El cantante español Raphael ha construido un personaje reconocible en casi todo el mundo gracias a ciertas peculiaridades y a un inmenso bagaje artístico que no viene al caso analizar. Con su fama, con sus discos de oro y de platino, y después de ser aclamado en la región, Raphael llegó a Montevideo y la intendencia lo declaró Visitante Ilustre de la ciudad. Todo muy lindo hasta que algunos uruguayos se enteraron y tronaron a través de Facebook y de Twitter que es la nueva forma de conocer cómo piensan los uruguayos.
Que quién es Raphael, que qué hizo para merecer esa distinción, que nos olvidamos de “los hermanos Cardozo” y nos acordamos de un español medio empalagoso.
No importa que testifiquen a favor del “niño de Linares” algunos de los mas reconocidos popes del rock, la balada y la canción de autor de casi todo el mundo. En Uruguay tenemos la posta. En las redes sociales se acusó a Raphael de desviaciones ideológicas, de tener dudosos gustos musicales y de practicar lo kitsch, como si eso fuera un demérito por sí solo. Para estos uruguayos, el kitsch luce divino en el circuito under pero es una bizarreada cuando se lo expone en los grandes escenarios del mundo. Para ellos, lo que hace Danni Umpi es “recool” pero lo que hace Raphael, salvando el profundísimo abismo, es una mariconada. ¿De dónde salieron estos uruguayos agrandaditos como nunca y provincianos como siempre? Menos mal que en Sudáfrica no salimos campeones del mundo. Quién nos banca.