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Andrés Fernández, conocido como "El Gallego", evaluando los daños tras la explosión en Villa Biarritz

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El Gallego, el arquitecto en la explosión de Villa Biarritz que lloró trabajando en Los Palomares

El arquitecto Andrés Fernández lidia a menudo con situaciones extremas como director de Seguridad Edilicia de la IM, desde siniestros que conmocionan la agenda hasta operativos de seguridad en zonas calientes

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10 de agosto de 2022 a las 05:01

Lo que más ansiedad genera a un arquitecto que se paró a los pies de una explosión, que vio a familias renunciar de a decenas a un techo por el peligro de derrumbe, o que tuvo que vestir pasamontañas como precaución en territorio, es no haber llegado aún al lugar de los hechos. 

–La tensión más grande la tenés hasta que no podés dimensionar el riesgo. El pico de estrés está cuando no sabés con qué te vas a encontrar.

En la Unidad de Seguridad Edilicia de la Intendencia de Montevideo (IM) tienen la orden de llamar a Andrés Fernández cuando la gravedad o las repercusiones lo ameriten. Sin importar la hora. El bombazo que sacudió a Villa Biarritz por una fuga de gas el viernes 22 de julio reunió las dos condiciones. 

–Esto no lo había visto nunca en la vida –confesaba el arquitecto de acento agallegado y campera naranja ante los micrófonos, a los que les explicaba que un pilar estaba comprometido, soportando tres veces más carga que aquella para la que había sido ideado. 

Fernández admite a El Observador que "no hay muchas situaciones" que a esta altura de su extensa trayectoria le "generen sorpresa", pero como esa que vivió en Villa Biarritz no tenía precedentes. 

–Hemos visto detonaciones de gas, de garrafas, de aire comprimido, de calefones, ondas expansivas... pero nunca de esa dimensión. La diferencia entre el techo y el piso en ese edificio era de 2,60 metros, y tras la explosión quedó de 3,53. La estructura se movió casi un metro en ese punto. La deformación fue sorprendente. 

El día de la tragedia, los que bordeaban el perímetro vallado repetían dos frases: "están trabajando los bomberos" y "ya llegó el Gallego".

El hombre de la seguridad edilicia

Fernández es uruguayo y pasó buena parte de su vida en este país, pero el apodo desplazó al nombre cuando al año de haber nacido se mudó a Galicia con su familia y no retornó hasta los 17. El liceo lo terminó en el IAVA, desde el que dio el salto para hacer arquitectura en la Universidad de la República (Udelar), aunque "podría haber estudiado casi cualquier cosa". 

Andrés Fernández, conocido como "El Gallego", es el director de Seguridad Edilicia de la IM

El 6 de setiembre de 1993 entró a la IM como inspector de tránsito, cuando Seguridad Edilicia recién había adquirido la calidad de unidad administrativa en la gestión de Tabaré Vázquez. Su origen estuvo en el colapso de un edificio en la calle Soriano que en 1978 se cobró la vida de 16 personas. Fue recién en 2012, con Ana Olivera como intendenta, que adoptó un rol más operativo para actuar codo a codo con los bomberos en las emergencias. 

Arquitecto recibido desde hace 21 años, "El Gallego" empezó cumpliendo inspecciones en un sistema de guardias, hasta asumir la dirección de la unidad en 2016. Entre operativos, controles de rutina y siniestros, hoy tiene bajo su égida en el entorno de 400 expedientes abiertos. 

Pero con varias experiencias en su legajo, Fernández no se permite olvidar "la primera crisis grande".

Aquella vez, el arquitecto de la IM llegó al exhotel sobre Camino Ariel –un edificio de cinco pisos con 60 metros de largo– por una denuncia de hundimiento de piso. Era de noche, llovía y era invierno. Una filtración importante de agua en el techo de la cocina le prendió las primeras luces amarillas, y cada nivel que subía estaba peor. 

–Cuando llego al cuarto piso de techo de bovedilla –recuerda ahora en diálogo con El Observador–, me encuentro una habitación con cuatro niños durmiendo en un colchón. El ala de abajo de la estructura de perfiles de hierro casi no existía. Básicamente, el techo eran solo ladrillos. 

"El Gallego" recuerda haberse tomado media hora para bajar y detenerse a fumar con manos temblorosas. Volvió a subir. 

–Cuando llegué al cuarto piso había gente que desarmaba todo para irse. Yo no había dicho nada. El loco simplemente me vio la cara... y la gente tonta no es. Uno me dijo: 'Yo acá no me voy a morir'.

Andrés Fernández, actual director de Seguridad Edilicia en la IM

El desalojo de unas 150 personas que fueron trasladadas al Saint Bois lo coordinaron con Ana Olivera, entonces subsecretaria del recién creado Ministerio de Desarrollo Social en el primer gobierno de Vázquez. 

–Cuando se fue a demoler el edificio, la pala se apoyó en una esquina y se vino todo abajo. 

El dilema entre el desalojo o no, y la consecuente alternativa de techo que tengan los afectados –que muchas veces son escasas– marca cada expediente. 

–Yo me digo a mí mismo como parámetro: "Si en esta situación me tengo que quedar con mis hijos, ¿prefiero dormir bajo un árbol o quedarme en la casa?" Si prefiero la calle, les digo de irse. 

Su tarea sumó ahora un trabajo mancomunado con la flamante brigada de drogas de la Jefatura de Policía en Montevideo, en que la comuna y el Ministerio del Interior apuestan a tapiar bocas de pasta base que quedan vacías en la ciudad tras el allanamiento. 

"Es una práctica sistemática", sostiene Daniel González, prosecretario general de la IM y asesor cercano a la intendenta Carolina Cosse, que concentra bajo su égida todas las intervenciones en seguridad en busca de "más eficacia". "Ahí es donde pega el perfil (del arquitecto): sale de un día para el otro, sale los fines de semana, es un trabajo 24/7. No es alguien que cumpla un horario", afirma González.

Ese mismo rol es el que destaca el director de Convivencia del Ministerio, Santiago González, con quien comparte las dinámicas del tapiado. "Su trabajo es sensacional. Es un tipo encantador, de esos personajes pintorescos que aparecen de vez en cuando. Y labura", dice el jerarca blanco a El Observador

"Yo lloré en Los Palomares"

Con el mismo apodo de "Gallego" lo conocen en Casavalle. 

Cuando el 21 de diciembre del 2017 el Estado desembarcó en la Comunidad Misiones –conocida popularmente como 'Los Palomares'– tenía identificados a los cabecillas del clan de 'los Chingas', que para entonces habían usurpado el hogar a 110 personas. Fernández cayó con UTE para regularizar las viviendas colgadas, llegó con OSE para colocar contadores, convocó al Plan Juntos, concurrió con la comuna para demoler bocas clausuradas y abrir calles. 

El llamado Operativo Mirador I –y todas sus versiones posteriores en los barrios– tuvo a la cabeza a Gustavo Leal, entonces director de Convivencia de la cartera que conducía Eduardo Bonomi. A la Intendencia le tocó acondicionar 11 casas, una manzana, abrir calles, armar veredas y colocar 150 metros de colectores en tres meses de intervenciones intensivas. 

–Cada vez que entrábamos por una escalinata en Gustavo Volpe teníamos como barricadas, con heladeras y cocinas tiradas –dice el arquitecto–. Había resistencia de algunos sectores de la población, pero no de la mayoría. Los trabajos ahí fueron por casi tres años. Un vecino me vino a buscar un día: "Gallego, ¿sabés lo que me pasó ayer? Me tomé un taxi y me dejó en la puerta de mi casa". 

Archivo 2017, demoliciones en la Comunidad Misiones

Gustavo Leal, cara visible del operativo, recibió en ese tiempo amenazas de muerte. Los técnicos trabajaban en territorio con custodia policial, aunque con el tiempo intentaban alejarla. 

"Un crack", resume el exjerarca frenteamplista sobre el arquitecto de la IM que abría las calles. "Uno de los que no tenía miedo". 

"El Gallego" lo relativiza, aunque convencido de que "se hacía el trabajo que había que hacer para mejorar el entorno". 

–Yo lloré en Los Palomares. De emoción, alegría y miedo. 

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