Franco está aprendiendo, de a poco, a utilizar el balde. Pero tiene 3 años y todavía le queda bastante alto. “Él sabe usar el wáter, porque cuando va a la casa de mi suegra lo usa, pero ahora tengo que enseñarle acá”. Y cuando Catherin Riveti, su madre, dice “acá” refiere a un balde de pintura que prefiere no destapar porque adentro está lleno de excrementos. El baño improvisado se ubica al lado de su cama, donde duermen Franco, Catherin y su marido. Y donde va a dormir Micaela, cuando nazca, el mes que viene.
El sueño del baño digno
Por falta de saneamiento, los vecinos realizan sus necesidades en tarros