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El ruido

En un contexto de aumento exponencial de casos de coronavirus es necesario que autoridades y potíticos bajen el volumen de la discusión 

Centro de vacunación contra el coronavirus

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05 de abril de 2021 a las 05:03

Por Daniel Supervielle, periodista, analista, director de comunicación estratégica y política de CERES

Uruguay vive un momento inédito en su joven historia al tener que enfrentar una pandemia para la cual ni la ciencia ni la política estaban preparadas.

El tradicional refrán que sostiene que las crisis son oportunidades es muy lindo de escuchar, pero difícil de procesar cuando el viento arrecia y las olas pegan sin piedad desde hace más de un año contra un barco que, pese a su buena armazón, es pequeño y su tripulación está cansada de tanto trajín.

Es muy temprano para hacer evaluaciones definitivas y poner ligeramente a la libertad responsable en la guillotina. Hay que esperar que pase la tormenta, a la que todavía le queda mucho tiempo.
El gobierno lideró con mano firme y rumbo claro el timón durante el 2020 y en el 2021, al retorno del verano y cuando las vacunas iniciaban su derrotero paralelo para inmunizar a la población, el coronavirus mostró su verdadera cara y se rebeló contra las estadísticas que mostraban que Uruguay venía teniendo un comportamiento envidiable en la disputa diaria contra la epidemia. El virus es traicionero, muta y mata.

Crecimientos de contagios exponenciales, récords diarios de muertos y presión sobre los centros de salud interpelan a todos y cada uno de los ciudadanos que nacimos y queremos a este país. En el marco de una disputa cuerpo a cuerpo con el virus y ante el nerviosismo y la angustia propia de aquellos que quieren recuperar la vida de antes del 13-M 2020 es hasta lógico que se produzca un griterío. ¡Es el mundo entero el que está en llamas!

El griterío se alimenta en las redes sociales convertidas en un pozo negro de la condición humana puesta a prueba. La circulación de opiniones infundadas, alertas, información, memes, fotografías, reflexiones, críticas, advertencias, burlas, enchastres, insultos desde el anonimato y noticias amarillas no hace otra cosa que predisponernos a la saturación personal rápida y al pensamiento irracional.

Queremos adjudicar culpas totales y buscamos verdades absolutas cuando no las hay. Seas oficialista u oposición, o nada, el entrar en el mundo de las redes y escuchar radios e informativos de las siete donde el único tema es el avance de la pandemia o la amplificación de las polémicas de las redes, hace que el griterío y el exceso de información te nublen y no te deje pensar bien.

El disenso es fundamental en cualquier democracia para alcanzar los consensos. Pero si la exposición de esos disensos necesarios viene rodeada de una manija permanente contra el camino elegido como República para enfrentar la situación y las denostaciones permanentes suenan como un loop interminable, no hay posibilidad alguna de alcanzar un punto de encuentro.

Para muchos actores públicos y políticos pareciese que el regodeo de meter el dedo en el ojo es más importante que generar los climas propicios para poder llegar el estado del alma necesario para poder alcanzar la claridad necesaria para seguir avanzando mejor.

De ambos lados del espectro político hay expertos en ahondar grietas que encuentran sus 15 minutos de fama provocando al que piensa distinto.

Es una forma miserable de hacerse escuchar y de hacer política donde el egoísmo de tener efímeros instantes de fama sepulta toda capacidad de generar los ánimos para sentarse a ver cómo salimos todos de esta, más unidos y fuertes como nación.

Ganar las discusiones en las redes es como hacerlo ante la chusma.  Por eso cuando el bioquímico Rafael Radi que lidera el Grupo Asesor Científico Honorario sostuvo en Telemundo que a esta altura del partido no importa “no se trata de ver quien tiene la razón, acá tenemos un problema sanitario” se genera un silencio positivo que permite razonar.

“Tenemos que bajar la agitación, estos momentos para la nación son momentos que requieren de la máxima calma.

Es un problema de todos y todos tenemos que ser parte de la solución. De nada sirve el ruido, de nada sirve definir puntualmente quien le ganó a quien una discusión.
Acá hay un tema sanitario real y lo cierto es que los casos siguen en aumento”, agregó.

Por eso a quienes tienen responsabilidades políticas en esta crisis parece oportuno pedirles que traten de no subir el volumen del griterío para poder calmar el ruido y así escucharse mejor por el bien del Uruguay

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