba a entrenar unos días y después volver a mi categoría; por suerte no volví nunca más. Nacional tenía un plantel de profesionales muy grande, había más de 40 jugadores de primera línea, pero el club se propusieron bajar el presupuesto y la cantidad de jugadores en Primera. Entonces Juan termina armando un equipo donde sube como a cinco o seis juveniles para completar la lista de Copa Libertadores. Estaba el Indio Molina, Daniel Enríquez, Wilmar Cabrera, Luzardo y yo; el Hugo (De León) tenía 21 o 22 años, pero ya venía jugado en Primera. Otros con edad media como De La Peña, José Moreira, Alberto Bica y después jugadores mayores como Cacho Blanco, Espárrago y Morales”.

Así se conformó el plantel que ganó todo en 1980.

Dardo Pérez y atrás José Moreira

“Era un equipo con jugadores de una categría que hoy sería imposible mantener. Uno a veces nombra a los titulares, la delantera con Bica, Victorino, Morales y De la Peña, pero afuera estaban Denis Milar, José Cabrera, Enríquez que terminó jugando la final cuando el Hugo es vendido, el Indio Molina, Wilmar Cabrera, había jugadores de un nivel alto”, recordó.

Aquel equipo fue ganando confianza con los partidos y sorprendió con la táctica utilizada: “La idea táctica era jugar al hombre a hombre y lo hacíamos de forma casi perfecta, porque no nos generaba mucho desgaste a nosotros y lo realizábamos en algunos sectores de la cancha, desde el delantero hasta el último jugador. Eso sorprendió, no solo internacionalmente sino a nivel local. Se corría mucho, teníamos una dinámica bárbara y velocidad por las puntas. Entrábamos a la cancha corriendo y salíamos corriendo”.

El gol en la semifinal y la firma del contrato

Debido a una lesión de Bica, Pérez fue titular frente a O’Higgins en Chile. Fue su primer partido internacional y la noche previa no podía dormir. “Estaba en la habitación con Víctor Espárrago, eran las 11 de la noche, estábamos acostados y le digo: ‘Víctor, tengo una ansiedad y unos nervios de que empiece el partido ya’. Me preguntó cuántos años tenía y le dije 19 y me respondió: ‘Yo tengo 35 y también estoy ansioso y deseando que empiece el partido. Vas a ver que mañana cuando pite el juez se te va a ir’. Y fue tal cual, era la calidad que tenía Víctor, no solo adentro de la cancha”.

Nacional ganó 1-0 con gol de Dardo Pérez, un partido que para él fue especial por otro motivo. “En esa época podías jugar cinco partidos en Primera división sin contrato y creo que ese era mi quinto partido. Pero el objetivo de uno como juvenil era jugar, después vendría el contrato e intentaría mejorar en lo económico como todo ser humano. Yo había pedido una plata, por ejemplo $8.000 para arreglar por $7.000. Después que hice el gol dije, ahora quiero $ 8.000. De vuelta a Los Céspedes hablé con el Flaco Rodolfo que me dijo que me quedara tranquilo que no iba a tener problemas. Así que concentré, firmé y al otro día jugamos contra Cerro, pero si no hubiese llegado a un acuerdo igual iba a firmar porque no le podía fallar al cuerpo técnico”.

Tomando apuntes en la práctica de Nacional

El presidente de Nacional era Dante Iocco: “Un fenómeno; siempre digo que se juntaron las tres patas, técnicos, dirigentes y plantel. A pesar de que a veces había alguna deuda, los dirigentes siempre estaban con el plantel, apoyando, dando la cara, diciendo las cosas de frente y por eso es que también nosotros nos brindábamos 100%”.

Espárrago, además de los consejos en la concentración, era un ejemplo en el entrenamiento: “Víctor venía de Europa, era un profesional en todo sentido, a la hora de entrenar, en la concentración, en el descanso, se acostaba y se levantaba temprano y fue acostumbrando a los más jóvenes a estirar. Nosotros estirábamos porque era obligación con el profe que nos pedía 10 o 15 minutos, pero Espárrago se quedaba 15 o 20 minutos más estirando. Nos fue acostumbrando a la importancia que tiene estirar para prevenir lesiones, porque a veces al jugador de fútbol no le gusta. Todos entrenábamos a la par, no había entrenamiento diferenciado para nadie, salvo que alguno estuviera golpeado, pero estando sanos todos al mismo ritmo. Con el profe Gesto eso no se transaba y si no te cuidabas quedabas por el camino”.

Porto Alegre, la chorizada y Tokio

El equipo tricolor llegó a la final de la Copa frente a Internacional y el primer partido fue en Porto Alegre, adonde viajaron unos 20.000 hinchas tricolores. “Sabíamos que iba a ir gente de Nacional, pero nunca nos imaginamos esa cantidad, pensábamos 4.000 o 5.000 personas. Me tocó jugar de titular por izquierda ese partido. Cuando íbamos rumbo a la cancha y sentíamos el griterío, lo primero que se nos ocurrió es que podían estar mezclados con hinchas de Gremio. Cuando asomamos en la cancha y vemos esa tribuna atrás del arco llena de pañuelos blancos, de camiseta y 100% hinchas de Nacional nos sorprendió porque era como ver a la Ámsterdam o Colombes llena. Por suerte hicimos un buen partido y la gente regresó contenta con el 0-0 porque merecimos ganar frente a un equipazo”.

Guardando las pelotas

En la revancha Nacional ganó 1-0 en el Centenario con gol de Victorino y los jugadores no habían preparado un festejo: “Nosotros íbamos partido a partido. No teníamos nada preparado, se estaba jugando la final, con los dientes apretados, pero nada previsto. Terminó el partido y algunos nos fuimos para la casa, hicimos alguna reunión al otro día. Yo me vine con mi familia, hicimos una chorizada con amigos e hinchas del barrio. Como sería que al Chico Moreira le hicieron una nota en el vestuario y en vez de cantar, bailar y festejar, dijo que ahora estábamos pensando en el partido dentro de tres días por el campeonato local porque también teníamos que salir campeón Uruguayo. Parecíamos unos robots, ganar todo lo que se nos ponía adelante”.

La final Intercontinental fue contra el Nottingham Forest, en Tokio. Dardo Pérez estuvo en el banco y no ingresó al campo, si bien estuvo a punto de hacerlo dos veces: “Dos veces me llamó Juan porque Cascarilla estaba con un golpe. Nosotros estábamos calentando, algunos un poquito más con posibilidad de entrar. Tendría que haberle dicho yo, ‘vení Cascarilla, déjame un rato a mi’. Pero nadie quería salir, Cascarilla tenía que estar rengueando para dejar la cancha, y en ese partido no se me dio”.

Nacional ganó 1-0 con gol de Victorino a los 10 minutos. “Era un rival duro, difícil, pero físicamente le jugamos de igual a igual. Tuvimos problemas porque tenían jugadores como Trevor Francis que era un jugador clase A y a pesar de que Espárrago no le dejaba un metro, pero igual era difícil sacársela, era difícil anticiparlo. Tenían unos físicos muy buenos, con una velocidad y dinámica y les jugamos de la misma manera, marcando hombre a hombre toda la cancha, saliendo en equipo. Tuvimos una actuación de Rodolfo Rodríguez brillante y jugadores con una personalidad increíble”.

El resto de su carrera

Para 1983 se fue a jugar en Danubio. Ese año, el equipo de la franja salió vicecampeón uruguayo detrás de Nacional y después ganó la Liguilla. Jugaban Ruben Sosa, José Cabrera, Daniel Martínez, Nelson Alaguich, Jorge Seré, Javier Zeoli. Nacional había conformado el equipo de las estrellas. En 1984 volvió a los tricolores rescatado por Luis Garisto y recuerda un partido de Copa Libertadores: “Contra Independiente, que luego salió campeón, no nos favorecieron los jueces. Tras un córner, Chico Moreira saltó solo y el juez cobró falta. Después vimos las repeticiones y estaba a un metro de Goyén, ni siquiera lo rozó. A veces el fútbol es así, sino podíamos haber pasado alguna fase más”.

Dardo Pérez, Diego Polenta, Juan Carlos Blanco, Sebastián Taborda y Waldemar Victorino en 2014

Su carrera continuó en Ecuador, jugando tres años en Deportivo Quito y luego en Liga Deportiva Universitaria. En 1988 pasó a Lanús y a mitad de 1989 a Progreso. “Vine medio año y salimos campeones uruguayos. Progreso había armado un equipo para no descender, era muy difícil que se salvara del descenso, aunque tenía un equipazo con Pedrucci, Miqueiro, Próspero Silva, Machaín, Sergio Cid, Leo Ramos, Tajo Silva, Bemba Acosta. Había jugadores maduros y con buen pie. El técnico era Saúl Rivero y el profe Barreiro. Fue un año increíble y es muy difícil se le pueda dar de vuelta a Progreso”.

Antes del Uruguayo Progreso había salido último de un campeonato corto. “No anduvieron bien y había enojos por los malos resultados. Pero todo cambió porque cuatro meses después estábamos dando la vuelta. Arrancamos ganando con una confianza bárbara y nos hacíamos muy fuertes en el Paladino, donde la cancha no era la mejor y los equipos que venían se les hacía muy difícil ganar”.

Pierino Lattuada lo fue a buscar para jugar en Sportivo Italiano en 1990 porque estaba armando un equipo para subir a la A, pero no lo consiguió. Sin embargo, en 1991 Pérez volvió a Primera división porque lo contrató El Tanque Sisley, que sí ascendió. “Ese año le ganamos a Nacional, a Peñarol, a Defensor y empatamos con Danubio, pero igual descendimos. Estaba el legendario Sapuca que cantaba 36 años y para mi andaba cerca de los 40; igual jugaba muy bien”.

El bajón y una nueva etapa

Después de esa experiencia, le vino un bajón y dejó el fútbol con 31 años. “Me vinieron pocas ganas de entrenar. Siempre fui muy responsable, maduro, me dediqué al fútbol casi 100%, basé mi carrera deportiva agradeciéndole por sobre todas las cosas a todos los preparadores físicos, Radamés Ventura, el profe Gesto, Barreiro, porque yo necesitaba estar físicamente bien y para eso me cuidaba y me dedicaba. Cuando vi que no tenía esas ganas dije no juego más”.

Desde hace ocho años dirige en Nacional

Unos años después lo fueron a buscar de Basáñez, pero en esa época no tenía ganas ni de jugar un picado con los amigos. “Me vino un bajón de no querer jugar, no sé si fue el descenso. Me arrepiento y si hoy tuviera 31 años no dejaría, buscaría motivarme de otra manera, porque creo que podía haber jugado cuatro o cinco años más. No tenía ninguna lesión, nunca me desgarré”.

Continuó una nueva etapa, la de entrenador, que ya había empezado cuando era juvenil y técnico de un equipo del barrio. Terminó el curso en 2000 y no paró de trabajar. Durante 12 años dirigió todas las categorías de Danubio, inclusive en Primera, hasta que Daniel Enríquez le propuso ir a Nacional y se hizo cargo de los planteles de Primera y Sub 18 del equipo femenino. Lo hizo durante un año y luego continuó al frente de sub 15, hasta la actualidad. Ahora es él el que le dice "enanos" a los jugadores.

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