Opinión > EDITORIAL

El socialismo que nunca fue

Gran parte de la izquierda latinoamericana sucumbe ante la tentación autoritaria

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21 de junio de 2018 a las 05:00

Cuando Hugo Chávez anunció el lanzamiento del socialismo del siglo XXI un periodista le preguntó en qué consistía con relación a la esfumada versión soviética. La respuesta del autócrata caribeño fue: "No sé, habrá que inventarlo". El invento fue un populismo autoritario de izquierda que arrastró a un pequeño puñado de líderes afines de otros países, respaldado por la lluvia venezolana de petrodólares mientras el petróleo estaba caro y abundaba y antes de que los vaivenes en ese mercado, la incompetencia de gestión y una rampante corrupción precipitaran a Venezuela al colapso bajo el sucesor de Chávez. Pero como siempre ocurre, la realidad no demoró en golpear la puerta. El chavista bloque bolivariano se debilitó prontamente, limitado a cuatro gobiernos que se tambalean en el desorden político y el ahogo económico. Al tope de la lista está la Venezuela del dictador Nicolás Maduro, alma máter de un experimento fragmentado por sus propias inconsistencias. Su efímero sustento, el petróleo venezolano, ha caído a su nivel más bajo de producción en 33 años. La nación caribeña ya no puede seguir respaldando con petróleo más o menos regalado a la dictadura de Cuba o al régimen de Daniel Ortega en Nicaragua.

En Bolivia, el presidente Evo Morales enfrenta dura oposición a sus intentos de postularse ilegalmente para seguir en el poder, tratando de imitar a los 58 años de absolutismo cubano, los 19 del chavismo y los 11 de Ortega. El quinto integrante original del bloque, Ecuador, lo abandonó cuando el actual presidente Lenin Moreno revirtió los desmanes represivos de su antecesor Rafael Correa, hoy radiado de la escena política. La Argentina del corrupto kirchnerismo populista, que precipitó a esa nación al borde de la ruina, nunca integró formalmente el grupo bolivariano pero simpatizaba abiertamente con el chavismo a cambio de voluminosa ayuda financiera.

Cuba cambió de figuras pero sigue con el mismo régimen y las mismas ideas que han hecho fracasar su revolución bajo la dictadura castrista. Con recortado acceso al petróleo barato de Venezuela, el régimen habanero enfrenta empeoradas angustias económicas. Ortega fue más tolerante con el sector privado que Maduro y la dictadura cubana, pero lo asedia desde hace dos meses una rebelión civil reprimida ferozmente por el gobernante nicaragüense y que ha causado ya más de un centenar de muertos.

De este creciente colapso regional de la izquierda solo se salva el Frente Amplio que gobierna Uruguay y los gobiernos de nombre "socialista" que han gobernado en Chile (Lagos una vez y Bachelet dos) en lo que va del siglo XXI. Se diferencian de los regímenes bolivarianos en su respeto a la condición democrática del país y el estado de derecho. No han intentado prolongarse en el poder mediante reelecciones indefinidas y reformas constitucionales. Es una izquierda democrática que en general ha manejado con mayor prudencia que sus pares la gestión macroeconómica, confiando más en la economía de mercado que en el dirigismo estatal. Enfrentan actualmente dificultades por el fin de la bonanza internacional. Además se han mostrado incapaces de mejorar el crucial tema de la educación. Pero en ambos países se respeta el estado de derecho. El resto de la izquierda latinoamericana sucumbe ante la tentación autoritaria, mesiánica y socialista. El socialismo del siglo XXI ha fracasado tanto como el del siglo XIX. Y por las mismas razones.l

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