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El hombre del muro: un repaso a la carrera de Roger Waters

Su historia musical y la importancia de su obra

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21 de octubre de 2018 a las 14:05

Montevideo recibió shows internacionales superlativos este año, como los de David Byrne y Nick Cave, por lo que se podría relativizar la idea de que el concierto de Roger Waters en el Estadio Centenario va a ser el acontecimiento del año. Pero por más escéptico que uno se ponga es innegable que vamos a presenciar un evento histórico, por una variedad de razones que van desde la magnitud del espectáculo que se verá en el Estadio Centenario a la trascendencia de un artista que fue parte de uno de los proyectos musicales más importantes de la segunda mitad del siglo XX.


El rock fue ganando su status de manifestación artística a fines de la década de 1960, al ser parte de un movimiento contracultural juvenil que transformó su tiempo con ecos que resuenan hasta hoy. Pink Floyd, la banda que Roger Waters ayudó a crear en 1965, fue una de las caras visibles de esa revolución. A tal punto que aún hoy el nombre del grupo es un lugar común cuando se quiere referenciar a algún artista que expanda los límites de la música pop. Todo músico que haga algo cercano al rock, pero que incluya pasajes instrumentales climáticos, se salga de la estructura verso, estribillo o use instrumentos distintos, va a ser comparado en algún momento con Pink Floyd, aunque su propuesta no tenga nada que ver con la de esa banda.


Por supuesto hubo y hay artistas que fueron mucho más audaces y experimentales que Pink Floyd, pero pocos lograron el nivel de popularidad de la banda inglesa haciendo una música que parecía destinada a un público minoritario.


Primeros pasos


Roger Waters fue fundamental para el nacimiento de Pink Floyd. En 1963 armó una banda con el baterista Nick Mason y el tecladista Richard Wright, sus compañeros en la facultad de arquitectura, junto a una cambiante lista de músicos. La banda pasó por varios nombres, entre ellos Sigma 6, the Meggadeaths y Tea Set. Como muchas bandas inglesas de esa época, hacían covers de blues estadounidense. Waters comenzó como guitarrista, pero luego se cambió al bajo. En 1964 se sumó Syd Barrett a la banda, quien era amigo de la infancia de Waters.


Fue Barrett el que comenzó a cambiar la propuesta del grupo que se consolidó como un cuarteto. Fue también él quien lo renombró.
Pese a su sonoridad psicodélica, el nombre elegido por Barrett remitía a los nombres propios de los bluseros Pink Anderson y Floyd Council. Aunque Barrett también era un fan del blues norteamericano, empezó a transitar otros senderos. Las largas improvisaciones instrumentales basadas en climas y no en solos virtuosos, el uso de efectos de sonido, (especialmente el eco en la guitarra), el entonces inusual uso de sintetizadores, la especial puesta en escena de sus conciertos y las letras surreales y con un particular sentido del humor, hicieron que Pink Floyd llamara la atención, traspasando el ambiente under en el que se movía. Especialmente a partir del lanzamiento de The Piper at the Gates of Dawn, su primer álbum en 1967, grabado casi al mismo tiempo y en el mismo estudio de grabación que el Sgt. Peppers de los Beatles.


Como Pink Floyd cambió tanto, en los años siguientes este álbum debut ha quedado un tanto relegado del canon. Sin embargo, muestra una cantidad de ideas nuevas que ayudaron a ampliar el concepto de lo que se entendía por música rock. Hay composiciones como Pow R. Toc H. o Interstellar Overdrive que trascienden el concepto de canción, usando la improvisación y los efectos de sonido de manera muy novedosa. Otros temas, como Scarecrow o Flaming, usan técnicas de collage sonoro en una forma diferente a la que contemporáneamente investigaban los Beatles con George Martin.


Fue a partir de ese álbum que Barrett comenzó a mostrar un comportamiento impredecible. Su locura, que marcó gran parte de la temática letrística del Pink Floyd posterior, lo apartó del grupo, de la música y de lo que se suele llamar “vida normal”.


Pese a perder a su frontman, compositor y cantante principal apenas editado su primer álbum, los integrantes de Pink Floyd decidieron, contra todo pronóstico, seguir adelante, reclutando al guitarrista David Gilmour.


Roger Waters había colaborado junto a los otros miembros del grupo en algunas composiciones instrumentales y había sido el único, además de Barrett, en componer a solas un tema en el primer álbum (Take Up Thy Stethoscope and Walk). En A Saucerful of Secrets –el segundo álbum editado en 1968, que aún tiene alguna participación de Barrett– tomaría un rol muy activo como compositor y cantante.
Luego de ese álbum, la banda –integrada por Waters, Gilmour, Wright y Mason– fue desarrollando esa propuesta que juntaba elementos aparentemente muy dispares: el sonido con claras influencias del blues eléctrico de Gilmour, la experimentación con la música electrónica y la tecnología; ambiciosas obras conceptuales junto a canciones de gran sencillez y una búsqueda estética donde todos los detalles –sonido, puesta en escena, diseño– eran tan importantes como lo que trasmitía la música. 


El álbum más redondo de esa etapa es Meddle (1971), un disco no tan conocido por el gran público, que tiene algunos de los mejores momentos del grupo, incluyendo la enorme Echoes, una composición de más de 20 minutos que se extiende por todo el lado B del vinilo. 

Pero todo se resumió casi a la perfección en un disco que sigue siendo uno de los álbumes más populares de todos los tiempos y que marcó un antes y un después en la carrera del grupo y en la música popular en general: The Dark Side of The Moon, editado en 1973. En él Waters tuvo un rol central. Fue por primera vez el letrista de todos los temas y el impulsor de la idea de que el álbum manejara un concepto unificador. Pero el álbum está lejos de ser una obra solo suya. La banda, funcionando como un todo mayor a la suma de sus partes, y con un notable grupo de colaboradores logró una suite de música excelente donde todos los elementos que el grupo había manejado se combinaron de una forma mucho más directa y accesible. Dark Side of The Moon puede ser disfrutado como una obra conceptual, pero también tiene enormes canciones individuales. Su gigantesco éxito comercial puede explicarse por el auge de los equipos de audio de alta fidelidad que permitía descubrir en sucesivas y atentas escuchas su cantidad de capas y elementos sonoros, pero también podía disfrutarse en una radio AM.


Era difícil superar esa cima, que además había convertido al grupo en uno de los más populares del mundo, pero Pink Floyd continuó haciendo grandes obras, como Wish You Were Here (1975) y Animals (1977); el grupo seguía innovando sin perder su popularidad.
Si bien Waters tenía un rol cada vez más central, la banda seguía siendo un colectivo donde cada integrante tenía su protagonismo. Esto cambiaría en el álbum que la banda editaría en 1979.


El muro


Al convertirse en un disco extremadamente popular, que atrajo a nuevas generaciones a su música, The Wall es para muchos la obra de Pink Floyd. Sin embargo, es muy distinto a todo lo que se había hecho. En primer lugar porque no es una obra grupal. Roger Waters creó toda esta obra conceptual semiautobiográfica, que retrata la vida de una estrella de rock llamada Pink. El artista ficticio va construyendo un muro alrededor suyo debido a diferentes traumas: la muerte de su padre en la guerra, la sobreprotección de su madre, la represión escolar, la presión de la fama.


Muchos de los temas de The Wall, como la alienación, la locura y los males del capitalismo, estaban presentes en toda la obra de Pink Floyd, pero de una forma menos directa. Esta era la primera vez que un disco del grupo estaba tan basado en los textos. The Wall es un disco doble con 26 canciones cantadas. En toda la obra de Pink Floyd anterior –10 álbumes– hay poco más de una treintena de canciones.


No todos los integrantes del grupo estaban convencidos de este viraje. La grabación del disco marcó las desavenencias que se venían gestando desde Animals, a tal punto que Wright fue expulsado de la banda por Waters, siendo insólitamente contratado como músico de sesión para tocar en vivo. David Gilmour que se había convertido en la segunda fuerza creativa del grupo, participó como cocompositor de la música en solo dos canciones.


El álbum no fue muy bien recibido por parte de la crítica, que marcó su carácter pretencioso y cierta falta de inventiva musical en comparación con sus obras anteriores. Pero su repercusión popular fue enorme y su perenne vigencia parece desmentir esos reparos.  Las desventuras de Pink, amplificadas por el hoy clásico film de 1982 dirigida por Alan Parker, han seguido tocando la fibra de adolescentes en varias generaciones.


Pink Floyd fue un pionero en el concepto de armar un show donde el centro no está en los músicos, sino en la puesta en escena. Con The Wall fueron más allá. El álbum se convirtió en un megaespectáculo audiovisual, con el famoso muro, marionetas gigantes, dibujos y animaciones revolucionarias y proyecciones futuristas. El filme de Parker utiliza muchos de los elementos creados para el show en vivo.
Solista


Waters había mostrado su veta de crítico social en la canción Corporal Clegg incluida en el álbum A Saucerful of Secrets de 1968. El disco Animals es también una feroz y desencantada critica al consumismo y a la situación política reinante, luego vino The Wall, que mezclaba lo íntimo con lo social. Pero el siguiente álbum fue mucho más directo políticamente.


Con Wright fuera del grupo y Waters y Gilmour distanciados, se editó en 1983 The Final Cut, otra obra totalmente creada por Waters, marcada por la guerra de las Malvinas. El músico veía la aventura militar como una traición a los valores por los cuales su padre había muerto en la segunda guerra mundial.


Es muy discutible considerar a The Final Cut un álbum de Pink Floyd; de hecho el disco fue presentado como “un réquiem para el sueño de posguerra, por Roger Waters, interpretado por Pink Floyd”. Y fue  el último trabajo que el músico hizo como integrante de la banda.
En 1985, Waters dejó el grupo y comenzó un litigio (que perdería) con los demás integrantes por el uso del nombre Pink Floyd. 


La obra solista de Waters siguió el camino conceptual de sus dos últimos discos con Pink Floyd. El muy interesante The Pros and Cons of Hitch Hiking, editado en 1984. El concepto gira en torno a los sueños y pensamientos de un hombre en tiempo real. El álbum cuenta con la participación de Eric Clapton y el saxofonista David Sanborn. Es un trabajo que ha quedado un tanto olvidado, pero es de lo mejor de su obra solista. Luego vendría Radio K.A.O.S. en 1987, que desarrolla una compleja historia acerca de un hombre discapacitado pero con el poder de escuchar todas las ondas radiales en su cabeza. El personaje termina logrando la paz mundial, luego de engañar a todo el planeta acerca de un holocausto nuclear.


En 1992 editaría Amused To Death, un disco que no está basado en una historia, pero que maneja el concepto del exceso de información y el poder de los medios.


Aunque luego Waters pasó 25 años sin editar un álbum de nuevas canciones, estuvo extremadamente ocupado. Hizo bandas sonoras, compuso una ópera (Ça ira en 2005), realizó giras monumentales revisitando The Wall y Dark Side of The Moon y se reunió con sus compañeros de Pink Floyd para el concierto de Live 8 en Londres en 2005.


El año pasado salió Is This the Life We Really Want?, su cuarto disco (o quinto si se tiene en cuenta el de la ópera) solista. Aunque tiene una tenue línea conductora de reflexión sobre los tiempos que estamos viviendo, es el menos conceptual de su carrera. La idea de que este fuera una obra menos teatral fue de su productor Nigel Godrich, celebre por sus trabajos con Radiohead y Beck. En cuanto al sonido y la concepción, el álbum es el más cercano a su época de oro con Pink Floyd. Para promocionarlo, Waters se embarcó en una gira mundial titulada Us + Them, con el acostumbrado nivel multimediático de todos sus shows desde The Wall. El concierto está basado principalmente en canciones de Pink Floyd (con cierta preeminencia de temas de Dark Side of The Moon) más algunas canciones de su nuevo disco. Este es el show que se verá en Montevideo, algo que parecía imposible, pero, como otros imposibles, el próximo 3 de noviembre Roger Waters estará en el Estadio Centenario. 

Escondido

Roger Waters es el compositor de algunas de las canciones más conocidas de todos los tiempos. Pero aquí van algunas de sus joyas escondidas:

Set the Controls For The Heart of The Sun


Para los seguidores de Pink Floyd este tema de 1968 no es desconocido, pero no forma parte de los grandes hits. Incluida en su segundo disco es una composición futurista basada en textos milenarios. Guarda la curiosidad de ser el único tema de la banda donde grabaron sus cinco integrantes (Waters, Barrett, Gilmour, Wright y Mason).

Grantchester Meadows


Un tema bucólico con aire a campo inglés solo con la voz y la guitarra acústica de Waters acompañada por el canto de los pájaros. Incluida en Ummagumma, uno de los discos menos apreciados del grupo, de 1969.

If


La canción de 1970 que abre el lado B de Atom Heart Mother tiene cierto aire de milonga. Una canción mínima y acústica que contrasta con la idea del Pink Floyd grandilocuente.

The Nile Song


De 1972, es una de las canciones más roqueras. Una composición de Waters cantada por David Gilmour, incluida en la banda sonora de More, uno de los discos menos conocidos de Pink Floyd.

Smell the Roses


Incluida en su reciente disco solista, remite casi inmediatamente al Roger Waters de Wish You Where Here y Animals, 40 años después

Entradas para Montevideo
Todavía quedan entradas para el concierto del Estadio Centenario. Hay lugar en los distintos sectores vip (desde $ 7.360 hasta $ 16.100), 
también en el anillo 3 de la Olímpica ($ 2.070) y el anillo 3 de la Colombes ($ 1.730) y algunas numeradas en las tribunas América y Olímpica.  
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