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Fiestas en chalets y aglomeraciones en Los Dedos: una noche de recorrida con el Cecoed por Punta del Este

En un sola madrugada, el Centro Coordinador de Emergencia Departamental debió intervenir en cuatro residencias y exhortar a varios grupos de jóvenes congregados en la rambla a que se retiraran

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08 de enero de 2021 a las 05:03

Desde Punta del Este.

Las puertas de dos camionetas se cerraron una tras de otra. Fueron golpes secos, autoritarios, que hubieran resonado en el silencio de las dos de la mañana en el vecindario de San Rafael, Punta del Este, si no fuera por el volumen del reguetón que lanzaba una de las mansiones de la avenida Laureano Alonzopérez, las risas de fondo y el ruido de vasos y botellas.

El inspector de la Intendencia de Maldonado sacó el medidor de decibeles, y cuando vio que marcaba 77,5 DBA –cuando lo permitido son 65– se dirigió expreso hasta la puerta, escoltado por dos policías y otras dos funcionarias municipales. Ellos son parte de uno de los tres equipos del Centro Coordinador de Emergencias Departamentales (Cecoed) fernandino que todas las noches de esta temporada salen a recorrer la ciudad balneario para disuadir las aglomeraciones –prohibidas por ley desde el 21 de diciembre, como una de las medidas tomadas por el Poder Ejecutivo para frenar los contagios de coronavirus– y responder ante denuncias de ruidos molestos, como ocurrió en la madrugada de este martes.

Con el timbre, vino la sorpresa desde el portero eléctrico: "¿La policía?". De inmediato, llegó el silencio abrupto de la música y el ladrido de dos perros grandes desde lo alto del chalet.

Bajaron dos jóvenes con paso lento y medido.

"Buenas noches. ¿Responsable o titular de la casa? Somos de la Intendencia, caballeros. Y la policía", comenzó el inspector.

Uno de los rostros soñolientos balbuceó: "Estábamos escuchando un poco de música. Pero estamos tranqui".

El hombre les explicó que no estaba juzgando su tranquilidad sino el cumplimiento de la normativa departamental, y especialmente el de las disposiciones del gobierno tomadas el mes pasado para contener el avance de la pandemia, como la exhortación a evitar reuniones que superen las 10 personas.

—¿Cuántos son? —preguntó.

—Somos 10, más o menos.

—¿Más o menos? ¿No está seguro?

—Sí... Somos 10.

El inspector comenzó entonces con el discurso de memoria.

—¿Están en conocimiento de lo que es el covid-19, decreto 93/2094/20 y las resoluciones departamentales?

—Estamos en conocimiento.

—¿Y sobre la aglomeración? No pueden haber más de 10 personas. ¿Ustedes qué son?

—Somos amigos, nomás.

—¿Son amigos? ¿Saben lo que es la burbuja?

En pocas palabras el funcionario resumió el concepto acuñado por los neozelandeses meses atrás, y sobre el cual el Grupo Asesor Científico Honorario se explayó en la última conferencia que dieron los expertos, el 16 de diciembre pasado. Una burbuja refiere a aquellos núcleos de personas que mantienen entre sí un contacto frecuente, fundamentalmente por lazos familiares o afectivos, por lo que sus integrantes se conocen entre sí, el riesgo al contagio es menor y el control epidemiológico en caso de infección es mayor.

—Somos mejores amigos desde hace años. Estamos tranquilos. Comimos un asado y estamos terminando.

Los jóvenes fueron notificados por la inspección municipal de que en caso de reiteración puede derivar en una multa y se les entregó un documento con un breve texto con la alusión al probable riesgo sanitario en que podían estar incurriendo, aunque fuentes de la comuna señalaron luego a El Observador que, en efecto, no mintieron, porque eran 11.

En el momento lo intuyeron, porque el inspector y su equipo analizan determinados indicios, como la cantidad de autos estacionados –no había– o la intensidad de los sonidos cuando se apaga la música, para concluir que las personas no faltan a la verdad cuando dicen que son cerca de 10, la respuesta que, cierta o no, dan casi siempre.

Pero en otras tres residencias esa misma madrugada la situación fue diferente. En una, en El Golf, se constató que eran más de 20 personas, número similar al de otro chalet, y en un caso –también en San Rafael– se observó que superaban las 40. El equipo del Cecoed solicitó a todos los invitados –jóvenes de poco más de 20 años– que salieran a la vereda y se retiraran a sus casas, previa notificación y advertencia de que ante la reincidencia en la conducta puede haber sanciones económicas, o incluso la intervención de la Fiscalía.

La Intendencia vuelve al lugar al rato o llama al denunciante para constatar que no recaigan en el mismo comportamiento.

Y esta vez han cumplido, pero no es la regla.

El director de Gestión Ambiental de la Intendencia de Maldonado, Jorge Piriz, dijo a El Observador que han tenido "muchísimas" intervenciones por este tema en los últimos días, y que la comuna estaba por aplicar "una cantidad de multas por ruidos molestos y fiestas clandestinas".

En La Brava

Cuatro efectivos de Prefectura caminan a paso firme por las suaves dunas que rodean Los Dedos. Desde la rambla parte un haz blanco que ilumina primero sus espaldas y luego distintos puntos de la arena. La linterna la sostiene el mismo inspector que actuó en las residencias, y que ahora se queda en la vereda, porque la costa no es su jurisdicción, pero en algo colabora.

Las botas siguen pisando la arena y, con la ayuda de la luz, identifican los pequeños grupos de jóvenes alrededor del monumento emblemático. El diálogo casi no existe, porque ellos corren y los militares no buscan su captura, sino justamente eso: que se dispersen. Luego vuelven al monumento porque desde esa altura pueden apreciar más siluetas de jóvenes aglomerados en la playa, recortadas sobre la oscuridad de las tres de la mañana y el sonido de las olas. Ven a un grupo de 13 y van a la carga de nuevo, hasta que consideran cumplido su trabajo y uno de ellos lo dice. "Vamos a replegarnos con la policía".

En la rambla, donde la policía hacía lo mismo con todos los que tomaban alcohol en muros, bancos y la rotonda, un agente le pide la cédula a un adolescente.

"Somos cinco personas. Estamos al aire libre. No podemos ir a ningún lado, si no", protesta, pero el efectivo le ordena que se calle y muestre el documento. Lo entrega displicente, tambaleante por la borrachera, luego de un esfuerzo de varios segundos en sacarlo de la billetera.

—Tomá, nomás.

—Tomá nomás, no. Tome, señor. Ahora retírese para atrás.

—Sí, disculpe.

La rambla y la zona costera es uno de los primeros recorridos que hace este equipo del Cecoed a diario, y cuenta con la contribución del Centro de Comando Unificado del Ministerio del Interior, que tiene apostadas varias cámaras en el área, y cuyos funcionarios se comunican con los policías que hacen el patrullaje para advertirles de las aglomeraciones espontáneas que se van generando en el transcurso de la noche.

Mauricio Souza, coordinador del Cecoed, dijo a El Observador que luego del 10 de enero se hará una "evaluación general" de los patrullajes preventivos que hacen en Maldonado, ya con las nuevas medidas del gobierno sobre la mesa, y con los detalles a mejorar. Hasta el momento, dijo, se han ido "ampliando los recorridos, modificando horarios, pero siempre apelando al buen lenguaje, en forma pacífica, educando y formando".

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