El objetivo parece simple, pero no lo es: llegar a aquellos lugares donde la cultura es una palabra ajena y donde los espectáculos suceden solamente por televisión.
Clowns Sin Fronteras surgió en Francia en 1994 y viene cumpliendo sus cometidos en Uruguay desde 2005. Y cada vez llegan más lejos. Con la dirección de Pascal Wyrobnik –artista francés que desde entonces reside en Montevideo–, la organización se transformó en una fija de la grilla de eventos.
Cada “expedición” –como llaman a sus visitas al interior del país– depende de la recaudación de fondos que se logran en las “galas” –shows con mayor escala e invitados– que se realizan en el Teatro Solís. Hoy estrenan su nuevo espectáculo: Flak, y se podrá asistir y colaborar con la causa hasta el domingo 7.
“Con respecto a las expediciones y las galas, lo que cambia básicamente es el público que asiste”, dijo Wyrobnik a El Observador. “Nosotros trabajamos con la misma energía y espíritu.
La calidad del espectáculo es la misma, lo único es que no podemos montar algunos números por cuestiones técnicas. La gente se ríe de la misma forma”, sostuvo.
De acuerdo con el director, todas las experiencias en Uruguay fueron muy buenas y enriquecedoras. “Es un país con gente muy cariñosa, que aprecia el arte”, detalló.
Año a año Clowns Sin Fronteras invita a artistas locales para montar el show, y usualmente su argumento gira en torno a los recursos humanos que se consigan. “Muchas veces las ideas aparecen por instinto. Llegamos, vemos qué artistas pueden participar, ya que lo hacen honorariamente y vemos qué números se ajustan a la idea”, afirmó el director.
Ya en las expediciones, el grupo acampa y permanece algunos días en las localidades donde se presenta. Y eso influye en el show en sí. “Hace que se genere una relación más cálida y de afinidad con los pobladores. Y el hecho de volver constituye una relación más humana, eliminando un poco esa barrera artista-público, fría”.
Wyrobnik conoce el país bastante bien. Su primer acercamiento fue en 1992, cuando llegó a la costa montevideana con Cargo 92, un proyecto francés que trajo un barco lleno de artistas y músicos. Esa fue la primera vez que se vio en vivo en Uruguay a Mano Negra, banda que encabezaba el músico francés Manu Chao y que tuvo gran trascendencia en parte del rock uruguayo de principios de la década de 2000.
Sin embargo, Wyrobnik hoy tiene una mirada crítica sobre la cultura uruguaya. “A Montevideo le falta polémica. No hay que confundir cultura y diversión. A veces la cultura no es divertida. Para mí es preguntarse cómo estamos a todo nivel, y creo que falta un poco de eso”.
Las expediciones han recorrido San José, Paysandú, Artigas, Lavalleja, Treinta y Tres y Rocha. Uno de sus próximos objetivos es llegar al centro del país. Pero “primero tenemos que ver bien con qué fondos contamos”, explicó Wyrobnik. Para liberarse en parte de esas ataduras, el plan es fabricar un ómnibus, “para salir de expedición libremente”.
Poco se sabe sobre Flak, y Wyrobnik quiere mantener el misterio. “Lo que podemos decir es que si les gustó Skaerf (de 2011) o vieron algunos de los espectáculos anteriores, tienen que ver Flak. Y los que no vieron ninguno, que vengan a ver este y sean padrinos de los niños que visitamos. Con cada entrada se aporta un granito de arena para hacer todo posible”, afirmó.
Las entradas están a la venta en Red UTS y sus precios varían entre $ 200 y $ 500