En setiembre de 2011 Nacional sufre los peores momentos de su recorrida por el Apertura, de esos que hoy parecen ser parte del pasado lejano y que muy pocos recuerdan, pero que forman la estructura del mejor equipo del año (así lo dice la Tabla Anual). El trabajo del entrenador Marcelo Gallardo está bajo sospecha, porque no le encuentra la vuelta al equipo, el silencio de la tribuna es la peor expresión del hincha y los dirigentes comienzan a mirar con desconfianza el proceso del debutante DT –excepto el presidente Ricardo Alarcón que siempre confío en él–; entonces le ofrecen al argentino a Sergio Rodríguez y a Joe Bizera para reforzar la defensa, porque Sebastián Coates había emigrado a Inglaterra, el argentino Poclaba no colmaba las expectativas y Jadson Viera estaba lesionado. Gallardo podía haber tomado por el camino más corto y más sencillo: aceptaba los ofrecimientos de los dirigentes, y en caso de no conquistar el primer lugar hubiera compartido culpas. Sin embargo, prefirió confiar en el plantel que armó para definir el título del primer semestre. La fortuna que requiere cualquier conquista, porque los errores que surgieron a todo nivel en Peñarol despejaron el camino para llegar al título en forma hazañosa, y la confianza que Gallardo depositó en su grupo, una decisión que reforzó el ánimo de los suyos, resultaron claves. No vinieron Rodríguez ni Bizera y terminó jugando con Darwin Torres como zaguero.
El triunfo del estratega
En momentos claves de la temporada, Gallardo tomó decisiones que fueron determinantes