"Un corderito que toma mate” bien podría ser uno de los “cracks de la semana” de Tiranos Temblad. Pero no. Eso es lo que muestra Sebastián Teysera en su iPhone: su cordero, Miguel Olivo, tomando mate. Una imagen de su vida fuera de los escenarios y más cerca a una rutina común y corriente que puede llevar cualquier persona.
La banda que lidera hace casi 19 años pasó buena parte de 2013 viajando por el mundo. Celebraron su décima gira por Europa, realizaron shows en México y llegaron por primera vez a Estados Unidos y Perú. Luego de recorrer Argentina entre agosto y octubre llegan a Montevideo para realizar sus dos únicos shows del año. Hoy, su primera fecha en el Teatro de Verano ya tiene entradas agotadas. Pero luego de la larga ausencia y antes de subirse al escenario, lo primero que hizo Teysera fue volver a su casa en Playa Hermosa, cuidar de sus plantas y a su corderito matero. Y lo filmó, como para tenerlo presente a pesar de la distancia.
En conversación con El Observador el cantante y compositor de La Vela Puerca contó el otro lado de esa vida bucólica en las costas de Maldonado: cómo maneja la fama, las visas de trabajo y el éxito uruguayo del otro lado del Río.
¿Cómo fue volver por décima vez consecutiva a Europa?
Empezó como algo surrealista y terminó siendo surrealista. Nunca nos imaginamos que pasaría por muchísimas razones: por el idioma, porque es lejísimo y porque pensás “a quién le va a interesar tu banda”. Y esta vez, cumpliendo diez años fue algo muy emotivo. Además fueron un montón de conciertos. Las giras allá son medio atípicas. Son 27 toques en 30 días. En Alemania tocamos prácticamente la misma cantidad de veces que sumando Argentina y Uruguay juntos. Son esas cosas locas que te da la vida.
Llegaron a Estados Unidos y Perú por primera vez. ¿Ir a un lugar nuevo es como comenzar otra vez?
Sí. Tocamos El Viejo (risas). Tenés que ser consciente que es la primera vez que te van a escuchar. Y tenés que tener la sensibilidad de saber qué es lo que la gente quiere escuchar. Las redes sociales te ayudan, porque la gente te pide temas.
Otro de los “hitos” de este año fue llenar tres Luna Park en Buenos Aires. ¿Te acordás de la primera vez que fueron?
Sí, fue el 17 de abril de 1999 (risas). Fuimos al Salón Pueyrredón y viajamos especialmente a pedir una fecha ahí. Cuando me encontré con el dueño de este pub me di cuenta que yo lo conocía de Atlántida de hace un montón de años. Él tenía una banda que se llamaba Ludovico y tenían una canción que estaba muy presente en mi repertorio fogonero. Me acuerdo que se la canté y automáticamente conseguimos la fecha. Y ahí empezó todo. En ese momento ya habíamos llenado un Teatro de Verano. Nos pareció muy sano vivir esa realidad: tocar para 5 mil personas y tocar para 30. Fue la premisa de todos estos casi 19 años. Seguimos yendo a lugares y tocando para 30 personas y en festivales enormes con Pearl Jam, Marilyn Manson y REM. Al último que fuimos tocamos al mismo tiempo que The Cure. Nadie quería tocar (risas). A Pepe Canedo (baterista) le aceleramos el metrónomo para poder llegar al último tema (risas).
¿Cómo fue la vida en la ruta?
Fue cansador, pero divino. En lo personal, con 40 años empiezo la gira con todas las ganas y después me voy cansando. Creo que lo ideal sería inventar la teletransportación y ahí sería feliz. Es una vida bastante complicada, creo que mucho más complicada para el que te acompaña que para uno mismo. Pero sarna con gusto no pica. Me siento hiper privilegiado de poder vivir de lo que me gusta y de hacerlo de una manera consecuente al romanticismo de la banda. Y en este país se está haciendo más normal que una banda viva de gira. Se está aceptando y entendiendo que realmente es un trabajo. No es que te vas de joda. Bueno, sí, estás de joda pero es un trabajo.
¿Antes tenían más problemas a la hora de irse de gira?
Y, en las relaciones… al principio no lo entendían (risas). Nosotros al principio tampoco entendíamos mucho qué estaba sucediendo. A mí me decían que tenía que meter 30 conciertos en una gira y pensaba que era imposible. Ahora hemos hecho 18 conciertos seguidos, y te das cuenta que lo normal es eso. La prensa también se acostumbra a que estés de gira, y también tus allegados, tus viejos.
Cuando llegás acá ¿qué es lo primero que hacés?
Me voy a mi casa. ¡No hago nada! Trato de hacer otras cosas. Tengo un jardín precioso que lleva 2 horas y media para regar. Tengo gallinas, un cordero, cuatro perros, gatos. Me dedico a otra cosa.
Vivís en Playa Hermosa. ¿Por qué decidiste irte de Montevideo?
Porque mi mujer era de ahí, y principalmente, quería zafar de Montevideo. Las giras son muy intensas y en Montevideo tampoco me gustaba demasiado la dinámica. Los amigos que te llaman para ir para allá y para acá. Vas caminando por la calle y te gritan “aguante La Vela”. Está todo bien. Pero necesitaba dar vuelta la media y vivir otra cara.
¿Y en Playa Hermosa nadie te saluda?
Los únicos que me dan bola son los perros y está buenísimo. Pero no es que viva en el ostracismo. También conocí mucha gente allá, con otra dinámica de las cosas. Cocino, hago cosas de entrecasa. Nadie me pide que toque la guitarra, o que cante una (risas).
¿Cómo manejas la fama?
Conmigo mismo, mal. Para afuera, bien. No soy una persona hostil con respecto a eso. Pero sé que no soy una persona cuya personalidad esté acorde a ser una persona publica. Siempre me ha costado la exposición. Pero tengo que convivir con la consecuencia de lo que hago. No cambiaría nada, más allá de que tenga mis patatuces al respecto. Si quiero ser social y relacionarme vengo a Montevideo y voy a los Graffiti. Pero no soy un tipo que le guste salir por ahí y mostrarse.
¿Cómo han vivido el tema de las visas de trabajo en Argentina?
No lo entiendo mucho. Entiendo que en otros países te pidan visas, pero nunca pagamos en Argentina. No sé muy bien cómo funciona y no entiendo porqué ahora. Puedo sospecharlo: las bandas uruguayas están pasando el trapo allá mal. Vos pagás U$S 100 por persona pero te dura un mes. Y si te vas y volvés tenés que pagar de nuevo. Eso es un curro. Yo te pago la visa, pero tiene que durar un año, o un semestre. Nosotros estamos todo el tiempo yendo y viniendo.
¿Te parece bien la reducción del IVA en shows como el de Aerosmith?
A mí me parece que la reducción del IVA permite que el artista pueda venir, lo cual está bien. Pero no me parece justo. Acá La Vela Puerca produce sus propios shows. Nosotros no estamos cobrando un caché. Eso la gente no lo sabe. Y No Te Va Gustar es tan megashow como Aerosmith o más. Y debería ser de interés nacional también. La Vela toca una vez al año, también podría serlo. Yo no quiero que el pueblo uruguayo se prive de ver a Paul McCartney o Aerosmith o a quien sea por tener un IVA de 22%, una cifra que no hay en mundo. Quieren que Uruguay sea una plaza más a nivel internacional, genial, pero hay que adaptarse.
En una nota sobre sus shows en el Luna Park, Nicolás Igarzábal de Clarín se preguntó: “¿El rock argentino se uruguayizó o el rock uruguayo se chabonizó?” ¿Qué opinás?
Creo que el rock argentino se uruguayizó. Ahora, el rock uruguayo siempre estuvo chabonizado. Siempre escuchamos a Soda Stereo, los Redondos, Sumo, Virus. Ellos no. Nunca supieron de Los Estómagos, Traidores, Niquel ni nada. Nosotros toda la vida escuchamos eso. ¿Quién no empezó tocando temas de Sumo o Divididos? Es lo que siempre digo allá: ahora nosotros los estamos conquistando.
En la canción Tentación cantan que les tienta envejecer. ¿Es así?
Sí. Porque es como dicen los japoneses: mientras más viejo más sabio. Cuanto más viejo más puedo compartir con la gente. Me veo como viejito, todo barbudo, con un montón de cuentos para contar. Eso me tienta, es una imagen muy linda.
¿Hasta cuándo te imaginas girando?
No lo sé. Hasta que venga un buen amigo que me diga que no haga más papelones (risas).