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El mundo loco, un ataúd descartado y el saludo de Sanguinetti a Vázquez

Un llamado entre presidentes que confirmó a Uruguay como una isla de estabilidad en la región

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26 de noviembre de 2019 a las 05:01

“Lo llamo de colega a colega para felicitarlo por la forma en que está ocurriendo todo. En este mundo loco no es poca cosa la paz de la que estamos disfrutando en esta elección”. La voz del expresidente colorado Julio Sanguinetti viajó desde su teléfono fijo de la calle Zorrilla de San Martín hasta la casa de calle Buschental donde el presidente frenteamplista Tabaré Vázquez escuchó el saludo de quien, junto a él y a José Batlle y Ordóñez, fueron los únicos políticos en ser electos dos veces para ejercer la cúspide del poder uruguayo.

Sanguinetti le dijo que era imperioso cuidar esa pacífica “singularidad” ya que ese “mundo loco” no está muy lejos de estas costas sureñas y basta con recorrer las cercanías del continente para anoticiarse de la inestabilidad en Bolivia, de las protestas violentas en Colombia o en Chile, de la precariedad del gobierno venezolano o, sin ir más lejos, de la mentada grieta argentina o de los vaivenes del gigante brasileño en donde el ultraderechista Jair Bolsonaro amenaza con abandonar el Mercosur mientras Lula desde su flamante libertad lo acusa de fomentar el odio.

Vázquez le agradeció el “gesto republicano” y luego, ya despojados de toda solemnidad, se dieron a la conversación de cuestiones personales, de cosas que versan sobre la vida doméstica de dos viejos conocidos.

Luego, tras votar en La Teja, Vázquez agradeció el saludo públicamente. “Tuve el honor de recibir una llamada telefónica de Sanguinetti. Me dijo que era un orgullo para el país (estas elecciones) y eventualmente un cambio de gobierno de la forma en que lo estamos haciendo”, dijo.

Más tarde, cuando la apertura de las urnas empezaron a caldear los ánimos –en el caso de los uruguayos suele tratarse de un caldo apenas tibio– las cámaras de televisión y los teléfonos celulares llegaron a captar algunos episodios menos violentos que tontos. Así se vio un falso cajón mortuorio que, con las iniciales del Frente Amplio, serpenteó entre los brazos arriba de alguna gente que esperaba el resultado de la elección frente al bunker de Luis Lacalle Pou. Otras manos lo bajaron apresuradamente y el ataúd de cartón no volvió a aparecer.

 

“¿Ustedes se imaginan lo que hubiera sido en Argentina una noche como esta, con un presidente que no es reconocido por la otra parte?”, comentó Sanguinetti a sus allegados sin esperar la previsible respuesta.

En 1983 durante la campaña electoral argentina que llevó al gobierno a Raúl Alfonsín tras ocho años de dictadura, un ataúd similar pero con las siglas de la Unión Cívica Radical (UCR) fue prendido fuego por parte del influyente dirigente peronista Herminio Iglesias en el escenario donde el Partido Justicialista realizaba su acto de cierre. Dicen los analistas que esas llamas fueron fundamentales para volcar la elección a favor de Alfonsín en una Argentina que estaba harta de violencia pero que luego caería una y otra vez en el ritual de la sangre.

Sanguinetti recordó las peripecias de la política argentina cuando ya bien entrada la noche del domingo se supo que el frenteamplista Daniel Martínez no reconocería su derrota pese a que los votos contados y por contar le informaban que era irreversible.

“¿Ustedes se imaginan lo que hubiera sido en Argentina una noche como esta, con un presidente que no es reconocido por la otra parte?”, comentó Sanguinetti a sus allegados sin esperar la previsible respuesta.

Sanguinetti y Vázquez supieron enfrentarse en una elección acaso más pareja que la de este domingo. En los comicios de 1994, cuando aún no había balotaje, Sanguinetti fue electo presidente tras alcanzar el 32,35% de los votos, frente a los 31,21 del nacionalista Alberto Volonté y a los 30,61% de Vázquez. Ese domingo 27 de noviembre también las encuestadoras estuvieron en el centro de la atención y de tardecita una de ellas dio ganador al Frente Amplio tras un fallido escrutinio a boca de urna. En la casa del Partido Colorado hubo llantos que se fueron calmando cuando un  militante se acercó a Sanguinetti buscando consuelo. “No, no, el Frente no gana. Esto es entre Volonté y yo”, respondió el líder colorado.

Pese a la paridad, pasadas las 20:30 el politólogo Luis Eduardo González apareció en la televisión anunciando el triunfo de Sanguinetti. Los perdedores reconocieron la derrota y a otra cosa.

En las actuales circunstancias de secuela electoral inesperada, la mansedumbre uruguaya –que muchas veces impacienta– vuelve a asegurar un cambio político sin dramas.

Las fatalidades y la felicidad, como las cosas más importantes de la vida, están en otra parte.

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