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El triunfo de Ricky Rubio que toleró burlas y la muerte de su madre antes de ser campeón

En China 2019 los españoles desafiaron todos los pronósticos

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16 de septiembre de 2019 a las 05:00

Ricky tomó el trofeo de campeón del mundo. Lo miró con cara de incredulidad. Levantó su vista el cielo y elevó la mano izquierda apuntando al lugar donde considera que lo miraba su mamá Tona que falleció hace tres años luego de pelearla contra un cáncer.

La emoción fue inevitable. Ricky Rubio no se bajó del podio en Pekín, después de que España derrotara con claridad a Argentina en la final del Mundial de básquet 95-75. Quería que el tiempo se detuviera allí para siempre. Impulsado por un pasado de lucha contra las adversidades Ricky encontraba por fin su recompensa.
Lanzado a la élite con 14 años, Ricky Rubio tuvo que esperar casi tres lustros, plagados de luces y sombras, para rendir a la altura de las desmesuradas expectativas que generó. 

Por su edad las hinchadas rivales le cantaban canciones de niño para sacarlo de los partidos. Rubio se formó en la reputada cantera del Joventut de Badalona. Una cantera reconocida en Europa que lo llevó como una promesa a Barcelona. El pase fue todo un tema. Generó mucha bronca por la rivalidad entre Joventut y Barcelona.

Posteriormente llegó su viaje a la NBA en el año 2011, travesía en el desierto de seis años en la fría Minneapolis para jugar en los Timberwolves. La alegría duró poco porque en marzo de 2012, en un choque con Kobe Bryant se rompió los ligamentos en la rodilla izquierda.
Para colmo ese mismo año le diagnosticaron cáncer de pulmón a su madre.

Sostenerse de pie no resultó tarea sencilla. Terminó siendo traspasado a los Utah Jazz, donde se reconcilió con el básquet, probando el sabor de los Play Offs. 
Pero, para la siguiente temporada, debió emigrar nuevamente. Se fue a Phoenix Suns.

Mientras esto ocurría, su calidad lo obligó a pasar de niño a hombre con apenas 17 años cuando fue convocado para jugar los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 que los españoles perdieron contra Estados Unidos.
En aquella final por la medalla de oro debió jugar ante tres de sus referentes como Jason Kidd, Chris Paul y Deron Williams.

La mamá de Rubio falleció. El talento español sentía que tenía una deuda que pagar.
Ocurrió en el pabellón Wukesong de la capital china, el mismo que albergó la final de este domingo, en la que Rubio finalizó con 20 puntos, 7 rebotes y 3 asistencias, superando al estelar base argentino Facundo Campazzo, ante el que guardó la calma.

Fue el broche final a un torneo en el que se unió a Marc Gasol para liderar a un equipo huérfano de Pau Gasol, el mejor jugador español de todos los tiempos, que regresará con 40 años para jugar los Juegos de Tokio 2020.
“Hay algo especial. Mi experiencia con lo de ‘y si tirara mejor’, ‘y si hiciera esto o aquello’, a él le ha pasado con la etiqueta de ‘el hermano de’. La estima que nos tenemos viene de esa manera de rebelarnos”, explicó en entrevista con El País de Madrid sobre la relación que le une con Marc Gasol.

Rubio llevó la batuta de una selección a la que renunció para este torneo Sergio Rodríguez, el otro base habitual del seleccionador Sergio Scariolo. “He aprendido muchísimo y he sabido prepararme para este momento. Hemos dado una lección de sacrificio, pero no solo para el deporte, sino también para la vida”, insistió emocionado tras recibir su medalla de campeón mundial.

España lo volvió a hacer. Como en 2006. “Ganar un Mundial es algo gordo. Mucha gente creció con ese éxito (el anterior título mundial de España, en 2006) de una generación en la plenitud de sus facultades. Ganarlo ahora en un momento en el que nadie se lo esperaba tiene un grandísimo valor”, admitió el técnico italiano Sergio Scariolo. “Los jugadores supieron olvidarse de la supuesta y teórica inferioridad que teníamos objetivamente respecto a otros equipos”, añadió.
Scariolo reconoció que desde el principio del Mundial sintió que se podía llegar lejos. “Desde la primera semana tuve buenas sensaciones, por el trabajo y la química. Pero no podía pensar que podíamos ser campeones del mundo. Eso sería mentir”.

Por eso cuando Rubio recibió el trofeo como MVP (mejor jugador), le colgaron la medalla de oro sobre su cuello, y le entregaron la copa, lo sintió especial. Y no dudó en recordar a Tona.
“Siempre hay alguien siguiéndome. Perdí a mi madre hace tres años pero sé que ella está detrás, empujándome a ser mejor. Sé que no hay nadie en este mundo que me haya querido más que ella. Ella me conduce siempre. Incluso aunque no esté aquí, la siento”. 

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