15 de noviembre de 2012 16:17 hs

Siempre supimos que la producción ganadera se realiza con una mezcla de activos de muy diferente riesgo y rentabilidad. La tierra, el ganado y el capital de trabajo pueden ser fácilmente distinguibles como resultado de una disección anatómica del negocio.

Para parte de nuestros inversores hemos desarrollado un modelo de negocio que denominamos grupos Hernandarias y una de estas empresas nos dio la satisfacción acumular resultados económicos muy destacados entre las 38 empresas del Basalto que Fucrea juntó y analizó hace aproximadamente un mes. Es así entonces que nos pareció de valor compartir esta filosofía de trabajo con nuestros lectores.

Hernandarias es un modelo de negocios basado en dos convicciones: la primera es que, en términos de rentabilidad pura y dura en ganadería y en el corto plazo es más importante invertir poco que producir mucho. Todos sabemos que seremos más rentable en este negocio haciendo ganadería sobre campo arrendado que sobre campo propio y es por la misma razón que somos todavía más rentables si arrendamos tierra y ganado y solo ponemos el capital de trabajo.

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La segunda convicción surge de la constatación de que desde hace 10 años al menos, el ganado como activo ha tenido una valorización anual del 18% y esto es más dinero del que se puede obtener “fabricando” carne. Atendiendo a este segundo aspecto, el sistema de producción utilizado debe evitar que exista un stock de animales que por ser “la fábrica” nunca se venderán. Así como se confunde el que cree que la valorización de la tierra es disponibilidad de dinero porque nadie vive de vender tierra, cuando las vacas son “invendibles” se parecen mucho al activo tierra y dejarán de aportar liquidez.

A las debilidades que nos genera trabajar con capital de otros (tierra y ganado) les oponemos nuestras fortalezas. Para empezar, una escala elevada que es el resultado natural de invertir muy poco por hectárea (solo el capital de trabajo) y que nos disminuye costos fijos a casi la mitad de lo que nuestros colegas tienen y que nos permite dedicar personas especializadas a las actividades burocráticas y comerciales cada vez más exigentes hoy. Aquí existen campos con la mitad de un administrador, un tercio de una balanza y las dos terceras partes de una camioneta que es lo que realmente se precisa pero que resulta tan difícil de realizar cuando se trata de diferentes productores agropecuarios.

Si se trabaja a elevada escala la gestión no puede basarse en el ojo del amo sino en protocolos detallados y en negocios muy simples y con un foco preciso. Nosotros no vamos al campo una vez por mes para ver qué hay que hacer, vamos a verificar que lo previsto se haya hecho.

Si no existe capacidad de inversión por tratarse de campos arrendados, entonces el sistema de producción será la fabricación de terneros y el engorde de vacas que son los únicos rubros eficientes con tan poca comida. Como muchas veces decimos: sobre campo natural y en invierno la única forma de producir carne es adentro de la panza de una vaca.

Al ingresar a la cría nos enfrentamos con sus enormes ineficiencias y las hemos enfrentado con estrategias específicas. Primero, al tiempo muerto que demora una ternera en transformarse en un vientre lo hemos enfrentado eliminando la recría y vendiendo tanto los machos como las hembras; al tiempo improductivo de una vaca desde que queda preñada hasta que nos da un ternero lo hemos contrarrestado comprando vacas a parir o piezas de cría; a la ineficiencia de una vaca fallada la hemos suprimido con su engorde y venta o con un entore durante todo el año, según las relaciones de precio.

Es esta la invernada que nos permite hacer el campo natural y aunque pueda parecer absurdo invernar en campos de cría, la tozudez se basa en que constituye la única forma de hacer “toma de ganancias” en un negocio que se valoriza al 18% anual.

No es el nuestro un sistema de producción mejor que otros o el que imaginemos para el Uruguay. Pero es la respuesta a un análisis específico de quienes, como nosotros, debemos producir con dinero de inversores y bajo la fuerte tensión que genera el pago anual de una renta por el campo y el ofrecimiento de resultados económicos a quienes nos dieron el dinero. No hay nada que agudice más el ingenio que este estrés y no siempre la zanahoria que nos hace mover la tenemos adelante.

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