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En el Uruguay donde de eso no se habla

Los niveles de autocrítica en los actores de la vida nacional, desde la política hasta el fútbol, han conocido un pronunciado y peligroso descenso en tiempos recientes; el Uruguay de antes, tan crítico con todo, está desapareciendo

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07 de junio de 2019 a las 05:01

Con el respeto que profeso hacia O. W. Tabárez, y que en anteriores ocasiones he demostrado en esta columna (incluso en los tiempos difíciles cuando era casi mayoría quienes pedían su cabeza), es que me atrevo a discrepar completamente con el comentario emitido por el entrenador tras la eliminación de Uruguay en el mundial sub-20. Dijo, y lo cito en totalidad para que no arriesgarme a ejercer una descontextualización: “En cuanto a sensaciones lo que he visto de las reacciones de la gente en la calle, análisis de periodistas, hubo poca rabia y mucha tristeza en las reacciones de la gente. No se vieron grandes reproches y creo que eso es porque hubo un antes de este partido de Ecuador, que hizo mejor las cosas y ganó bien el partido, pero creo que hubo cosas positivas. Se vieron futbolistas que dan esperanza que pueden crecer en la medida que lo han hechos estos jóvenes que están en la selección y que esta continuidad entre las selecciones juveniles y la mayor pueda ir extendiéndose. Desde ese punto de vista es positivo. Lo otro es parte de la cultura. Aceptar los resultados, la realidad y yo soy muy creyente de los que vuelven de las derrotas. El que pierde y ha tenido vivencias, los primeros momentos son de frustración pero cuando se es fuerte y se mira hacia adelante, se aprendió cosas. Y son como huellas que van quedando y muchas veces, y me pasó, es un impulso. Y cuando se dan otras cosas como tener una experiencia anterior para poder superarlas. No es un pecado (quedar eliminados). Es algo que puede pasar".

En primer lugar, es una perogrullada mayor decir que este tipo de situación “es algo que puede pasar”. En esta vida, todo puede pasar, por lo tanto, recurrir a la consabida muletilla es intentar salir por la puerta de incendio para evitar dar explicaciones. En el fondo, eso es lo único que pretendemos los uruguayos: entender por qué se jugó tan mal. Y esto nos lleva un mal nacional. Creo que el principal problema de la sociedad uruguaya en tiempos de post-dictadura es la creciente pérdida de autocrítica. No es ya una cuestión de partido político, pues en el juego de percepciones erróneas y de mutismo complaciente nadie se libra de responsabilidades. De pronto, los uruguayos, no todos, pero al menos un número cada vez mayor, comenzó a celebrar la autocondescendencia. Aumenta la criminalidad, y nadie tiene la culpa, y no solo eso, resulta también, según algunos opinan, que el ministro del Interior es el mejor que hemos tenido en los tiempos de democracia. Y no quiero decir que los anteriores hayan sido mejores, sino que la lógica de que en el país de los ciegos el tuerto es rey, a mí no me convence.

Los niveles de educación son cada vez más deficitarios y nadie es responsable. Y de ahí en adelante podemos saltar a cualquier rubro de la vida nacional. Si aplicáramos esa reprobable y facilona lógica a situaciones específicas, que en definitiva son las que cuentan y hacen la diferencia en la vida, como por ejemplo la medicina, un cirujano sería bueno porque a él se le mueren los pacientes menos que a los demás. No es que sea bueno, es que no mata a tantos pacientes como otros colegas. Nadie en la aeronavegación comercial se atrevería a decir que determinado capitán es buen piloto, porque “solo” tuvo tres accidentes graves con fatalidades.

El ejercicio de la autocrítica, cuando se trata de asuntos colectivos de importancia, y el fútbol es uno de ellos, resulta fundamental para mantener la vara alta y que la sociedad en sus distintas dimensiones siga operando en base a pensamiento, inteligencia y sentido de responsabilidad, tanto respecto a los aciertos como a los errores. Entonces, lo bueno es que “no se vieron grandes reproches” (Tabárez dixit), esto es, lo positivo está en el hecho de que todo haya pasado casi desapercibido. Corríjanme si me equivoco, pero en las palabras del entrenador no veo la más mínima pizca de autocrítica y de intento de explicación respecto a las cosas que se hicieron mal y que se deben mejorar. De eso, no solo en el fútbol, sino también en otros niveles de la vida nacional, seguimos sin hablar. De eso, no se habla. Sorprende, aunque tal vez no tanto, que la política de barrer la mugre para abajo de la alfombra y mantener las apariencias se está convirtiendo en parte de la identidad nacional, a la que algunos cada vez más, aplauden y celebran.

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