13 de mayo de 2015 17:06 hs

Con solo US$350 mil y mucha creatividad, el médico australiano George Miller creó en 1979 una película llamada Mad Max. Estaba protagonizada por el debutante Mel Gibson y transcurría en un mundo distópico, donde el combustible escasea y varias pandillas de motoqueros asolan a las pequeñas poblaciones. Esta película recaudó US$ 100 millones y se convirtió en un clásico de culto.

En 1981 y 1985, Miller lanzó Mad Max 2 y Mad Max 3, ya con un presupuesto mucho mayor. Luego el director se dedicó a otros proyectos como las películas del cerdito Babe, o Happy Feet. Pero desde 1998 tenía en su cabeza la idea de volver al universo de Mad Max.

Desde entonces siguieron varios intentos de filmar, que por diversos motivos fracasaron, hasta que finalmente Mad Max:Furia en el camino inició su producción en 2012.

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Un nuevo Max

En el medio de ese proceso, Mel Gibson envejeció, se hizo director y realizó comentarios desafortunados que lo convirtieron en un paria dentro de Hollywood. Por eso en Mad Max: furia en el camino, el rol de Max Rockatansky, el antiguo policía devenido en vagabundo, es encarnado por Tom Hardy.

Miller planeaba utilizar a Gibson originalmente, aunque Hardy parece ser un buen reemplazo, considerando el talento que demuestra en sus películas.

En esta película, que se estrena hoy en salas de cine uruguayas, el Guerrero del Camino deberá ayudar a un grupo de mujeres lideradas por Furiosa (Charlize Theron), que escapan con un cargamento valioso de la prisión del terrateniente conocido como Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne).

De la vieja escuela

En medio de un panorama cinematográfico en el que abundan las películas de superhéroes cargadas de efectos computarizados, Mad Max se siente como algo diferente, ya que todas las escenas de acción fueron realizadas realmente por los actores y la mayoría de los escenarios que se ven en pantalla son lugares reales.

Si bien Miller decidió apelar a este mecanismo de la “vieja escuela”, es innegable que para la realización de este nuevo filme dispuso de herramientas que no poseía en las anteriores. Por ejemplo, contó con el impulso de un presupuesto de US$ 100 millones, bastante más de aquellos pocos miles con los que filmó la primera parte.

Miller terminó con 480 horas de material, por lo que llevar eso a las dos horas que dura la película fue un arduo trabajo.

De todas formas, las primeras críticas sobre la cinta, que se estrenó ayer en el festival de Cannes, son alentadoras. Reconocen que, a pesar del tiempo transcurrido desde la última vez que Rockatansky recorrió el desierto a bordo de su vehículo, el Interceptor, igual se destaca la adrenalina, los potentes personajes femeninos, el guión y las complejas escenas de acción. Todo indica que la larga espera valió la pena.

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