Estando en plena campaña de reproductores parece oportuno poner foco en un punto de altísima importancia a la hora de elegir un toro para la compra o para usar en inseminación artificial. Parece haber consenso entre los ganaderos que el principal costo del rubro cría es el mantenimiento de la vaca en una aceptable buena condición corporal que le permita preñarse y criar su ternero sin perder condición.
En general solo tenemos el indicador del frame de un reproductor como para evaluar la situación –aunque no siempre–, pero además tenemos que conocer el frame de nuestro rodeo para entender si es el adecuado o no a la oferta forrajera que tenemos, y si “resiste” o conviene incorporar un toro de mayor o de menor frame. En la búsqueda de una mejor performance de los terneros (mayores pesos al destete y final) puede ocurrir que, al dejar las hembras como reposición, con el paso de los años estemos aumentando el frame de nuestras vacas sin quererlo, lo cual incidirá significativamente en nuestro principal costo. Recordemos que el efecto de la genética es “permanente y acumulativo” y que una vez incorporadas nuevas líneas a nuestro rodeo, quedarán allí por décadas.
Para ilustrar con un ejemplo, la diferencia en más en el peso final de una vaca de frame 6 respecto de una de frame 4 es un 13% y en el peso de las carcasas de un 19%. Naturalmente la hacienda de mayor frame cuesta más pero como contrapartida ofrece más carne, siempre que esta carne tenga buena calificación en el frigorífico y aquí es donde empiezan a jugar los atributos de calidad carnicera, algo que dejamos para analizar otro día.