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En Coco, la emoción va hasta el hueso

Lo más reciente de Pixar es una joya visual sobre la familia que lo hará reír y llorar

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17 de enero de 2018 a las 19:00

Todo aquel que cruce la boletería, que abandone toda esperanza de decepcionarse. Porque Coco es una maravilla visual, una emocionante y divertida aventura, y una lacrimógena historia sobre la importancia de la familia, el olvido, la muerte y la búsqueda incesante de la fama.

Presentado como un viaje casual al mundo de los muertos que se basa en la cultura mexicana y en la celebración del Día de los Muertos, condimentada con guiños a la Divina comedia, es un nuevo hit de Pixar, y la candidata a vencer en la categoría de Mejor película animada en los Oscar. Incluso, no sería descabellado ni incorrecto que estuviera nominada a Mejor película, como ya lo estuvieron Up: una aventura de altura, y Toy Story 3.

Coco, el título de la película, viene de uno de sus personajes. Es el apodo de una anciana, la integrante más vieja de una familia de zapateros. Su madre comenzó el negocio cuando su padre las abandonó para dedicarse a la música. Y ahora su hija es la matriarca del clan, los Rivera. La familia rechaza cualquier acercamiento a la música por el dolor causado por la partida del antepasado. Pero Miguel, la rama más joven de ese árbol genealógico, sueña con calzarse una guitarra e imitar a su ídolo, Ernesto De La Cruz, el artista más célebre de México, una especie de Pedro Infante a la enésima potencia.

Situación Disney tradicional: la familia se opone a ese sueño, Miguel reniega de los suyos, se escapa y roba la guitarra de De La Cruz de su panteón durante el Día de Muertos. Pero el instrumento lo lleva, justamente, al mundo donde residen los espíritus de los difuntos que, cada año, viajan por ese día a visitar a sus parientes vivos. Allí empieza su recorrido en busca de sus antepasados, pero es mejor no dar más detalles, porque así se disfrutan más las vueltas y giros de la película.

Sentarse ante una película de Pixar es esperar algo de calidad (salvo contadas excepciones como Cars 2). Y Coco no decepciona en ningún rubro. Habrá risas, habrá tiempo para maravillarse con los impresionantes efectos visuales. Recomendación: lleve pañuelos porque sobre el final se acumulan una serie de golpes emotivos, vinculados sobre todo al cariño familiar, que emocionar hasta al más duro.

Quizás las canciones no sean tan memorables como en otras producciones de Disney (justo cuando es un eje de la película) pero cumplen su cometido narrativo.

El gran mérito cultural de Coco es el respeto con el que trata a las tradiciones, los rasgos y la sociedad mexicana. No hay caricatura, el nivel de atención al detalle es elevadísimo (desde apariciones de figuras culturales hasta sutilezas estéticas) y no hay un filtro estadounidense.

Eso sucede incluso aunque los personajes hablen inglés. Los términos en español y los modismos mexicanos se intercalan a gusto y no molestan. De hecho, los actores ni se molestan en ocultar su acento. Y eso le da un valor aún mayor a una película que logra evadir esa postura habitual de los estudios de creer que el producto tiene que tener una cercanía con el público estadounidense para ser entendida.

Por fuera de posibles asociaciones políticas, Coco es una carta de amor a la cultura mexicana y también a la familia. La herencia latina que uruguayos y mexicanos comparten junto con el valor que la familia tiene (en sus sentido más extendido, de tíos, primos, abuelos y tatarabuelos) pega fuerte. Y también es una reflexión sobre la muerte, su aceptación y el recuerdo a los que ya no están. No se deje engañar por los dibujos animados. Esto no es (solo) para niños.

21.224 entradas. Lleva vendidas Coco en su primera semana en cartelera en Uruguay, según datos de la distribuidora RBS. Es la misma cifra que logró Star Wars 8 en sus primeros siete días.

US$ 175 millones. Es el presupuesto estimado para la película. Actualmente lleva recaudados en todo el mundo unos US$ 625 millones en taquilla.

Pixar es mejor cuando es original

La originalidad es una de las señas de identidad de Pixar. La recreación del cerebro humano de Intensa-mente o los paisajes de Wall-E son mágicos. El mundo de los muertos de Coco no es la excepción. Pixar es parte del imperio Disney; ese contrato los obliga a producir dos secuelas o precuelas por cada película original, pero es en estas últimas donde el estudio brilla realmente, más allá de gigantes excepciones como Toy Story 3. Los elementos de la cultura mexicana como los alebrijes, los perros xolos, las guirnaldas de papel picado y las calacas son recreadas y utilizadas para confeccionar un mundo propio, de gran calidad visual, y de una espectacularidad impresionante, que solo eleva el poder que tiene la película en su narrativa.
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