"Esto no fue racismo, fue una pelea callejera. Todos los días se pelean en las calles y nunca pasa nada”, declaró Ximena, una de las agresoras de Tania Ramírez, a Subrayado. El fiscal Carlos Negro y el juez Juan Carlos Fernández Lecchini le creyeron. “Tania no fue agredida por su condición racial”, dijo el fiscal a El Observador. El juez procesó con prisión a Ximena, junto a dos de sus compañeras, por el delito de lesiones graves intencionales.La cuarta sigue prófuga.
Entre la golpiza a Tania, el 14 de diciembre, y el procesamiento de las tres agresoras, el 30 de enero, hubo innumerables casos que no vieron la luz mediática y quedaron en moretones.
Algunos pocos terminaron con el procesamiento de los agresores, como ocurrió en Punta del Diablo. Este enero, un joven de 20 años que fue víctima de una golpiza a la salida de El Club, terminó con ambas piernas y un brazo fracturados. El agresor fue identificado y procesado con prisión en el juzgado de Chuy por lesiones graves, el mismo delito por el que fueron procesadas tres de las cuatro agresoras de Tania.
Las lesiones se consideran graves cuando de ellas se deriva una enfermedad que haga peligrar la vida de la persona o una incapacidad para atender las ocupaciones ordinarias, y la debilitación permanente de un sentido o un órgano.
De todas maneras, según los jueces consultados, son pocos los que denuncian y aun cuando la víctima presenta la denuncia penal, en la mayoría de los casos no llega a haber procesados.
El problema está en que muchas veces los violentos logran huir sin dejar rastros, dicen policías y magistrados. En el caso de Tania, los canales de televisión encontraron a las agresoras antes que la Policía. Finalmente, fueron ellas quienes se entregaron en la comisaría.
Las cifras del Ministerio del Interior confirman que aunque todos los fines de semana llegan denuncias por episodios violentos, pocos terminan tras las rejas. Según esos datos, desde mayo de 2012 hasta este enero, 22 hombres ingresaron a Cárcel Central por este delito, mientras que cinco lo hicieron por riñas.
En el mismo período, 14 mujeres ingresaron al Centro Nacional de Rehabilitación Femenino por el delito de lesiones graves intencionales. Una lo hizo por riña.
Si bien los hombres siguen llevando la delantera, las mujeres los están alcanzando en cuanto a niveles de violencia, según señalaron los jueces penales consultados.
También afirman que este tipo de episodios se concentran en los barrios costeros, donde se ubican la mayoría de los boliches. El juez penal Eduardo Pereyra precisó que las denuncias se dan con mayor frecuencia en las seccionales que cubren la zona costera y entre la 1 de la mañana y las 12 del mediodía.
El juez Fernández Lecchini confirmó que las riñas sin lesiones no terminan con procesamientos. “Si no hay lesiones, no tiene sentido procesar”, agregó.
Consultadas sobre este tema, fuentes policiales explicaron que las denuncias a veces “hay que tomarlas con pinzas” porque provienen de personas que estaban alcoholizadas. “Vienen y dicen que les pegaron, pero uno nunca sabe si no se cayó y se lastimó”, dijo un comisario a El Observador.
Minutos antes de la golpiza a Tania afuera de Azabache, hubo otra gresca generalizada en la puerta del mismo boliche, informaron fuentes policiales a El Observador. Pero como no hubo lesionados graves, el episodio quedó en la “nada”, como decía Ximena.
También llegaron a la Justicia riñas con lesionados –aunque leves– ocurridas en La Paloma y en Aguas Dulces. Los participantes de las grescas se culparon mutuamente en el juzgado. El defensor de oficio del juzgado de Rocha, Gonzalo López, quien representaba a las dos partes en ambos casos, les explicó cuál era el escenario: si mantenían la denuncia, todos serían procesados. La levantaron.
Una adolescente denunció a mediados de enero que al salir del boliche La Diosa, en Rincón y Ciudadela, un muchacho le pegó un puñetazo en el rostro, en medio de un lío. No logró identificar a testigos ni a agresores.
El 12 de enero, en la calle Ricaldoni, en el parque Batlle, a metros de Azabache, tres hombres insultan y golpearon a otro. “Pero lo que pasa es que él estaba en estado etílico total; igual se cayó y se pegó, y uno quiso ayudarlo a levantarse y él dice que le quiso pegar”, agregó un agente policial, quien sentenció: “Son cosas para tomar medio con pinzas”.
El sociólogo Luis Eduardo Morás, especializado en seguridad ciudadana y violencia, afirmó a El Observador que “no hay estudios sistemáticos ni profundos” sobre la naturaleza de esta violencia. Consideró que es intrascendente preguntarse si hay más o menos delitos, cuando se desconocen los motivos que los generan. “¿Qué sentido tiene decir que hay más o menos violencia? ¿Cuáles son los cambios?”, se pregunta. “No sabemos”, responde.
A su juicio, sobre este tema “hay más prejuicios que certezas”, pero a la hora de responder sobre qué provoca estos episodios, se anima a especular.
“Hay una creciente pulsión por satisfacer deseos de forma inmediata, que no se resuelve con diálogo sino con violencia. En el caso de Tania, el objeto de deseo era el taxi. El otro se ve como un mero obstáculo a eliminar para obtener el deseo”, explicó.
El basquetbolista mide 1,94, hace musculación y choca debajo del aro con extranjeros de más de dos metros todos los días. Por eso, por su complexión física, salvó su vida en el amanecer del 23 de diciembre, cuando tres rugbistas le patearon la cabeza, la boca y las costillas sin motivo aparente al finalizar un casamiento en la lujosa chacra Villa Domus, a dos kilómetros del aeropuerto de Carrasco.
La novia que se casaba estudió en el Liceo Francés y en la Universidad Católica. “La fiesta estuvo bárbara”, contó el basquetbolista. Había más de 400 personas. A la hora 6.30, él, junto a su novia y amigos, emprendía la retirada hacia una camioneta. Entraron, se acomodaron en los asientos y quedaron esperando al único que faltaba, un amigo que había ido al baño. En ese momento entró un invitado de la fiesta a la camioneta, desconocido para los demás, y comienza a bromear con las muchachas. “Estaba de vivo, de bobo”, recordó el basquetbolista.
“Le empezamos a decir entre todos que se fuera, porque nos teníamos que ir. Pero bien, no de mala manera”, contó. El intruso salió de la camioneta, tomó del brazo al basquetbolista y le dijo: “Vení, es contigo, es ahora”.
“Antes de que me pegara vienen dos por atrás y me meten un marronazo. Uno de ellos tenía dos metros fáciles, y dos metros de ancho. Era gigante. Me pegan de atrás y me caigo y cuando me voy a levantar para zafar y defenderme, el que estaba adentro de la camioneta me mide de frente y, antes de que me levante, me pega una piña en la cara y me tira para el piso de vuelta. Ahí me cagan a patadas en la cabeza. Me mataron. Son jugadores de rugby”, relató.
En ese momento llegó su amigo, el que estaba en el baño. “Cuando ve eso, se mete. Le empiezan a pegar a él y dejan de pegarme a mí. Y con él, lo mismo: le pegan en el piso. Si me seguían pegando a mí, me mataban”, prosiguió.
“Yo quedé mal después de eso”, dijo. Durante días paseó por consultorios odontológicos y médicos. “La cara me quedó deformada”, señala.
Sufrió pérdida parcial de conocimiento, politraumatismo y fisura en una de sus costillas.
“Yo no busqué nada, me la llevé toda de arriba y me hicieron mierda. Igual la saqué baratísima. Me podría haber pasado lo peor”, aseguró.
El médico le aseguró que los golpes que le dieron fueron para matarlo. “A un tipo de contextura normal lo quiebran, lo dejan parapléjico o lo matan”, le dijo.
Él prefirió no hacer la denuncia policial. “Íbamos a hacer la denuncia en la comisaría, pero después los abogados nos asesoraron que si hacíamos la denuncia, eso quedaba archivado y que lo mejor era hacer una denuncia penal”, expresó.
Testigos de la golpiza identificaron a los agresores. Algunos de ellos juegan en Carrasco Polo. La semana que viene presentará la denuncia en el juzgado de Ciudad de la Costa.
El sociólogo estudioso de la violencia destacó, además, que la discusión entorno al tema es circular. El debate se reinicia cada vez que aparece un suceso espectacular. Frases como “esto no pasaba antes” o “hay que tomar medidas urgentes” resurgen.
La falta de una comunidad académica interesada en el tema, el permanente clima electoral y la resistencia de los gobiernos a incorporar los pocos conocimientos técnicos sobre el asunto, a diferencia de lo que ocurre con la Economía, por ejemplo, son algunos de los factores que reconoce.
Para evitar despertarse solo cuando suena la alarma, Morás propone que no se olviden de Jorginho Gularte, brutalmente golpeado a la salida de WLounge, en mayo de 2002. El caso nunca se aclaró.
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Procesados ingresaron a Cárcel Central entre mayo de 2012 y enero de 2013 por el delito de lesiones graves intencionales, el mismo por el que fueron procesadas con prisión tres de las cuatro agresoras de Tania Ramírez. Cinco lo hicieron por riñas
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Mujeres ingresaron al Centro Nacional de Rehabilitación Femenino por este mismo delito en 2012, y una por riña, informaron fuentes del Instituto Nacional de Rehabilitación a El Observador