A pesar de las fábulas de Esopo, de Moby Dick, Colmillo Blanco, la mona Chita, el caballo Silver, los animales de la granja de Orwell, la rata Firmin o el suave y peludo Platero, el personaje animal más extraordinario y conmovedor continúa siendo Argos, perro de Ulises, que en una escena inmortal de la literatura reconoce a su dueño después de 20 años de ausencia a pesar de que el ingenioso griego regresa disfrazado a Ítaca.
Dentro de esta larga tradición animalista hay que ubicar Memorias de una osa polar, de la japonesa radicada en Alemania Yoko Tawada, que no solo presenta tres generaciones de osos polares muy inteligentes sino que les cede la palabra la mayor parte del libro. Cálida y muy ingeniosa, la novela es, además de una gran historia ,un verdadero fresco de época donde los principales acontecimientos del siglo XX tienen su lugar.
Aquí, como en la ciencia ficción, lo importante es que el lector supere la incredulidad y se entregue al juego sin prejuicios. Tawada lo logra en solo tres páginas gracias a su sugestiva prosa y al planteo de mil cuestiones que ya de entrada resultan atractivas.
La primera osa, a pesar de no haber nacido en la Rusia soviética, es un orgullo para el régimen, que no duda en explotarla. Será ella, la más amaestrada y castigada, la que dé el salto a la literatura para buscar una libertad que le ha sido robada desde su infancia.
La parodia resulta tan efectiva que el lector pronto olvida que quien habla es un animal. O mejor dicho, los humanos pasan a ser los animales y la osa un ser humano inteligente que los mira a través de un microscopio
Hay que decir que la metamorfosis de simple animal a animal consciente es genial, se vive como natural y tiene consecuencias insospechadas para la osa, que rápidamente ve como sus textos se convierten en bestsellers. Esto le sirve a la autora no solo para ir construyendo la huida de la osa a Alemania, sino también para ponerla en un millón de situaciones límite, como negociar con su editor, eludir la censura o escribir por encargo.
La parodia, presente a lo largo de todo el libro, resulta tan efectiva que el lector pronto olvida que quien habla es un animal. O mejor dicho, los humanos pasan a ser los animales y la osa un ser humano inteligente que los mira a través de un microscopio. Una vez que Tawada se lanza no hay quien la pare.
De la Alemania del muro de Berlín a los skinheads, realiza una radiografía profunda de una época convulsa. De allí el animal irá a Canadá, paraíso de los osos polares que termina siendo un fiasco y que la hace regresar, casada y embarazada, al viejo continente, donde dará a luz a Tosca, la segunda osa, que a su vez tendrá a Knut, el último del linaje que ya nace en un zoológico de Berlín.
Pero lo importante de Memorias de una osa polar es que es una novela que habla sobre muchos temas con profundidad y encanto. La búsqueda de una identidad personal, el desarraigo, el peso de la fama, la fragilidad del arte o la rebeldía ante la opresión son solo algunos ejemplos.
La novela tiene además una dimensión extra, que es el relato de cómo ven estos tres osos a los seres humanos como especie. Tawada, por suerte, no cae en lugares comunes y traza una semblanza que aunque deja al género humano bastante mal parado, tiene la suficiente sabiduría para mostrar también ese lado amable y compasivo que aún conserva el llamado Homo sapiens.
Hay escenas luminosas como cuando la osa polar descubre que es la única de piel blanca entre varios osos pardos, lo que le sirve a Tawada para tratar el tema de la discriminación. O cuando defiende al circo expresando que es el lugar por excelencia del arte, ya que es el único que no excluye a los niños. También hay una dulce nostalgia que impregna todo el libro. Y una constante reivindicación del libre albedrío.
Memorias de una osa polar se disfruta de la primera a la última página.
Ficha
Memorias de una osa polar
De: Yoko Tawada
Editorial: Anagrama
Páginas: 289
Precio: $ 990