Fuera del juzgado, algunas mujeres aplaudían enardecidas. Otras levantaban las manos en señal de alegría, como si su equipo hubiera hecho un gol jugando de visitante. Todas ellas lloraban de alegría; no podían creer lo que estaba pasando, lo que había pasado minutos antes. El acusado, mientras tanto, abandonaba la sala donde había sido encontrado culpable mostrando un rostro adusto, propio de quien no se esperaba la gran derrota recibida de manos de un jurado que fue implacable. De todas formas, la estrella de capa caída tuvo un gesto condescendiente con quienes lo saludaban y gritaban consignas a su favor, vociferando que todo era un complot en su contra por ser negro. Fue una escena histórica, pues, de no mediar un milagro legal, simbolizó el final de una de las grandes estrellas del mundo del espectáculo de los últimos 50 años. En un mismo día a fines de abril terminaban al unísono el pasado, el presente y el futuro laboral y social de una figura que fue rey de los ratings durante una década entera y cuya influencia y aura permeó otros estratos de la vida social estadounidense.
Estrella caída en desgracia
Bill Cosby, actor de talento exquisito, podría pasar el resto de su vida en la cárcel