Las cifras presentados por el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, que daban cuenta de una utilización de más US$ 800 millones de dólares por parte del gobierno para favorecer la competitividad del sector exportador durante 2012, no cayeron bien en filas empresariales.
El mismo día que el Banco Central publicó un nuevo dato mensual que da cuenta deterioro del tipo de cambio real –de 1,34% en febrero para un acumulado anual de 12,1%– el presidente de la Unión de Exportadores, Álvaro Queijo, cuestionó las cifras manejadas por el titular de Economía durante su comparecencia en elParlamento el miércoles. Queijo sostuvo que el apoyo estatal es marginal frente al volumen total de exportaciones de bienes, que superaron los US$ 9.000 millones el año pasado.
Lorenzo informó el miércoles en el transcurso de la interpelación convocada por el senador Pedro Bordaberry, que el Estado otorgó subsidios directos por US$ 307 a las empresas exportadoras a través de varias vías, al tiempo que destinó US$ 500 millones a la compra de dólares con el objetivo de sostener el tipo de cambio nominal en niveles aceptables para los exportadores. Este último factor no es un costo en sí para el Estado, ya que los dólares adquiridos se integran a las reservas del Banco Central. La autoridad monetaria incurre en un costo al esterilizar esos pesos que vuelta al mercado con la emisión de intrumentos de regulación con altas tasas de interés.
Entre la asistencia estatal directa, Lorenzo mencionó US$ 141 millones de devoluciones en impuestos indirectos, US$ 56 millones para sustentar el régimen de prefinanciación de exportaciones, US$ 37 millones en subsidios directos a la industria automotriz, US$ 68 millones en exoneraciones impositivas en el marco de la ley de promoción de inversiones y
US$ 5 millones para subvencionar a la industria textil.
El presidente de la Unión de Exportadores, Álvaro Queijo, dijo ayer a El Observador que “los beneficios que se dicen no son tales”.
“La devolución de impuestos no la consideramos un beneficio, sino una devolución para no exportar tributos”, ejemplificó.
Queijo fue más lejos al sostener que si la devolución de impuestos “fuera la correcta, capaz que el importe sería mayor que la suma de todo lo que hoy se dice”.
Además, agregó que esos desembolsos han sido recortados en los últimos años, tanto en montos como en productos alcanzados. Actualmente se devuelve en impuestos indirectos 2% de lo exportado de forma general, aunque para algunos sectores el reintegro llega al 4%.El Gabinete Productivo considera como medida para favorecer a los rubros industriales más afectados por las trabas comerciales y la pérdida de competitividad elevar justamente esas devoluciones, informaron a El Observador fuentes oficiales el mes pasado.
El titular de la gremial exportadora coincidió a su vez con el presidente del Banco Central que se refirió al tipo de cambio como “un factor” de la competitividad, entre una extensa serie de indicadores.
“Las pizarras no nos dan información sobre la competitividad”, había dicho Bergara en el Parlamento, al tiempo que mencionó que el Foro Económico Mundial considera 109 factores para determinar el nivel competitivo de un país, entre los cuales está el tipo de cambio.
“Nos queda bien claro que no es solo el tipo de cambio (pero) si lo miramos bien, capaz que los otros factores también nos están retrazando en la competitividad”, dijo Queijo. En ese listado, mencionó a la burocracia estatal, el déficit en infraestructura, la inflexibilidad de los ajustes salariales y el hecho de contar con “la energía más cara de la región”.
“El tipo de cambio es un factor, pero el resto de los factores que inciden también nos pegan”, acotó.
Otro aspecto mencionado por Lorenzo que también fue relativizado por los exportadores fue la exoneración impositiva a la que pueden acceder las empresas en el marco de la ley de promoción de inversiones. Queijo mencionó que ese beneficio alcanza a todo el sector privado y no exclusivamente a los exportadores.
En tanto, sí reconocieron los subsidios directos que reciben sectores como el automotriz y el textil, al igual que el régimen de prefinanciación de exportaciones que permite acceder a créditos con tasas subvencionadas.
Tipo de cambio real
Por otra parte, la competitividad de precios de la economía uruguaya medida a través del tipo de cambio real volvió a caer en febrero, a pesar de que el indicador registró una mejora frente a Brasil por tercer mes consecutivo.
Según los datos difundidos ayer por el Banco Central (BCU), el índice de tipo de cambio real global de la economía uruguaya registró una caída de 1,34% durante el mes de febrero. Se trata de la séptima caída consecutiva del indicador, que mide la capacidad de los productos uruguayos para competir en el resto del mundo a partir de sus precios.
Una caída del tipo de cambio real implica que, medidos en una misma moneda, los precios en Uruguay suben más que en sus principales socios comerciales. En los últimos 12 meses relevados , el índice de tipo de cambio real registró una fuerte caída de 12,08%, lo que implica una aceleración de la tendencia a la baja respecto al año móvil finalizado en enero, cuando la caída era de 10,94%.
El deterioro de la competitividad en febrero se dio a pesar de que el país mejoró 1,27% su posición competitiva respecto a Brasil, el mayor socio regional del país.
Sin embargo, en el último año móvil relevado, el índice de tipo de cambio real respecto a Brasil se contrajo 16,52%.
La caída frente a Argentina también fue significativa, de 13,22% en los 12 meses a febrero, con un deterioro de 2,81% en comparación con el primer mes del año, aunque el BCU considera para el cálculo las cuestionadas estadísticas de inflación oficiales de Argentina.
Durante el mes de febrero, la caída más pronunciada del indicador fue respecto a China (3,13%), para un acumulado anual de 5,82%.
“Las pizarras no nos dan información sobre la competitividad”.
Mario Bergara
Presidente del Banco Central