Mundo > Diputado aliado de Bolsonaro

El credo del Capitao Augusto: nada de flores y más francotiradores contra la violencia

El líder de la denominada "bancada de la bala" aboga por dar más armas "al ciudadano de bien, honesto y correcto"

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01 de noviembre de 2019 a las 11:51

El expolicía Capitao Augusto tiene un cargo difícil de imaginar en otros países: es el líder de la "bancada de la bala", el poderoso lobby de la seguridad en el Congreso de Brasil, partidario de la mano dura contra la criminalidad.

Su argumento: el año pasado hubo en el país más de 57.000 asesinatos. "¿Ese número no es el de una guerra? Sí, estamos en una guerra civil", afirma el legislador, de 53 años, en una entrevista con la AFP en la Cámara de Diputados, en Brasilia.

"Tenemos que combatir esa violencia y eso, desgraciadamente, no se hace con flores", sentencia, bronceado y vestido con un traje azul eléctrico ceñido. En el dedo anular de la mano derecha lleva un gran anillo dorado con el sello del Congreso.

José Augusto Rosa, conocido oficialmente como Capitao Augusto por su condición de capitán en la reserva de la Policía Militar de Sao Paulo, es uno de los más fervientes aliados del presidente ultraderechista Jair Bolsonaro en temas de seguridad en el hemiciclo de Brasilia.

La receta de este diputado del Partido Liberal (PL), que tiene un revólver y una pistola en casa, no diverge de la del mandatario: más armas para los "ciudadanos de bien", penas más duras y una actuación más severa de las fuerzas policiales lograrán contener la criminalidad en uno de los países más violentos del mundo.

"Solo con la retórica ya hemos logrado reducir la criminalidad un 22% en el primer semestre de este año", asegura. "No hubo una mejora en la economía ni en el nivel de empleo ni en el educativo. Lo único significativo fue la elección de un gobierno dispuesto a endurecer la legislación penal", expone.

"Más francotiradores" 

El diputado es relator del grupo de trabajo en la cámara baja que analiza el llamado "paquete anticrimen", el polémico conjunto de leyes contra la criminalidad propuesto en febrero por el ministro de Justicia, el exjuez anticorrupción Sergio Moro, que avanza con lentitud en el Congreso.

Muy criticado por las ONG y partidos izquierdistas, el texto, que el diputado espera que sea votado en noviembre en el plenario, prevé penas más duras contra los criminales y respalda la actuación de policías y civiles en determinadas situaciones de "legítima defensa".

"Con estas leyes vamos a cohibir el crimen y a disminuir el hacinamiento en las cárceles. Cuando muestras a los marginales que el crimen no compensa, que si matan van a la cárcel por 15 o 20 años en régimen cerrado, sin salidas temporales, sin visitas íntimas... se lo piensan dos veces", asegura el diputado, de hablar atropellado.

Pone como ejemplo el caso de Marco Archer, ejecutado por tráfico de drogas en 2015 en Indonesia. "¿Cuántos brasileños volvieron a llevar cocaína a Indonesia después de eso?", se pregunta, sin dejar de seguir los mensajes que le llegan al celular.

La "retórica" del bolsonarismo ya se puso en práctica en estados como Rio de Janeiro, donde se registra al mismo tiempo una reducción del número de asesinatos y un aumento del número de muertes en intervenciones policiales, así como de fallecidos por "balas perdidas".

El gobernador conservador Wilson Witzel promueve el uso de francotiradores contra personas armadas en las favelas, una práctica que propicia escenas de guerra de policías que disparan desde helicópteros y que parece inspirada en un proyecto de ley del propio Capitao Augusto, en trámite en el Legislativo.

"El francotirador puede estar en la favela, en el coche, en el helicóptero, [o actuar] mediante un dron o a pie. Lo importante es el blanco. Los francotiradores deberían ser más utilizados", afirma Augusto.

La Glock, "un Ferrari"

El diputado es un firme defensor del polémico proyecto de ley para flexibilizar la tenencia y el porte de armas que Bolsonaro mandó al Congreso, en reemplazo de los decretos que firmó en mayo y que terminó revocando ante el rechazo de la justicia y el legislativo.

Y también batalla por poner fin al monopolio del fabricante de armas brasileño Taurus y abrir el mercado a compañías extranjeras con armas de "mejor calidad", como la austríaca Glock, a la que considera "un Ferrari" de las armas.

 

"No hay una relación entre dar más armas al ciudadano de bien, honesto y correcto, con el aumento de la criminalidad", dice en contra de lo que dicen numerosos estudios. "Al contrario, eso la va a reducir (...) Los criminales evitarán cometer un crimen por miedo a que la persona esté armada", agrega.

"Es posible que haya excesos (...), pero nosotros no trabajamos con la excepción, trabajamos con la regla", sentencia.

Fuente: AFP

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