La política fiscal es una de las áreas más difíciles de evaluar de la gestión del gobierno. Los analistas no se ponen de acuerdo en sostener si los niveles actuales de gasto son adecuados para el actual ciclo económico, pero el diagnóstico es unánime a la hora de evaluar las posibilidades de Uruguay de enfrentar una crisis internacional como la que se avecina: todo dependerá de la magnitud del impacto y de la duración de las turbulencias.
En una semana, el gobierno y algunos de los más respetados analistas locales dieron su visión ante auditorios de empresarios, profesionales y estudiantes, acerca de la política fiscal y la pertinencia de un gasto público que supera, aun en el momento más alto del ciclo económico, los ingresos del Estado.
Todo empezó el martes con la conferencia del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), a cargo de su director académico, el economista Ernesto Talvi. El experto expuso una visión crítica sobre la evolución de las cuentas públicas y señaló que el déficit fiscal constituye la mayor vulnerabilidad de la economía uruguaya en tiempos de volatilidad e incertidumbre.
El centro de estudios presentó unos números interesantes. Los niveles de ingresos de las cuentas públicas están vinculados al nivel de actividad. Más producción, mejores empleos, más recaudación. ¿Pero qué pasaría si la actividad uruguaya regresa a sus niveles de tendencia y los ingresos del Estado se contraen? Con el volumen actual de gasto, el déficit fiscal pasaría rápidamente del 2,7% del PBI registrado en marzo a 6,1%, un nivel difícil de sostener si a raíz de la crisis se viera impedido el acceso a los mercados.
En abril el desequilibrio de las cuentas públicas se redujo a 1,6% del PBI. No porque el gobierno recortara el gasto ni porque los ingresos hayan aumentado de forma importante. Lo que sucedió es que el nivel de marzo era engañoso porque incorporaba el pago de sueldos adelantado por Semana Santa.
La defensa
El gobierno desestima los planteos de austeridad de los economistas más críticos y las acusaciones que hablan de una “fiesta del gasto” en las administraciones frenteamplistas. Los detractores hablan de que el gobierno “se gastó hasta el último peso que ingresó al Estado” y las autoridades no dicen que no, sino que el gasto era necesario y deseable.
Durante las XIV Jornadas de Coyuntura organizadas por el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración (Udelar), el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, contestó una pregunta hecha desde el auditorio, acerca del elevado déficit estructural de su administración.
“Yo tengo un problema con el concepto de déficit estructural, porque parte del preconcepto ideológico de que toda vez que ocurre una holgura económica, la sociedad debe abstenerse de gastar”, señaló. “Cuando hay bonanza, no se debe gastar porque solo se puede ahorrar y cuando viene la crisis, tampoco se gasta porque no se puede”, explicó.
El ministro puso el ejemplo de su familia. “Yo en mi casa combino ahorro con ayudar en la educación de mis hijos, colaborar con familiares en problemas, mejorar mi vivienda y mi calidad de vida”, concluyó. Otros expertos tienen una visión más estratégica sobre las decisiones del gobierno acerca de los niveles de gasto público. El economista Gabriel Oddone, socio de la consultora CPA Ferrere, dio una conferencia el jueves para sus clientes bajo el título Los focos de incertidumbre para Uruguay, la convulsión de la economía global y la reacción de la política regional. En su exposición, Oddone abordó el tema fiscal y sostuvo que “hay una restricción de economía política que ningún análisis debe desconocer”.
“Si el gobierno hubiera sido prudente en el manejo de las cuentas públicas, habría alcanzado una posición fiscal dos puntos más fuerte que la actual”, esto es, un resultado fiscal superavitario del orden de 0,3% del PBI. Según Oddone, en el contexto actual, “tampoco sería suficiente” para capear una crisis prolongada proveniente del exterior.
“El gobierno considera que los beneficios de la prudencia no compensan los costos y el desgaste político que generaría la reducción del gasto”, concluyó. Un recorte de ingresos generaría un disgusto en los sectores más a la izquierda dentro de la fuerza de gobierno, que probablemente estarían alineados con una preocupación a nivel sindical.
Composición del déficit
El déficit fiscal, sin embargo, no solo está compuesto por las decisiones del gobierno de aumentar el gasto social, en financiar inversiones y convalidar aumentos de salarios.
Según los cálculos del Ministerio de Economía, la toma de créditos de contingencia y el mantenimiento de altos niveles de reservas, para evitar una mayor vulnerabilidad de las cuentas públicas, explican 0,5% del PBI en el gasto. Otra parte significativa está vinculada al sobrecosto de la generación energética a raíz de la sequía, como también de los altos precios del petróleo que impactan en las empresas públicas.