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El psicólogo de Los Teros y la pelea por combatir el "síndrome del hermano menor" de los uruguayos

Juan José Grande dio detalles cómo se gestó la victoria ante Fiji y cómo la filosofía de Los Teros trasciende al rugby y tiene mucho que ver con la forma de ser del uruguayo

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04 de octubre de 2019 a las 00:34

Juan José Grande es un psicólogo deportivo argentino, con vasta experiencia en el deporte, integrante del equipo del tenista Juan Martín Del Potro, entre otros. Es el psicólogo de Los Teros desde 2016, y en esta charla cuenta cómo se creó la frase de shockear al mundo, como Los Teros lograron la hazaña de ganarle a Fiji. También su opinión de que los uruguayos nos descansamos en un “techo de comodidad” por tener poca población. Y también cómo el deporte de alto rendimiento es muy parecido al amor.

Habla en el podcast Medioscrum el psicólogo Juanjo Grande.


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El capitán Juan Gaminara dice que sos como el termómetro del equipo, que le indica cuándo apretar y cuando aflojar. ¿Lo sentís así?
El "Garrafa" es demasiado generoso. Pero es cierto que en estos tres años hemos estado muy cerca uno de otro, lo que permite que entre todos podamos hacer diagnósticos bastante acertados de cómo están emocionalmente para enfrentar cada partido, cada desafío. En estos tres años hubo una evolución claramente visible de estos Teros, con la culminación de  la participación en este mundial y ese partido con Fiji que fue algún muy excepcional, emocionante. Con Craig White, el PF que tuvo un rol muy importante en este último año y medio del proceso, se hizo un camp hace unos meses en Montevideo. Uno de los objetivos era obtener una frase que definiera a qué íbamos al Mundial. Los jugadores dijeron: shockear al mundo y continuar con esa incansable vocación de seguir escribiendo la historia. Y así fue.

Eso salió de una jornada entera de discusión en el grupo. ¿Cómo se llegó a la frase?
Fue un sábado entero, se hicieron varios grupos incluyendo a staff y jugadores. Fue muy profundo. Esa actividad la programó Craig, que es el que tiene experiencia en ese tipo de dinámicas. La idea era ir diciendo cosas, decir a qué iba cada uno al mundial y luego hacer una síntesis del mensaje de cada uno. Para eso fue importante una foto del partido ante Canadá en Vancouver, en la que se ve en el calentamiento a todo el equipo entrenando juntos, en bloque. Es muy fuerte. Y debajo de esa foto se puso esa frase.

Hay una característica del uruguayo: tiene mucha facilidad para escuchar. No tienen esta soberbia que tanto daño nos hace a los argentinos. 

Decía Meneses: no es que somos unos locos soñadores. Si soñamos la victoria es porque nis preparamos para eso.
Los seres humanos tenemos esa cosa increíble que cuando se nos ocurre una cosa medio imposible y lo tomamos como un sueño, muchas veces, trabajando mucho, comprometiéndose en todo sentido en el proyecto, se logra que esos sueños se vuelvan realidad. Articulados con el trabajo se convierten en algo real. Es muy conmovedor la fuerza de un grupo trabajando por un mismo objetivo.
El partido con Fiji fue muy emocionante. Había una convicción de los jugadores, fundamentalmente, de que era posible. Pero no como algo impuesto de buena voluntad, como quien quiere levantarle el ánimo a alguien. Era en serio. Esa convicción fue lo que hizo que quieran ganarle a estos fijianos que son fuertísimos y juega ese rugby tan creativo y tan difícil de prever. Defendieron muy bien y tuvieron muy buenos momentos de ataque, además de que se distribuyó en una cantidad de tackles asombroso.

¿Cómo fue tu llegada a Uruguay, a trabajar en un país que no era el tuyo?
Yo diría que Uruguay es mi país padrino. Veraneo ahí desde que tengo un año. Corrí regatas toda mi vida en Colonia. A veces uno se lleva mejor con el padrino que con el padre. Uruguay me ha dado mucho, y el Mono (Meneses) es mas chico que yo pero es tan maduro y responsable que te apadrina. Él me lo propuso en noviembre de 2016, me dijo si tenía ganas de ir a Japón. Yo no entendía mucho, pero me agregó que necesitaba formar un equipo, que no era fácil, que había cosas que se le escapaban. Me contó cómo era el grupo, me entusiasmó. En enero yo estaba de vacaciones en Uruguay, agarré el auto, nos reunimos con Ale Nieto, Garrafa y otros. Conocí a los jugadores y hubo una química muy linda, una sensación de mucha completitud. Y ahí empezamos a trabajar en el primer objetivo que era ganarle a Canadá y clasificar directo al mundial.

Es muy conmovedor la fuerza de un grupo trabajando por un mismo objetivo.

Era un momento incómodo: tres derrotas en la ventana de noviembre, problemas internos en la estructura de selecciones...
Por lo general los psicólogos llegamos en los momentos incómodos (ríe). Era un momento incómodo pero también muy maduro. Las frutas caen de los árboles en momentos maduros. Ni cuando están verdes no cuando se pudren en el piso. Acá no había algo podrido en el piso. Aca habian cosas que habían caído de maduras, las agarramos bien maduras pero no podridas. Fue fácil ponerse a trabajar. Hay una característica del uruguayo: tiene mucha facilidad para escuchar. No tienen esa soberbia que tanto daño nos hace a los argentinos. Con las ganas de escuchar, la posibilidad de entendernos bien, y un panorama muy fértil y muchas ganas de superarse, se hacen las cosas mucho más fáciles. Ese clima gobernó al equipo y al staff este año.
Hubo un trabajo muy fuerte en la parte física. Con un trabajo muy fuerte del staff, pfs, kinesiólogos, complementado por presencias de profesionales que vienierdon de inglaterra a dar su profesionalismo y enseñarnos cosas que no teníamos a nuestro alcance. Y otra vez con ese ánimo tan permeable de los uruguayos germinó en terreno fértil y los chicos llegaron al mundial con una preparación física profesional.

En el libro de Los Teros, varios protagonistas destacan como un momento clave la charla que tuviste con el plantel antes del partido con Canadá en Vancouver. ¿Cómo la recordás?
Fue algo inolvidable. Nos reunimos una noche todos los jugadores y yo. Yo al Mono siempre le digo que puede estar presente pero él prefiere dejar a los jugadores solos conmigo. Si se me permite una pequeña teoría, que puede estar errada, yo tengo la sensación de que ustedes tienen ese legado de hermano menor. Tienen arriba a Brasil y al costado a Argentina, apretándolos y como que su suerte depende de lo que decidamos los monstruos que tienen al lado. A mi me parecía bastante arraigada esa cultura de hacer lo mejor que se puede, con una cierta resignación implícita de decir: ‘total, somos pocos, chicos, hacemos lo que podemos’. Yo combati mucho esa comodidad con techo visible. Combatí todo lo que pude eso y encontré un eco enorme en los jugadores. Si no no podía llegar muy lejos con esa idea. Les expliqué lo que era el inconsciente colectivo, y que estaba la idea de que haciendo un buen papel en Vancouver alcanzaba. Los que estábamos ahí sabíamos que no lo era y que ellos se habían preparado para ganar el partido. Y ese partido en Vancouver fue inolvidable.

 Me parecía bastante arraigada esa cultura de hacer lo mejor que se puede, con una cierta resignación implícita de decir: ‘total, somos pocos, chicos, hacemos lo que podemos’. Yo combati mucho esa comodidad con techo visible. Combatí todo lo que pude eso y encontré un eco enorme en los jugadores.

Otro punto importante que manejó Meneses de ese partido fue saber controlar la emoción para la vuelta. Pensar más en el juego, para no desbordarse.
Lo que he aprendido es que la emoción, a diferencia de la racionalidad, no se puede manejar. A veces abrís la canilla del agua y sale tan fuerte que salpica para todos lados y deja de ser conducente, y pasa a ser algo sin control. Con la emoción pasa algo parecido. A veces hay que abrir mucho la canilla y tratar de que el flujo sea más grande. Pero con este grupo es tan grande la emoción y tienen tan claro lo que quieren, por obra del staff técnico y de los jugadores, que en muchos momentos abrís la canilla y sale demasiada agua. En la alta competencia la emoción es necesaria para convocar y dar un sentido trascendente. Pero si tenés demasiada emoción, eso termina haciendo que el jugador, al estar tan emocionado, se olvide de jugar. Y lo que define es el que juega mejor al rugby. La esencia que intento manifestarles a ellos es eso. 
Es lo mismo de los videos emocionales: son muy lindos pero es un arma de doble filo. Si vos le mostras a un jugador lo que le dijo la abuela cuando estaba enferma horas antes de un partido trascendental, ¿qué hace luego con esa emoción? ¿Dónde la mete? ¿Cómo te asegurás que no le produzca un desequilibrio emocional al jugador? No te lo puede asegurar nadie. Como tuvimos la dicha enorme de tener tanta motivación y compromiso de los jugadores, no fue necesario andar con el fuelle agitando el fuego. Al contrario, había que sacar el pie del acelerador y volver a las raíces el juego, y dejar la emoción más tabicada.

Trabajamos en ese clima fértil, que te convoca a dar algo mas que te trasciende

¿Contra Fiji fue algo similar?
Tuvimos que graduar la apertura de la canilla. Es muy impresionante escuchar al capitán en el vestuario antes de salir a jugar. Estabamos con Gonzalo Cortinas (manager del equipo): él cumplió 65 años ahí y yo tengo 60, de esas tenemos varias. Y los dos estábamos llorando por lo que decía Garrafa: que ellos estaban preparados, que hace cuatro años venían preparándose, y repitió el shockear al mundo. Y en el entretiempo dijo algo muy fuerte: que Fiji había hecho 12 cambios y que les habían faltado el respeto. Lo dijo muy emocionado. Lo digo y me emociono. Así salieron al segundo tiempo en el que defendieron con todo porque Fiji se venía.

El de Meneses es un liderazgo horizontal, que comparte espacio con los líderes. ¿Cómo lo analizás?
Líderes como el Mono te invitan fuertemente a tu conseguir tu máxima madurez posible. Yo no sé si soy tan maduro, tan efectivo a mi trabajo, pero el Mono y el plantel me convocan a algo que me trasciende a mi mismo y me coloca en un estado superior. Oscar Wilde decía que la distancia entre lo sublime y lo pueril es un milímetro. Y para mí es sublime lo que da la confianza en el otro. Ellos tenían una confianza en lo que yo podía dar y sacaron lo mejor de mí. Como hace el amor: una persona que te ama hace un mejor Ignacio, un mejor Juanjo. Ellos sacaron lo mejor de mí mismo, y eso para mí es el producto de liderazgo horizontal. Pero cuando el Mono tiene que tomar decisiones o hablar fuerte no le tiembla el pulso, la horizontalidad no sinónimo de blandura o inconsistencia. Trabajamos en ese clima fértil, que te convoca a dar algo mas que trasciende a lo que vos tenés o sabés. Creo que todos dimos un plus que fue la causa de poner a Uruguay en el mundo del rugby de una manera diferente. Y trasciende al rugby en sí mismo. Toda esta gesta de estos cuatro años trasciende al hecho de ganar un partido de rugby.

Es sublime lo que da la confianza en el otro. Ellos tenían una confianza en lo que yo podía dar y sacaron lo mejor de mí. Como hace el amor: una persona que te ama hace mejor 

¿Cómo fue el desafío de volver a enfocarse mentalmente tras esa victoria?
Fueron cuatro días difíciles porque al otro dia tuvimos que hacer un viaje de varias horas de colectivo, tren y colectivo de vuelta. No era un problema de logística, fue extraordinaria, el Bata Slinger y Fede Izeta, el manager y el preparador físico, habían ido a Japón a ver los lugares. Ese viaje largo fue aprovechado por los jugadores para mirando los videos. Llegamos esa noche casados y exigidos. En esos dos días que quedaron tratamos de hacer una recuperación física y mental y lo logramos. Pero una de esas cosas maravillosas del deporte es que ganas un partido como el de Fiji y después perdés un partido que dolió mucho. El deporte es tan concreto para decirte cuando ganas y cuando perdés, que debería generar en todos una aprendizaje gigantesco.

¿Cómo encarar los partidos con Australia y Gales, que son una especie de segundo torneo dentro del mundial, diferente a los dos anteriores por la distancia con los rivales?
El desafío de los seres humanos es la superación. Cuando tenés rivales como Australia y Gales la convocatoria es aprender y mostrarle al mundo que estás haciendo las cosas bien. No hay que mentirse a sí mismo. La posibilidad de ganarle a Australia y Gales es ínfima. Pero son pasos evolutivos que aumentan enormemente la posibilidad del aprendizaje. De nuevo es volver a shockear al mundo aunque el resultado no sea favorable. Hay una manera mucho más amplia de analizar cómo un equipo jugó un partido. No siempre es el tanteador lo que hay que ver.  Me parece demasiado mezquino y simplificador solo guiarse por cómo terminó el partido. Los maestros nos enseñan que generalmente es mas importante el camino que el destino. Y Uruguay está en un camino de crecimiento, de evolución enorme, de enorme compromiso por la causa. Y hay que seguir escribiendo esa historia. El dia antes que me viniera  tuvimos una charla en que se habló de eso, de cómo volver a sorprender. Y que venían dos partidos que son un sueño.

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