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El fin de las mayorías parlamentarias: llegó la hora de las negociaciones

Los primeros resultados arrojan un Parlamento más fragmentado que obligará a los partidos a dialogar para aprobar las leyes

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28 de octubre de 2019 a las 05:00

Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou son los únicos que siguen en carrera para el 1º de marzo recibir de manos de Tabaré Vázquez la banda presidencial. Los resultados de este domingo muestran que el Frente Amplio fue el partido más votado, seguido por el Partido Nacional, ubicado a una distancia considerable del Partido Colorado y Cabildo Abierto, encabezados por Ernesto Talvi y Guido Manini Ríos. El economista y el general retirado tienen, desde anoche, una nueva fecha marcada en sus agendas: el 15 de febrero deberán asumir su banca en la Cámara de Senadores.

Los primeros números señalan que tras 15 años el Frente Amplio dejará de tener mayoría en ambas cámaras del Parlamento, un escenario inédito en caso de que Martínez lograra alcanzar la Presidencia. Esta situación obligará a los partidos a tener que dialogar, negociar, zurcir y acordar para aprobar los proyectos de ley que sean redactados y discutidos en las comisiones o enviados desde el Poder Ejecutivo.

Conscientes de que esta situación era más que probable, tanto Martínez como Lacalle Pou han destacado las capacidades y experiencia de sus compañeras de fórmula, Graciela Villar y Beatriz Argimón, para llevar adelante ese rol. Según Martínez, Villar ya lo demostró cuando presidió la Junta Departamental de Montevideo, mientras que Lacalle Pou subraya que Argimón como presidenta del Directorio blanco ha articulado las diferencias internas de los sectores nacionalistas. Pese a que contó con mayorías, en esta legislatura el Frente Amplio aprobó la mayoría de sus proyectos en acuerdo con la oposición. Según un relevamiento del Programa de Estudios Parlamentarios, elaborado por el Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales, en esta legislatura el 76% de las leyes fueron votadas por unanimidad en el Senado (357 en 466 leyes) y si se suman las leyes que recibieron un solo voto en contra, esa proporción asciende a 86% (403).

En 2004, Tabaré Vázquez alcanzó el gobierno en primera vuelta y el oficialismo contó con 52 diputados y 16 senadores, más el vicepresidente Rodolfo Nin Novoa. Cinco años después, Danilo Astori fue el encargado de presidir la Asamblea General y el oficialismo tuvo 50 representantes en la cámara baja y 15 en la cámara alta, cifra que se repitió durante la última legislatura, que tuvo a Raúl Sendic primero y a Lucía Topolansky después como vicepresidentes. Una mirada gruesa del nuevo Parlamento permite observar que tendrá a varios pesos pesados, cuya experiencia para articular las negociaciones puede ser fundamental en busca de la eficacia legislativa.

Aunque es probable que algunos dejen la banca antes de terminar el período, ya sea para volver a cuarteles de invierno o para ocupar un lugar en el Poder Ejecutivo, en los sillones del Senado volverán a sentarse figuras de la talla de José Mujica, Danilo Astori y Lucía Topolansky por el Frente Amplio, Luis Alberto Heber y Jorge Larrañaga por el Partido Nacional, y Julio María Sanguinetti por el Partido Colorado, entre otros.

En caso de que Martínez acceda al gobierno, la bancada oficialista tendrá tres opciones por delante. La primera y más probable es buscar acuerdos puntuales con el resto de los partidos de la oposición. Este camino fue el que buscó allanar el oficialismo en las últimas semanas de la campaña y el que continuará intentando Martínez en este mes que resta.

El ingeniero ha dicho que las propuestas del colorado Ernesto Talvi en educación y seguridad se parecen más a las del Frente Amplio que las del Partido Nacional. Además, en su comando de campaña tienen dudas de que todos los colorados estén de acuerdo en la conformación de una coalición multicolor en la que esté presente Guido Manini Ríos.

La semana pasada, en una rueda de prensa, el presidente Vázquez aseguró que en el próximo período habrá “gobernabilidad” y que sería más fácil para unos que para otros. 

“A veces buscamos tener alianzas totales, sobre todos los puntos, pero a veces hay que buscar conseguir alianzas parciales. El Frente Amplio tuvo que buscar algunas alianzas porque perdimos la mayoría parlamentaria y se encontraron en varios temas”, dijo en referencia al año en que el oficialismo perdió su voto 50 por la salida de Gonzalo Mujica. Las otras dos opciones para Martínez, bastante improbables ambas, son la creación de una coalición o gobernar por decreto, una herramienta considerada un error por el especialista en sistemas electorales Oscar Bottinelli.

El “compromiso con el país” de Lacalle Pou

Una vez que ganó las internas, Lacalle Pou y su equipo se sentaron a estudiar los programas de gobierno de sus adversarios para encontrar las coincidencias sobre las que construir una coalición cuyo nombre aspira a que sea “compromiso con el país”. 

Se tratará, en definitiva, de un “gobierno multicolor” –como ha dicho– que tendrá blancos, colorados y cabildantes como protagonistas aunque también podrá contar con el apoyo de Pablo Mieres (Partido Independiente) y de Edgardo Novick (Partido de la Gente).
La concreción de esta coalición, cuyos diálogos ya empezaron, dará mayoría en ambas cámaras, lo que aseguraría la gobernabilidad.

Uno de los puntos que tendrán que resolver los hoy opositores, es si las negociaciones se producen dentro del Parlamento o afuera a través de “acuerdos de cúpulas” entre los principales dirigentes. 

El nacionalista Lacalle Pou ya ha señalado que su aspiración es que los líderes estén en puestos del Poder Ejecutivo, por lo que los acuerdos podrían surgir desde el gabinete.

Pese a esto, conformación de una coalición con cerca del 30% del electorado será un desafío, ya que en anteriores experiencias el respaldo de la ciudadanía para el partido a la cabeza del gobierno había sido mayor.

La historia desde el retorno de la democracia enseña que, salvo una de las coaliciones, ninguna llegó firme hasta el final. 

La primera estuvo encabezada por Julio María Sanguinetti, se llamó de “entonación nacional” y tuvo acuerdos limitados con el Partido Nacional, liderado por Wilson Ferreira Aldunate. 

Cinco años después, quien accedió al gobierno fue el blanco Luis Alberto Lacalle, quien conformó una coalición de “coincidencia nacional” que se rompió enseguida.

En 1995, el segundo gobierno de Sanguinetti tuvo la coalición más sólida con Alberto Volonté como contraparte. 

La última experiencia fue la del gobierno de Jorge Batlle, que se rompió en el medio de la crisis de 2002, cuando a impulso del nacionalista Jorge Larrañaga los blancos retiraron sus ministros del gabinete.

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