1 de junio 2014 - 23:53hs

"Si la macrocoalición propuesta por la dirección no es aprobada, deberán buscarse otro candidato presidencial”. De esa forma, encaró Tabaré Vázquez en 1994 a la por entonces líder del Partido Comunista, Marina Arismendi, en busca de generar un golpe de efecto sobre un dividido Frente Amplio (FA). Era la primera vez que se presentaba como presidenciable y, lejos de transar, se jugó al todo o nada por su convicción.

Los votos de los comunistas en el II Congreso del FA (30% del total) fueron claves para torcer el brazo de los grupos radicales (MPP y 26 de Marzo), que rechazaban la propuesta de Vázquez de conformar una alianza entre el FA y el flamante Encuentro Progresista. Ese polo moderado liderado por el exdirigente blanco, Rodolfo Nin Novoa, era visto por Vázquez como clave para lograr la amplitud electoral de la izquierda. De ahí en más, la figura de Vázquez no paró de crecer.

El oncólogo criado en una familia obrera de La Teja se abrió paso en la política en base a la búsqueda de consensos pero, en caso de no lograrlos, trancó sin vueltas y llegó hasta el extremo para marcar su postura. Su estilo de conducción le permitió liderar el FA desde que el histórico fundador, Líber Seregni, dejara la presidencia de la fuerza política en 1996.

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El diálogo con Arismendi –desde entonces una dirigente de su extrema confianza– es reproducido en el libro Tabaré Vázquez. Misterios de un liderazgo que cambió la historia, de los periodistas Edison Lanza y Ernesto Tulbovitz. Esa actitud de Vázquez, de tensar de la piola hasta el final, pinta, además, el estilo del candidato. Esa actitud le permitió imponerse en la orgánica y sentar las bases de un liderazgo indiscutido en la izquierda, al menos por los próximos 15 años.

Pero tras dejar la Presidencia en 2010, Vázquez se alejó de la actividad política. Su decisión tuvo consecuencias para la interna del FA. En la presente legislatura, y sin Vázquez como timón del oficialismo, la lucha entre mujiquistas y astoristas se polarizó. Además, esa batalla ideológica promete continuar. Tras realizar apariciones públicas medidas con cuentagotas, Vázquez volvió al ruedo en agosto del año pasado, cuando, durante una reunión con dirigentes de distintos sectores en su casa de la calle Buschental, aceptó ser precandidato por cuarta vez.

El futuro
Los analistas políticos advierten que la clave de un eventual tercer gobierno del FA estará en si Vázquez logra imponer su línea a la interna, como hizo cuando gobernó –e incluso antes, como dirigente partidario.

Los resultados de ayer equipararon la correlación de fuerzas entre el MPP y los comunistas, por un lado, y el astorismo y los socialistas, por el otro. Raúl Sendic, en tanto, que marcó su capacidad de votación, tiene línea directa con el candidato, pero está aliado a los primeros dos sectores.

En la interna, el Frente Líber Seregni –liderado por quien Vázquez quiere como ministro de Economía, Danilo Astori– y los socialistas se posicionan como laderos del dirigente y apuntan hacia un modelo de izquierda moderada. El MPP, los comunistas, Compromiso Frenteamplista de Raúl Sendic y la CAP-L conformaron una alianza política que en el último Congreso del FA propuso una profundización de las políticas de izquierda. Sin embargo, dentro de ese polo, Sendic es el más vazquista y ayer fue el mejor votado. En ese camino, la primera lucha será por la vicepresidencia. Vázquez aceptó recibir nombres, pero dejó en claro que la decisión será suya.

Pese a la amenaza que representa la acumulación de otros grupos, Vázquez mostró en el pasado tener espalda para hacer valer su liderazgo. Además, cada vez que se fue, o amagó con hacerlo, el dirigente salió fortalecido de los cruces internos, ya que tarde o temprano los sectores lo fueron a buscar.

El barrio y la medicina
Hijo de Ramón, trabajador de ANCAP, y de Elena, ama de casa, Vázquez es el único candidato con raíces obreras. Líder natural, el “Fino” fundó en su juventud junto a su barra de amigos el club Arbolito en La Teja, donde apuntaló su militancia social. En 1979 presidió el club de fútbol Progreso, la institución por la que llegó a agarrarse a piñas en la cancha de Defensor.

Estudió en el liceo N° 11 del Cerro y realizó preparatorios en el IAVA. Por ese entonces, se levantaba a las seis de la mañana para trabajar en la licorería de la familia Carrau. Sin perder un examen, Vázquez se recibió de médico general en 1969 y como especialista en oncología, en 1972. Además, en 1986, adquirió junto a dos socios el 75% de la clínica privada Barcia para dar lugar a la clínica COR, una de las más importantes del país en imagenología oncológica. El expresidente ya no tiene acciones en esa sociedad.

Por la vuelta
Afiliado al Partido Socialista en 1968, al que renunció 40 años después tras las críticas recibidas por haber vetado como mandatario la ley del aborto, su primer cargo de visibilidad política fue en 1987 como responsable de finanzas de la comisión nacional que promovió el referéndum contra la ley de caducidad. En 1990 ya era intendente de Montevideo.

El dirigente alcanzó la cima de su carrera política a los 64 años, cuando el 31 de octubre de 2004 torció la historia política uruguaya al ser electo como primer presidente por una fuerza de izquierda.

Diez años después, Vázquez va por la repetición y se posiciona como favorito en todas las encuestas de opinión pública. En su último acto antes de cerrar la campaña hacia la interna, en Las Piedras, los militantes se enardecieron cuando finalizó su oratoria con la frase que inmortalizó tras ser electo. “¡Festejen uruguayos, festejen!”, es un grito que los frenteamplistas anhelan volver a escuchar en la noche del 26 de octubre.

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