Nacional > PERSONAJE DE LA SEMANA/ LUCÍA TOPOLANSKY

En nombre del Pepe

Una mujer persistente en malos tiempos para la izquierda

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16 de septiembre de 2017 a las 05:00

Lucía Topolansky asumió por primera vez la Presidencia de la República el sábado 27 de noviembre de 2010, mientras el titular, su marido José Mujica, estaba en España y el vicepresidente Danilo Astori viajaba a Corea del Sur.

Fue la primera mujer en ocupar ese cargo en la historia de Uruguay. Algo similar ocurrió luego varias veces, y se volverá a repetir a partir de hoy, sábado 16, mientras Tabaré Vázquez está en Nueva York. Pero esta vez no será el resultado de una carambola de ausencias, sino porque ella ahora es la primera mujer titular de la Vicepresidencia de la República. Y, para remachar, su suplente será otra mujer: Patricia Ayala, ex intendente de Artigas y actual senadora del MPP.

Topolansky asumió rápidamente la Vicepresidencia de la República el miércoles 13, sin ruido, con las formalidades mínimas. No había mucho que celebrar tras los desgarramientos que provocó en la izquierda la caída de Raúl Fernando Sendic.

Las mujeres votan en Uruguay desde 1938, una fecha más bien tardía, y las primeras ingresaron al Parlamento en 1943. Administran sus bienes bajo el matrimonio desde 1946 y se incorporaron masivamente al mercado laboral en la década de 1970.

Es probable que haya algo de justicia en que sea Topolansky quien ahora oficie de punta de lanza. Ella, que cumplirá 73 años en los próximos días, es un raro ejemplo de persistencia y combatividad.

Fue una militante temprana del MLN-Tupamaros, al que se incorporó en 1967 tras su hermana melliza María Elia. Participó en diversas acciones armadas y en una fuga carcelaria. Conoció a José Mujica en 1972, en la fase de debacle de la guerrilla. Se reencontraron en 1985, después de 13 años de prisión y sevicias, y se fueron a vivir y producir flores en una chacra.

Topolansky fue edil y lleva más de 17 años como diputada y senadora. Tuvo fama de dogmática e intolerante: "la tronca" le decían por su dureza. Pero es más hosca que inflexible. Se lleva bien con sus pares, incluidos los de la oposición, y tiene gran influencia sobre su marido. Mujica comentó cierta vez que ella es tan pragmática como él, aunque con personalidades muy diferentes: él, carismático; ella, metódica como una gota de agua y laboriosa como las abejas. "No de esas que hacen un hecho histórico, sino de las que levantan paredes", comentó.

El ascenso de Topolansky hacia la Vicepresidencia de la República es otro resultado del poderío del Movimiento de Participación Popular (MPP), el sector político más exitoso del último cuarto de siglo. El sello creado por los viejos tupamaros pasó de 44. 446 sufragios en 1989 a 364.696 en 2009 (más otros 74.676 para Eleuterio Fernández Huidobro, un aliado), cuando Mujica ganó la Presidencia de la República.

En un país en el que la atracción del líder es más importante que las organizaciones y que las ideas, Topolansky no podría haberlo logrado por sí sola.

En diciembre de 2014 ella se postuló como candidata a la Intendencia de Montevideo en representación del "Grupo de los Ocho", integrado por la Lista 711 de Raúl Sendic y el Partido Comunista, entre otros. Por primera vez en su historia el Frente Amplio aceptaba más de una candidatura en Montevideo. A priori ella parecía la ganadora, pero al fin, en mayo de 2015, el socialista Daniel Martínez la derrotó con facilidad.

José Mujica, uno de los comunicadores más brillantes de la historia, ha sido invencible en el voto popular durante los últimos tres lustros, desde las elecciones internas del Frente Amplio de 2002. Pero nadie en el MPP ha podido replicar esa patente: dependen de la reputación del líder.

El éxito político llegó después de una completa revisión de los principios del socialismo autoritario. Las propuestas revolucionarias se fueron convirtiendo en una adecuación impecable al sistema democrático y al pragmatismo ideológico y político. El MLN-Tupamaros quedó reducido a una gestualidad, a un núcleo testimonial menor, envejecido y sin contenido preciso, ahogado y dependiente del mar de votos que sólo se abre al paso de Mujica.

Lucía Topolansky hizo la misma conversión a la sombra del líder, aunque con menos visibilidad y soltura. Ahora la vieja combatiente deberá oficiar de puente entre el Poder Ejecutivo y el Parlamento, una tarea que su antecesor ya no podía cumplir, en la etapa más difícil del largo ciclo de la izquierda en el gobierno de Uruguay. Y es probable que encuentre tantos o más obstáculos y resentimientos entre los suyos que en la oposición.

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