Cuando Peñarol perdió el clásico y comenzó a subir escalones en la Libertadores su destino comenzaba a tomar rumbo.
Cuando Diego Aguirre colocó un equipo alternativo y se regaló ante River Plate quedó en evidencia que había hipotecado el campeonato Uruguayo.
A un paso de las semifinales de la Copa y consumada la victoria de Nacional el sábado, la historia parecía saldada.
Cuando la directiva de Defensor Sporting decidió separar a Rodrigo Mora del plantel tomaba el riesgo. Había sido el mejor del Apertura. Pero hay principios que no se negocian.
Cuando el equipo de Pablo Repetto fue a la cancha de Central Español sabía que la trampa estaba a la vuelta de la esquina. La pelota no rueda, pica. Y fue imposible.
Con un único resultado por conquistar, generó muchas chances, contó con un penal y se encontró con un Sosa que se atajó todo.
El final de esta historia era previsible. La mesa quedó servida para un Nacional que el fin de semana se debe sentar a comer el plato favorito: el campeonato. Pero con un ingrediente que hace más sabrosa la comida: la tabla Anual.
El empate terminó condenando a Defensor Sporting y Peñarol. La calesita del fútbol gira y dos por tres para en un punto en común. Fue Peñarol el que le brindó a su eterno rival la posibilidad de consagrarse. Es que le sacó de arriba al equipo de Carrasco a Defensor.
Para ello debió mediar la gran gestión de Sebastián Sosa, que tapó un penal a los 18 a Aleman y luego respondió en un mano a mano ante el mismo jugador y sacó un cabezazo de Risso.
Peñarol, con un equipo de suplentes y jóvenes que debutaron como Pastorini, tuvo problemas para contener el envión violeta por la derecha. Aranda fue una complicación. Pero la viola se encontró con Sosa.
Y en el primer ataque de peligro de un Peñarol que se paró con Aguiar de media punta, llegó al gol. Pastorini la bajó de cabeza, Aguiar fue al fondo y tocó al medio para la llegada del delantero que había iniciado la acción. Defensor quedó confundido. Torres sacudió el travesaño de Silva con un cabezazo.
Pero en un tiro de esquina llegó el empate. Guichón perdió la marca, Suárez cabeceó en el primer palo y la pelota se llovió por arriba de la cabeza de Sosa.
El segundo tiempo fue integramente de la viola que mereció la victoria. Generó siete situaciones de gol contra ninguna de los aurinegros que terminaron arrinconados contra la Colombes. Sosa salvó ante Luna y Aranda, Risso sacudió el palo y la última de Luna se perdió apenas afuera. No hubo caso. El final de esta historia parecía escrito. Fue previsible.