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14 de marzo 2023 - 11:11hs

¡Otra vez lo mismo! Qué cómodo les queda a un puñado de dirigentes de los grandes (y qué bien les sale el papel de víctimas) para generar revuelo, escándalo y escudarse en cualquier situación que distrae la vista y divide. Porque estar en ese lugar les hará más fácil justificar los errores. Nunca serán responsables de sus malas decisiones. Es el camino de las malas costumbres que heredan en el torneo local, y que generan una inestabilidad que no es saludable en tiempos de modernidad futbolística y con la tecnología al servicio del fútbol.

¿De qué se habló este fin de semana? El sábado del penal que Santiago Silva le cometió a Trezza. Luego, el domingo se sumó la jugada del segundo gol de Peñarol por falta sobre Guruceaga.

El penal al jugador de Nacional fue disparador para instalar expresiones, con tonos de amenazas, en una jugada de un partido de fútbol. ¿Es necesario tanto?

Ahora bien, volviendo al punto. ¿Fue penal o no a Trezza?

Desde que se instaló el VAR, y que los árbitros tienen la opción de mejorar el nivel de justicia deportiva con elementos técnicos, que son bienvenidos, también se instalaron situaciones como las de este fin de semana.

Hasta antes del VAR, el penal a Trezza hubiera quedado como “un favor” de los árbitros a Nacional. Eso impulsan los dirigentes de Peñarol, en este caso. Si hubiera sido al revés, serían los de Nacional. No es un tema de camiseta sino del rol de víctimas que asumen los dirigentes y ese mal hábito enquistado en una estructura del fútbol local que tiene que modernizarse y debe empezar por algunos dirigentes de los grandes (¡por favor!). Porque no están todos en este nivel. Por ejemplo, ¿quién puede decir algo del presidente de Nacional, José Fuentes? Nadie.

No es la primera vez que los árbitros cobran penal en una jugada como la del sábado. Aquí les dejo un ejemplo reciente. Final del Campeonato Uruguayo 2022. Ataca Alan Medina, Sergio Rochet se tira al piso, no llega a la pelota, toca al jugador, y… ¡penal!

Y también cobran penal cuando un jugador simula y exagera la falta, para inducir al error (se olvidan que hay VAR y que ya no inducen a nada) si es que entienden que el contacto interfiere en la acción del rival. De estos hay cientos de ejemplos. Aquí les dejó uno de la primera fecha en el Campeón del Siglo, del penal a Laquintana.

Lo que está claro es que el VAR llegó para elevar el nivel de justicia, y que si no llamaron a revisión fue porque el árbitro en la cancha vio lo mismo que el juez en la cabina, y entendió que la acción estaba bien sancionada.

Ahora bien, lo que no puede ocurrir más es que los dirigentes de fútbol asuman el rol de fogoneros como sucedió a lo largo de la historia, pero con menos caja de resonancia (redes sociales y mundo hipercomunicado como sucede en la actualidad), y que en 2021 tuvo un punto crítico con Ruglio (que nunca se detuvo y siguió hasta la actualidad), Decurnex y Balbi.

Este sábado fue Jorge Niremberg: “Más fuertes que nunca! No les va a salir gratis perjudicar a Peñarol. La justicia tarda pero llega. No nos subestimen!”.

Y Antonio Palma salió a responder este domingo, un tono más bajo, después del segundo gol de Peñarol.

Entonces, si quienes tienen que moderar el discurso, no lo hacen y lo aprovechan para enrarecer el clima, alimentar la violencia y crispar aún más la tensión en una sociedad cada vez más violenta, seguirán jugando al límite y fogoneando un fenómeno que un día también puede tener un efecto búmeran.

Porque esto ya ocurrió en 2021, cuando Ruglio tuvo que reconocer públicamente que debía “bajar las aguas”: "Tuve charlas con mucha gente del fútbol, de la AUF y del arbitraje y tienen razón que las cosas están llegando a un punto en que está todo complicado”.

¿Se acuerdan cómo terminó aquel 2021? Con los hinchas de Peñarol marchando desde el Palacio a la AUF y con el presidente Ignacio Alonso amenazado de muerte. ¿Y quién fue campeón? Peñarol, pero no por el fogoneo constante desde afuera de la cancha, tampoco por un beneficio o un error arbitral, sino porque adentro del campo Peñarol tuvo un proyecto deportivo que fue el mejor de todos.

Esto es fútbol en el siglo XXI, donde todo se ve (para esto está el VAR) y la justicia deportiva en el campo de juego es más justa que nunca, aunque quieran hacer ver lo contrario.

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