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10 de octubre de 2017 5:00 hs

Hace una década Luis Suárez hacía sus valijas para desembarcar en Groningen de Holanda. Europa se llevaba a un futbolista de 18 años que con sus goles había cautivado a todos en las divisiones juveniles de Nacional y que había irrumpido en Primera con un talento natural, que lo hacía diferente al resto.

Entrenaba, se alimentaba y vivía con los ritmos del fútbol uruguayo, con las concentraciones de uno o dos días cada fin de semana, que no le planteaban ningún obstáculo para ser el jugador que ya era a tan corta edad.

Cuando llegó a un equipo chico de Holanda se encontró con una realidad que lo enfrentó a un cambio radical en su carrera: el entrenador del plantel principal lo mandó a Tercera, le dijo que bajara de peso y que se pusiera en forma si quería jugar en Primera. Pocas semanas después estaba de regreso. El resto de la historia es conocida.

Por estos días, el técnico de la selección puso en el tapete una realidad del fútbol local –e incluso del argentino– que el gran público desconoce, y que marca por qué muchos futbolistas demoran en llegar al combinado mayor o no son considerados.

Maximiliano Gómez pedía a gritos un lugar en la selección a partir de sus goles en Defensor Sporting. Con su estilo muy parecido al de Suárez, el hincha hacía proyecciones. Sin embargo, Tabárez esperó a que el goleador llegara a España y mostrara su calidad en unos pocos partidos para convocarlo. Gómez llegó esta semana a la selección con "menos kilos de los que pesaba, tiene otra corpulencia muscular, se lo nota más fino", dijo Tabárez. El caso de Rodrigo Bentancur fue diferente, volvió con cinco kilos más y más corpulento, con formas y pesos para competir en el primer nivel.

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