Luego de alternar su lugar de residencia y de trabajo en ámbitos rurales y otros ciudadanos, hace 20 años Luis Fresia y su señora María Silva decidieron afincarse definitivamente en el campo y dedicarse a la horticultura. El motivo no fue exclusivamente comercial. Lo hicieron para darle la mejor calidad de vida posible a sus hijos, que acababan de nacer. Hoy, curiosamente, ambos están en Montevideo: Axel trabaja como panadero y Mikaela estudia ciencias sociales. Y, al menos por el momento, no quieren saber nada con la granja, algo que suele suceder en el sector.
La charla con este granjero –quien como tantos heredó la profesión de sus padres–, tras recorrer la zona donde tiene varios canteros con perejil, comenzó aludiendo a una frase que para Fresia quedó totalmente fuera de moda: “Regalado, como perejil de feria”.
Ese concepto “hoy por suerte no tiene lugar”, enfatizó. Explicó que “hubo una época en la que el perejil capaz no estaba tan valorado en la gastronomía como hoy, que era algo marginal, de poco valor, la gento no lo usaba como ahora y por eso el feriante regalaba un ramito a modo de yapa o si lo vendía era por pocos pesos y obviamente para el productor era un rubro menor, pero hoy como debe ser el perejil vale, capaz no todo lo que debería, pero tiene su precio y por suerte ya no corre ese dicho que fue popular”.
Luego de reiterar que “hoy se demanda más perejil, se lo usa más y por eso uno lo produce más”, añadió que “no es bueno para el granjero que haya cualquier producto que se regale o se venda a un precio mínimo... atrás de todo producto hay inversión, hay trabajo, sacrificio, todo producto que llegue al mercado tiene que valer algo”.
Este productor, explicó, para el perejil utiliza una genética vegetal procedente de Italia, que da lo que popularmente se conoce como “perejil de hoja ancha”, lo que otorga un desarrollo a la planta y a la hoja mayor que el perejil común, “con más posibilidad de hacer cortes y con más calidad en el producto que estéticamente es muy atractivo”.
La plantación se hace en junio, se comienza a cosechar en setiembre y luego se realizan cortes hasta noviembre del año siguiente, aproximadamente. El período entre corte y corte varía, dependiendo del estado del tiempo, porque inciden las sequías y las heladas por ejemplo.
A esta altura del año si no hay dificultades se puede hacer el corte en la misma planta cada 20 días, explicó mientras mostraba el procedimiento al periodista.
Juan Samuelle
Juan Samuelle Con tres manojos se arma un atado. En cada jaula o cajón caben seis atados. La docena de atados genera, en el caso de lo que recibe Fresia hoy, $ 400. Eso, admitió, cubre los costos productivos y deja un margen. “El perejil me da la ventaja, al producirlo todo el año, que puedo tener un momento de precio bajo y que no me sirva, pero a la larga en el año el resultado es bueno, porque son más los momentos en los que el precio me compensa”, mencionó.
“El rubro me sirve, me suma, la misma planta me da producción todo un año y eso me tiene a salvo de un mes que sea malo”, comentó defendiendo al perejil.
La intermediación
Otro aspecto que Fresia trató en la charla es el de la intermediación. Precisó que es una actividad que se respeta, que en muchos casos es necesaria, que es legal, pero enseguida dijo que al granjero le genera cierto malestar cuando ve que un producto que vendió a un precio determinado el consumidor “lo termina pagando al doble o mucho más y eso no es justo”.
Señaló que “el granjero es el que corre con todos los riesgos, con lo climático, con la sequía, un temporal que rompe el invernáculo, cuando graniza... pero siempre recibe menos que otras partes que no corren esos riesgos. Y eso te duele. Uno lo sabe, no es nuevo y no sé si se podrá arreglar. Por eso dijo que me conviene vender lo más directo posible al consumidor. Hay gente que entiendo tiene sus gastos, sus impuestos, pero que pasa cajones de un lado a otro y solo con eso gana más que uno”. Lo que pide, remarcó, “es que todos mantengan su trabajo, pero que a uno que genera lo fundamental que es el producto le llegue un poquito más de plata”.
Juan Samuelle En La Armonía
Fresia tiene su granja en la zona de paraje La Armonía, cerca de Sauce, a la altura del km 43 de la ruta 33, en Canelones. Allí junto con su señora posee 4 hectáreas en producción y el modo de explicar lo que hace puede diferir.
Una manera es mencionar que por un lado maneja rubros que reportan producción todo el año, como el perejil, pero también apio, acelga o puerro. Y, a la vez, produce otros más estacionales, como berenjena, morrón, tomate o pepino.
Parte de la producción, la gran mayoría, se hace de modo convencional, es decir aplicando racionalmente agroquímicos, pero desde hace un año se sumó la producción ecológica, en tierras que llevaban muchos años sin uso productivo y con base en ese sistema hoy genera acelga, kale, cebolla de verdeo y ciboulette.
Tanto la producción de modo ecológico como la tradicional se hace al aire libre, a campo, o en áreas protegidas –en 1.200 m2 de invernáculos–.
Fresia destina su producción sobre todo al Mercado Modelo. Hay dos camioneros que pasan todos los días o día por medio a recoger la mercadería. Y hay algo de producción que la vende directo a ferias en la zona donde vive y produce.
Lejos del covid
Este productor dijo que “hay cosas buenas” que se deben mencionar y entre ellas la importancia de las campañas de difusión sobre el valor de comer más hortalizas, “porque son un alimento sano, nutritivo, normalmente de buen precio”. En ese sentido, “al menos lo que uno ve acá es que se está produciendo más, y se vende más, se consume más, es la sensación y eso es muy bueno por la salud de la gente y para uno que vive de esta producción”.
Y, considerando por último un tema “que está muy de moda”, Fresia reflexionó que “acá en el campo no existe el covid-19, acá es más fácil estar lejos de eso, acá no precisamos la mascarilla, sí la usamos para ir a la ciudad claro, pero hasta en ese tema estamos viendo que es muy lindo vivir y trabajar en el campo”.
Juan Samuelle Apuesta a la producción ecológica tras una mala experiencia
La apuesta a la producción ecológica en la granja de Luis Fresia tiene un por qué.
Hace cuatro años un “mal manejo” de un productor vecino que “está en el macronegocio de la agricultura y siembra soja” hizo que llegaran al arroyo Valenzuela agroquímicos que dañaron los cultivos de siete granjeros.
“Usó productos con una dosis 10 veces mayor a la que está permitida”, indicó.
“El caso está en la Justicia, pero como productores aprendimos, sentimos que debíamos dar nuestro paso y decidimos producir de modo ecológico, al menos en un sector; y hasta hice un pozo para tener reserva de agua pura por si vuelve a pasar eso con el arroyo”, comentó Fresia.